Estamos en plena Navidad. El 25 ya pasó, cierto, pero aún nos quedan Año Viejo, Año Nuevo y los Reyes. Es, sin duda, una época especial. Para los niños, tiene el valor de las vacaciones y los regalos. Para los adultos, es más variada. Estamos los que primamos su carácter religioso, sin obviar lo material en forma de copiosas comidas y profusión de regalos. Otros solo ven la parte vacacional del asunto. Otros, sin ser religiosos, disfrutan de la excusa para organizar reuniones familiares.
Los que se toman en serio la actividad de regalar harán continuos y metódicos esfuerzos de empatía para tratar de encontrar el regalo perfecto, con o sin prevía consulta con algún gurú del regalo que nos proporcione ideas para regalar a alguien que ya tiene de todo y, muchas veces, más caro y de mejor calidad que aquello que le pudiéramos regalar. La búsqueda del regalo perfecto puede ser genuinamente frustrante. Hay personas que no tienen ninguna consideración y no se dejan de comprar todo lo que necesitan y se les antoja, dejando al pobre "regalador" huerfano de posibilidades, y luego hay que echarle mucha imaginación...
miércoles, 29 de diciembre de 2010
domingo, 19 de diciembre de 2010
viernes, 17 de diciembre de 2010
Una frase memorable
Estoy viendo una vieja película de John Wayne, y uno de los personajes, que acaba de resultar herido de bala, dice la siguiente frase:
"Yo nací en géminis, no pueden matarme antes del 17 de cada mes"
¿Qué tiene de gracioso o memorable? Para muchos nada, para una géminis como resulta muy graciosa. Es como esa que se repite hasta la saciedad de que "los de Bilbao nacemos dónde nos da la gana".
En fin, será que he dormido poco y por eso me hace gracia.
La vida es sueño...
"Yo nací en géminis, no pueden matarme antes del 17 de cada mes"
¿Qué tiene de gracioso o memorable? Para muchos nada, para una géminis como resulta muy graciosa. Es como esa que se repite hasta la saciedad de que "los de Bilbao nacemos dónde nos da la gana".
En fin, será que he dormido poco y por eso me hace gracia.
La vida es sueño...
martes, 14 de diciembre de 2010
Oda al sudoku
Tengo un pequeño vicio, bueno en realidad tengo muchos, pero no voy a hablar de todos ellos aquí. A lo que íbamos, tengo un vicio que es hacer sudokus. Es un entretenimiento muy relajante (siempre y cuando uno no se lo tome demasiado en serio) y que sirve para despejar la mente de otras preocupaciones. La lectura también distrae pero tiene en inconveniente de que si uno se implica en lo que está leyendo, o se emociona la relajación no es tan completa.
El sudoku tiene la ventaja de que es totalmente impersonal, no hay emoción, es un reto mental que despeja el cerebro. A mi me resulta especialmente útil antes de dormir, de manera que puedo conciliar el sueño más fácilmente.
Dormir bien es importante.
La vida es sueño...
El sudoku tiene la ventaja de que es totalmente impersonal, no hay emoción, es un reto mental que despeja el cerebro. A mi me resulta especialmente útil antes de dormir, de manera que puedo conciliar el sueño más fácilmente.
Dormir bien es importante.
La vida es sueño...
sábado, 4 de diciembre de 2010
"Cada traductor traduce y traiciona como puede o como quiere, desde luego con infinitas licencias que todos juzgamos imperdonables" Carlos PujolEsta frase está en el libro de Poemas de R.L. Stevenson, y ahora que ya soy oficialmente traductora, me identifique plenamente con ella en cuanto la leí. También recuerdo haber oído o leído otra: "traductor, traidor". ¿Habrá algún traductor que no se sienta como un traidor?
La vida es sueño...
Silencio
Vivo en una ciudad. Vivo en un bloque de pisos. Trabajo en un despacho compartido. Dónde quiera que vaya es imposible encontrar el silencio. De noche, tampoco. A veces lo echo de menos, pero otras, cuando por fin lo encuentro me asusto. No estoy acostumbrada, me desconcierta y, entonces, pongo la radio, huyo, me intimida el silencio. Me intimida estar a solas con mis propios pensamientos.
La vida es sueño...
La vida es sueño...
Spam en los comentarios
Es gracioso. Blogger me advierte de que revise los comentarios para evitar que se cuele spam entre ellos. Lo gracioso es que ¡no hay comentarios que revisar!
La vida es sueño...
La vida es sueño...
Anoche tuve un sueño...
Anoche tuve un sueño de esos locos que tengo de vez en cuando. A estas alturas se me han olvidado muchos detalles. Me acuerdo de que había un traje de novia y mucha gente conocida. Lo curioso de este sueño es que, a pesar de su locura, era perfectamente interpretable sin tener que recurrir a un especialista o a uno de esos libros que interpretan los sueños. En cuanto me desperté comprendí su significado, y eso lo hizo aún más interesante, porque te hace pensar, y también te dice que uno no ha llegado a perder del todo la cordura, aunque muchas veces se vea incapaz de entender el mundo que nos rodea.
La vida es sueño...
La vida es sueño...
viernes, 3 de diciembre de 2010
Un poema de Robert Louis Stevenson
The land of Nod
From breakfast an all through the day
At home among my friends I stay;
But every night I go abroad
Afar into the land of Nod
All by myself I have to go,
With none to tell me what to do–
All alone beside the streams
And up the mountain-sides of dreams
The strangest things are there for me,
Both things to eat and things to see,
And many frightening sights abroad
Till morning in the land of Nod
Try as I like to find the way,
I never can get back by day,
Nor can remember plain and clear
The curious music that I hear.
Simple, to the point. The more I read R.L.S. the more I like his work. I do prefer his short stories though to his longer novels. They are so clever.
La vida es sueño...
From breakfast an all through the day
At home among my friends I stay;
But every night I go abroad
Afar into the land of Nod
All by myself I have to go,
With none to tell me what to do–
All alone beside the streams
And up the mountain-sides of dreams
The strangest things are there for me,
Both things to eat and things to see,
And many frightening sights abroad
Till morning in the land of Nod
Try as I like to find the way,
I never can get back by day,
Nor can remember plain and clear
The curious music that I hear.
Simple, to the point. The more I read R.L.S. the more I like his work. I do prefer his short stories though to his longer novels. They are so clever.
La vida es sueño...
domingo, 28 de noviembre de 2010
Una sorpresa agridulce
A veces el correo trae muy gratas sorpresas, tanto más gratas cuanto más inesperadas. Tiempo ha, como consecuencia de mis múltiples intereses me había dedicado a confeccionar un árbol genealógico familiar para que mis hijos tuvieran más o menos claro cuales son sus orígenes, que son bastante diversos. Para ello utilicé una página web que facilita en gran medida el trabajo, y empecé a introducir los nombres y los pocos datos de aquellos contemporáneos y ancestros de los fui capaz de acordarme en aquel momento. Esto sucedió, más o menos, a primeros de año. A finales de septiembre recibí un correo electrónico de un primo de mi madre, con quién ni mi madre había mantenido contacto, presentándose y comunicándome su interés compartido por la genealogía y su deseo de compartir sus datos con los míos para ampliarlos. Además, se daba la circunstancia de que el vivía en Cataluña, mientras que yo me encuentro en Madrid. Y digo vivía porque esta historia no tiene un final feliz. Este primo de mi madre estaba enfermo de cáncer y fallecía a finales de octubre, después de que apenas hubiéramos intercambiado tres o cuatro correos. Yo estaba un poco "mosqueada" porque no había contestado mi último correo (aunque estaba poniendo en práctica la virtud de la paciencia a la que hacía referencia en mi entrada anterior), pero estaba preocupada porque sabía que había estado en el hospital.
Al comentar la ilusión que me había hecho la adquisición de este nuevo contacto con una hermana de mi madre, ella me informó que mi nuevo amigo había fallecido.
¿Qué se siente en un momento así?
Pues es difícil de describir. Por un lado, mucha pena por lo que podía haber sido. Por otro lado, uno piensa que no había tenido tiempo de conocerle realmente. Entonces, mi tía me dice que le resultaba muy curioso que se hubiese puesto en contacto conmigo porque nunca se había molestado en llamar y mantener el contacto con el resto de la familia, cosa de la que se ocupaba su mujer. Qué cosas tiene la vida, pensé yo. Nunca se había ocupado mucho de mantener contacto con la familia y cuando lo hace se muere al poco tiempo.
Me hubiera gustado haberle conocido. Tengo mucho apego a la familia. Le escribí una carta de pésame a su viuda, explicándole la situación y hace unos días recibí un correo electrónico de una de sus hijas comunicándome que ella se va a encargar a partir de ahora del árbol genealógico, aunque también tiene una vida muy ocupada. Espero sinceramente que seamos capaces de mantener el contacto y que, algún día, lleguemos a conocernos.
La vida es sueño...
Al comentar la ilusión que me había hecho la adquisición de este nuevo contacto con una hermana de mi madre, ella me informó que mi nuevo amigo había fallecido.
¿Qué se siente en un momento así?
Pues es difícil de describir. Por un lado, mucha pena por lo que podía haber sido. Por otro lado, uno piensa que no había tenido tiempo de conocerle realmente. Entonces, mi tía me dice que le resultaba muy curioso que se hubiese puesto en contacto conmigo porque nunca se había molestado en llamar y mantener el contacto con el resto de la familia, cosa de la que se ocupaba su mujer. Qué cosas tiene la vida, pensé yo. Nunca se había ocupado mucho de mantener contacto con la familia y cuando lo hace se muere al poco tiempo.
Me hubiera gustado haberle conocido. Tengo mucho apego a la familia. Le escribí una carta de pésame a su viuda, explicándole la situación y hace unos días recibí un correo electrónico de una de sus hijas comunicándome que ella se va a encargar a partir de ahora del árbol genealógico, aunque también tiene una vida muy ocupada. Espero sinceramente que seamos capaces de mantener el contacto y que, algún día, lleguemos a conocernos.
La vida es sueño...
jueves, 25 de noviembre de 2010
La virtud de la paciencia
Soy de la opinión de que las nuevas tecnologías no fomentan la delicada virtud de la paciencia. Nos hemos acostumbrado a la inmediatez de los correos electrónicos o los sms con el conocimiento de que, en condiciones normales un mensaje tarda apenas unos segundo en alcanzar el buzón del destinatario, aunque también haya que contar con la regularidad con que nuestro recipiente consulte la recepción de sus mensajes. Pero a lo que iba, este conocimiento, nos hace impacientes a la hora de esperar la respuesta a nuestra misiva, y si la contestación no aparece pronta en nuestro buzón un asomo de impaciencia comienza a reconcomer nuestro humor. Esto, por otro lado, tiene como antídoto la madurez y la edad. A medida que uno madura y se hace mayor, aprende, o debiera aprender, que hay que dar tiempo al tiempo, y que una respuesta tarda lo que tiene que tardar, ni más ni menos.
Lo curioso del caso es que no hace demasiado tiempo todavía se escribían cartas, y con mucha frecuencia la respuesta podía tardar en llegar hasta semanas. Y uno esperaba pacientemente, resignadamente a veces, la dichosa respuesta.
Yo también he pasado por ello pero, de un tiempo a esta parte, me he ido dando cuenta que todo sucede cuando tiene que suceder, y que si una envía un mensaje, ya sea por carta o por correo electrónico, hay que saber esperar, que la respuesta siempre llega, y que, a veces, hasta llegan cartas que uno no esperaba, pero esa es otra historia.
La vida es sueño...
Lo curioso del caso es que no hace demasiado tiempo todavía se escribían cartas, y con mucha frecuencia la respuesta podía tardar en llegar hasta semanas. Y uno esperaba pacientemente, resignadamente a veces, la dichosa respuesta.
Yo también he pasado por ello pero, de un tiempo a esta parte, me he ido dando cuenta que todo sucede cuando tiene que suceder, y que si una envía un mensaje, ya sea por carta o por correo electrónico, hay que saber esperar, que la respuesta siempre llega, y que, a veces, hasta llegan cartas que uno no esperaba, pero esa es otra historia.
La vida es sueño...
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Pequeñas sorpresas
Hay veces que cuando menos te lo esperas alguien, no necesariamente cercano, te hace un regalo que no esperabas. Y es una sensación deliciosa. A mi me encanta regalar. Y si conozco a alguien lo suficiente me divierte el tiempo invertido en la compra, la búsqueda del objeto adecuado, imaginar la reacción del recipiente, tratar de ponerte en su lugar. Si es ropa tratar de imaginar como el quedaría, si cuadra con su estilo y su forma de vestir, si el color es adecuado para su tono de piel, el color de sus ojos y de su pelo...Si es un libro, si es la clase de lectura que le gustaría, si mejor novela o ensayo, poesía o relato. Si es música, si es relajante o animada, clásica o contemporánea, y así. A veces, según las personas, me gusta arriesgar, incluso sin conocer la obra personalmente.
Me gusta regalar porque, independientemente del valor del regalo en sí, el acto de regalar algo a alguien tiene una significación por si mismo, a mi modo de ver, y es que alguien ha pasado un tiempo pensando en ti y solo en ti para hacerte ese regalo, ya sea porque ha sido tu aniversario o por un compromiso, y a todos nos complace saber que otra persona ha pensado en nosotros.
Los mejores regalos, son aquellos que se hacen porque sí y, por tanto, no se esperan. Evidentemente, si uno acaba de cumplir años, espera que, al menos sus más allegados, le hagan unos cuantos regalos, aunque con la boca pequeña diga que no es así. Sin embargo, cuando alguien por las buenas, sin ninguna razón aparente te hace un regalo especialmente para ti porque ha visto que te hacía falta una cosa o escuchó como expresabas un deseo que no esperabas ver cumplido y lo hace realidad al cabo de cierto tiempo, esa sensación, ese momento, son especialmente agradables.
Hoy me han regalado una pequeña piedra para que no me inflija heridas en los dedos cuando tengo ataques de nervios. No lo esperaba. Y me ha hecho ilusión. No tiene mayor importancia, pero ha sido muy agradable, y por eso me gusta tanto regalar, porque no solo se regala un objeto, también se regala ilusión.
La vida es sueño...
Me gusta regalar porque, independientemente del valor del regalo en sí, el acto de regalar algo a alguien tiene una significación por si mismo, a mi modo de ver, y es que alguien ha pasado un tiempo pensando en ti y solo en ti para hacerte ese regalo, ya sea porque ha sido tu aniversario o por un compromiso, y a todos nos complace saber que otra persona ha pensado en nosotros.
Los mejores regalos, son aquellos que se hacen porque sí y, por tanto, no se esperan. Evidentemente, si uno acaba de cumplir años, espera que, al menos sus más allegados, le hagan unos cuantos regalos, aunque con la boca pequeña diga que no es así. Sin embargo, cuando alguien por las buenas, sin ninguna razón aparente te hace un regalo especialmente para ti porque ha visto que te hacía falta una cosa o escuchó como expresabas un deseo que no esperabas ver cumplido y lo hace realidad al cabo de cierto tiempo, esa sensación, ese momento, son especialmente agradables.
Hoy me han regalado una pequeña piedra para que no me inflija heridas en los dedos cuando tengo ataques de nervios. No lo esperaba. Y me ha hecho ilusión. No tiene mayor importancia, pero ha sido muy agradable, y por eso me gusta tanto regalar, porque no solo se regala un objeto, también se regala ilusión.
La vida es sueño...
Hogar ¿dulce? hogar
Hay días, y a veces semanas, en que la vida en familia puede ser un suplicio. Cuando todos los tópicos sobre la paz del hogar, el refugio, el descanso se tornan en guerra, desprotección e inquietud. Parece que las fuerzas y los humores se conjuran, se produce una sinergia (palabra de moda) de energías negativas y cada palabra es un dardo, todos tienen el rabo de paja y piensan que les arde y si te rozan pareciera que te han abierto en canal.
En esos momentos anhelo casi con angustia poder meterme en la cama y dormir, refugiarme en los acogedores brazos del sueño y así huir de mi "dulce" hogar. En mis sueños viviré las situaciones más extrañas y raras, juntaré a mis jefes con mis parientes, y a mis amigos con mis actores favoritos en un popurrí que cuando lo recuerde por la mañana me haga sonreír mientras preparo el desayuno, y aún siga sonriendo mientras me ducho, me seco y hasta mientras voy en un vagón de metro atestado hacia el trabajo, rodeada de personas concentradas en sus propios pensamientos. El último sueño que recuerdo fue francamente absurdo, y apenas lo recuerdo ya, sin embargo si recuerdo que, de tan absurdo (algo parecido a una pelicular de los Hermanos Marx pero todavía más original) me estuve sonriendo todo el día. Y este recuerdo también me hace sonreír.
La vida es sueño...
En esos momentos anhelo casi con angustia poder meterme en la cama y dormir, refugiarme en los acogedores brazos del sueño y así huir de mi "dulce" hogar. En mis sueños viviré las situaciones más extrañas y raras, juntaré a mis jefes con mis parientes, y a mis amigos con mis actores favoritos en un popurrí que cuando lo recuerde por la mañana me haga sonreír mientras preparo el desayuno, y aún siga sonriendo mientras me ducho, me seco y hasta mientras voy en un vagón de metro atestado hacia el trabajo, rodeada de personas concentradas en sus propios pensamientos. El último sueño que recuerdo fue francamente absurdo, y apenas lo recuerdo ya, sin embargo si recuerdo que, de tan absurdo (algo parecido a una pelicular de los Hermanos Marx pero todavía más original) me estuve sonriendo todo el día. Y este recuerdo también me hace sonreír.
La vida es sueño...
Y ¿por qué no podemos aspirar a todo?
Una de las cosas que más me fastidian a medida que me hago mayor es que se van reduciendo las posibilidades de aspirar a cosas. Estoy viendo un programa sobre musicales, en concreto están mostrando unos números de "Chicago", y me entran unas ganas apenas controlables de bailar al ritmo del jazz, pero mis posibilidades de llegar a bailar así se reducen exponencialmente con cada cumpleaños. Del mismo modo se van reduciendo las posibilidades de ver realizadas muchas otras de las multiples vocaciones a que mi dispersa personalidad ha aspirado durante mi existencia, y son muchas. La mayoría están relacionadas con las artes, sobre todo escénicas: el baile, el teatro, la música, el cine. Sin embargo, en un determinado momento de mi existencia, de la de cualquiera, hay que elegir entre la supervivencia o el arte y, si las circunstancias no son propicias y la voluntad flaca, casi siempre resulta ganadora del combate la supervivencia, y el resultado es la búsqueda de una profesión que permita una subsistencia más o menos cómoda, dejando de la lado una vocación artística que, en cualquier caso, estaba solo esbozada en trazos gruesos, aunque muy sentidos. Yo tendría que vivir varias vidas para poder dar rienda suelta a todas mis ambiciones y tener el tiempo de trabajar para poder realizarlas, pienso mientras observo las piernas que se mueven con exquisita gracia sobre el escenario y los brazos van marcando los ritmos sincopados, y voy por el pasillo de mi casa imitando torpemente sus movimientos. Si yo pudiera.
Y surge la pregunta, y ¿por qué no podemos aspirar a todo? sencillamente porque no hay tiempo, porque la vida es muy corta y está sujeta a demasiados condicionantes.
Habrá muchos que aspiren a vidas sencillas y tengan un camino claro que sea, a la vez, su vocación y su medio de vida, pero a este alma dispersa el encantaría poder disponer del tiempo y del cuerpo para llevar a cabo muchas vocaciones distintas.
La vida es sueño...
Y surge la pregunta, y ¿por qué no podemos aspirar a todo? sencillamente porque no hay tiempo, porque la vida es muy corta y está sujeta a demasiados condicionantes.
Habrá muchos que aspiren a vidas sencillas y tengan un camino claro que sea, a la vez, su vocación y su medio de vida, pero a este alma dispersa el encantaría poder disponer del tiempo y del cuerpo para llevar a cabo muchas vocaciones distintas.
La vida es sueño...
domingo, 14 de noviembre de 2010
English lessons and the temptation to rewrite a book
As some might have notice English is my second language. I have managed a certain degree of proficiency reading and speaking it, though not so much writing, which seems to be the highest peak to climb. I still take English lessons at work to improve but it seems that at this stage improvement comes really slow, so slow that you barely notice it, that is if you notice it at all. Somedays it seems to me that I am going backwards as I make stupid mistakes about things that I have known and learnt ages ago.
Recently I was hired to translate a book from English to Spanish. It's wasn't a terribly difficult job though I met a few problems: first it was about a subject I wasn't totally familiar with, business administration, something the Spanish civil service is allergic to. Secondly, the book wasn't very well written, actually some parts of the book, as it was a collection of documents from different authors and therefore every chapter was written in a different style, and so some were better than others. Also there were a few expressions that were new to me. Here I am thankful for my wonderful literate husband.
The most difficult thing to achieve was to put into Spanish something that made perfect sense to me in English. Here I pondered about what a perfect translation should be. Should I be as faithful as possible to the original? or should I rewrite to make more sense in Spanish but trying to keep the spirit of the phrase but without any resemblance to the original? The temptation to rewrite is strong, specially when the original is obscure or poorly written. Could I say better? Am I being too proud? too critical? Am I supposed to be critical at all? Could I make it actually better?
I tried with my best intentions to remain faithful to the text, to correct what I thought will improve with correction and to preserve the spirit. To which extend I succeded I don't know yet. I have not received so far any comments on it, which I cannot tell if it is good news or bad news, but for the sake of self-improvement I would like to hear some comments on my work.
In the mean time, I should keep on working on my English and maybe one day I might become as proficient as Joseph Conrad...(in my dreams).
Recently I was hired to translate a book from English to Spanish. It's wasn't a terribly difficult job though I met a few problems: first it was about a subject I wasn't totally familiar with, business administration, something the Spanish civil service is allergic to. Secondly, the book wasn't very well written, actually some parts of the book, as it was a collection of documents from different authors and therefore every chapter was written in a different style, and so some were better than others. Also there were a few expressions that were new to me. Here I am thankful for my wonderful literate husband.
The most difficult thing to achieve was to put into Spanish something that made perfect sense to me in English. Here I pondered about what a perfect translation should be. Should I be as faithful as possible to the original? or should I rewrite to make more sense in Spanish but trying to keep the spirit of the phrase but without any resemblance to the original? The temptation to rewrite is strong, specially when the original is obscure or poorly written. Could I say better? Am I being too proud? too critical? Am I supposed to be critical at all? Could I make it actually better?
I tried with my best intentions to remain faithful to the text, to correct what I thought will improve with correction and to preserve the spirit. To which extend I succeded I don't know yet. I have not received so far any comments on it, which I cannot tell if it is good news or bad news, but for the sake of self-improvement I would like to hear some comments on my work.
In the mean time, I should keep on working on my English and maybe one day I might become as proficient as Joseph Conrad...(in my dreams).
Viajeadicción
Tengo mono de viaje. Es decir, soy adicta a los viajes y si no hago un viajecito de cuando en cuando me entra un mono que me pone de mal humor. Me basta salir un día y cambiar de aires. El exceso de trabajo me agrava este padecimiento, y llevo una temporada muy larga de trabajo excesivo. Ese es un problema. Otro problema es el dinero. Esta época no está siendo muy boyante en ganancias, pero los gastos no disminuyen en la misma proporción por lo que le pegado un bocado a los ahorros, así que cualquiera se pone a gastar los ahorros en viajes. Alguna vez me ha tocado viajar por trabajo, pero no parece que ello vaya a suceder por ahora.
Miro las ofertas de viaje y hago cálculos, pero no me salen. Mis hijos comen (como limas) y crecen, por lo que hay comprar ropa y zapatos. También están los gastos de educación, alguna salida, los cumpleaños, los santos, los reyes. Entre tanto me distraigo viendo Madrileños por el mundo, o la copia de Españoles por el mundo, y sueño, sueño, con coger un tren o subirme a un avión, recorriendo calles desconocidas y oyendo idiomas que me son ajenos...
Sueños, y los sueños, sueños son.
Miro las ofertas de viaje y hago cálculos, pero no me salen. Mis hijos comen (como limas) y crecen, por lo que hay comprar ropa y zapatos. También están los gastos de educación, alguna salida, los cumpleaños, los santos, los reyes. Entre tanto me distraigo viendo Madrileños por el mundo, o la copia de Españoles por el mundo, y sueño, sueño, con coger un tren o subirme a un avión, recorriendo calles desconocidas y oyendo idiomas que me son ajenos...
Sueños, y los sueños, sueños son.
jueves, 28 de octubre de 2010
Nosotros, los hipocondriacos ocasionales
Nosotros, los hipocondriacos ocasionales, no nos pasamos la vida, al menos no toda, temiendo padecer enfermedades, sino que sufrimos ataques de hipocondría de manera ocasional. Estos ataques suelen estar relacionados con algún síntoma ligeramente inusual o un hecho fuera de lo corriente.
Hoy he tenido una ataque de hipocondria que, por lo demás, ha sido más bien absurdo, basado en una seríe de hecho sumados desde el comienzo del día. El primer hecho fue que mi marido amaneció con un catarro bastante importante y a mí me corría la nariz, si bien en grado que, en este momento, no tiene comparación con el de la nariz de mi marido. El segundo hecho fue que, alrededor de la una, fui a ponerme la vacuna de la gripe. El año pasado me funcionó muy bien, por lo que este año decidí repetir. El tercer hecho fue un síntoma. Al cabo de un rato de ponerme la vacuna empezó a dolerme la garganta. ¡Hummmh! ¿Tendrá algo que ver con la vacuna? Después de comer un ibuprofeno, por si las moscas. Si te pones la vacuna cuando estás incubando un catarro puede ser catastrófico y bajarte más las defensas.
Cuarto hecho. El ibuprofeno hace su trabajo hasta, más o menos, las siete. A esa hora tengo clase de gimnasia. comienzo la clase sin problemas pero, al cabo de unos quince minutos empiezo a notar un peculiar dolor de cabeza hacia la nuca y ello desata el ataque de hipocondria. En un momento de enajenación mental me da por pensar que un dolor así podría deberse a una meningitis, ¡meningitis! nada menos. Ya está. La vacuna está distrayendo a mis defensas y una infección oportunista aprovecha la ocasión. Y entonces empiezo a repasar los síntomas de la meningitis y, salvo el dolor de cabeza cerca de la nuca, no tengo ningún otro. El caso es que lo que más abunda por ahí ahora no es la meningitis sino la neumonía, (ya ha habido tres caso en mi trabajo de los que yo tenga noticia y, en la prensa llevan días hablando de un brote de legionela), pero no cursa con dolor en la nuca. Pasa un rato y el dolor se me pasa. Hacemos pilates, me concentro en el resto de mi cuerpo y no me vuelvo a acordar del dolor de cabeza, y me olvido del ataque, ese ataque durante el cual, por unos minutos, me imagine la cama de un hospital casi en coma con el cerebro inflamado por una meningitis. Según voy caminando a casa pienso, algo así tiene que ser, sin duda, hipocondria.
Hoy he tenido una ataque de hipocondria que, por lo demás, ha sido más bien absurdo, basado en una seríe de hecho sumados desde el comienzo del día. El primer hecho fue que mi marido amaneció con un catarro bastante importante y a mí me corría la nariz, si bien en grado que, en este momento, no tiene comparación con el de la nariz de mi marido. El segundo hecho fue que, alrededor de la una, fui a ponerme la vacuna de la gripe. El año pasado me funcionó muy bien, por lo que este año decidí repetir. El tercer hecho fue un síntoma. Al cabo de un rato de ponerme la vacuna empezó a dolerme la garganta. ¡Hummmh! ¿Tendrá algo que ver con la vacuna? Después de comer un ibuprofeno, por si las moscas. Si te pones la vacuna cuando estás incubando un catarro puede ser catastrófico y bajarte más las defensas.
Cuarto hecho. El ibuprofeno hace su trabajo hasta, más o menos, las siete. A esa hora tengo clase de gimnasia. comienzo la clase sin problemas pero, al cabo de unos quince minutos empiezo a notar un peculiar dolor de cabeza hacia la nuca y ello desata el ataque de hipocondria. En un momento de enajenación mental me da por pensar que un dolor así podría deberse a una meningitis, ¡meningitis! nada menos. Ya está. La vacuna está distrayendo a mis defensas y una infección oportunista aprovecha la ocasión. Y entonces empiezo a repasar los síntomas de la meningitis y, salvo el dolor de cabeza cerca de la nuca, no tengo ningún otro. El caso es que lo que más abunda por ahí ahora no es la meningitis sino la neumonía, (ya ha habido tres caso en mi trabajo de los que yo tenga noticia y, en la prensa llevan días hablando de un brote de legionela), pero no cursa con dolor en la nuca. Pasa un rato y el dolor se me pasa. Hacemos pilates, me concentro en el resto de mi cuerpo y no me vuelvo a acordar del dolor de cabeza, y me olvido del ataque, ese ataque durante el cual, por unos minutos, me imagine la cama de un hospital casi en coma con el cerebro inflamado por una meningitis. Según voy caminando a casa pienso, algo así tiene que ser, sin duda, hipocondria.
Un largo silencio
Sí, ha pasado mucho tiempo desde la última entrada. No ha sido por falta de ganas o ideas, otras actividades me han mantenido muy ocupada y sin tiempo para escribir en el blog. Ahora que ya estoy más o menos libre estoy de vuelta.
Dicho lo cual, paso a escribir la siguiente entrada.
viernes, 23 de julio de 2010
Una página web muy curiosa
Hoy me he encontrado una página web (lo siento está en inglés) muy peculiar. Se trata de aprender a escribir y una de sus herramientas para empezar te pide que introduzcas un texto tuyo, es decir, escrito por ti y después de analizarlo, supongo que sintáctica y gramaticalmente, te dice a qué escritor conocido se parece tu estilo. Por supuesto, tenía que probarlo e introduje dos textos, uno más corto y otro largo, ambos tomados de entradas que escribí en este blog, para ver los resultados. El texto corto dio como resultado David Foster Wallace. Bien. Vale. El segundo fue realmente sorprendente: James Joyce. No sé si es bueno o malo, porque Joyce genera tanto odios como amores pasionales y hay a quién le encanta y quien piensa que es sus textos son un ladrillo insoportable. Lo cierto es que jamás me hubiera podido imaginar que el resultado pudiera ser ese. ¿Quiere ello decir que tengo futuro como escritora? No. Pero resulta un tanto divertido para mi pequeño ego de escritora que, por lo menos, no me haya equiparado a Dan Brown, y me da cierta esperanza de que con paciencia, aunque no tenga éxito, tal vez pueda ver algo publicado.
Para los incrédulos copio el enlace con el resultado de Joyce:
http://iwl.me/s/d760c1b4
jueves, 8 de julio de 2010
Un poco de todo
Obviamente no puedo de dejar de comentar los aciertos del pulpo Paul que son realmente sorprendentes. Cuando se decantó por España en vez de Alemania como equipo vencedor de la semifinal parecía demasiado bonito para ser cierto, pero ahí está, ganamos, y el pulpo volvió a acertar. Es, sin duda, un caso digno de estudio. Por cierto, no quiero saber que es lo que predice para la final, aunque ya se equivocó una vez en la final de la Eurocopa que ganó España. Con todo prefiero no saberlo aunque va a ser difícil sustraerse al exceso de información que va a rodear ese partido.
Por supuesto estoy encantada con la victoria de España. Como futbolera y emigrante (durante un tiempo) me llena de orgullo ver que destacamos en algo y que somos noticia en todo el mundo por algo digno de encomienda, ya sea Rafa Nadal, Gasol o la selección Española de fútbol.
Otra cosa que me ha llamado la atención es la cara de resignación de los niños que van en carrito cuando sus madres van de compras a una tienda de ropa en rebajas. Si la tienda es grande y hay mucho que ver pasarán al menos una hora revisando estantes y precios, si hay suerte se probaran media docena de trapos y, por último, si deciden compra alguno tendrán que esperar una larga cola para pagar.
Los pobrecitos niños se aburren a más no poder de todo eso. Cierto que es una liberación para la madre y que no es fácil encontrar a alguien que te cuide del churumbel para que te vayas de compras, pero da una pena ver a los pobres con esa carita de resignación.
Mis hijos tienen suerte, yo he hecho poco de eso y ahora, aunque lo hiciera, ya son mayores para quedarse solos en casa un par de horas.
Por último, un toque de envidia, deporte nacional, aunque la de hoy sea más bien venial. Envidia la que me dio de ese gato, bien mirado creo que es gata, que pulula por los jardines de mi oficina. Ayer estaba dormida bajo una pérgola de flores a eso de las cuatro, y la ví mientras salía ya de trabajar y lo que menos me apetecía era salir al calorazo que estaba cayendo en ese momento para llegar hasta mi casa. Con que gusto me hubiera dormido una siestecita en el jardín.
Por supuesto estoy encantada con la victoria de España. Como futbolera y emigrante (durante un tiempo) me llena de orgullo ver que destacamos en algo y que somos noticia en todo el mundo por algo digno de encomienda, ya sea Rafa Nadal, Gasol o la selección Española de fútbol.
Otra cosa que me ha llamado la atención es la cara de resignación de los niños que van en carrito cuando sus madres van de compras a una tienda de ropa en rebajas. Si la tienda es grande y hay mucho que ver pasarán al menos una hora revisando estantes y precios, si hay suerte se probaran media docena de trapos y, por último, si deciden compra alguno tendrán que esperar una larga cola para pagar.
Los pobrecitos niños se aburren a más no poder de todo eso. Cierto que es una liberación para la madre y que no es fácil encontrar a alguien que te cuide del churumbel para que te vayas de compras, pero da una pena ver a los pobres con esa carita de resignación.
Mis hijos tienen suerte, yo he hecho poco de eso y ahora, aunque lo hiciera, ya son mayores para quedarse solos en casa un par de horas.
Por último, un toque de envidia, deporte nacional, aunque la de hoy sea más bien venial. Envidia la que me dio de ese gato, bien mirado creo que es gata, que pulula por los jardines de mi oficina. Ayer estaba dormida bajo una pérgola de flores a eso de las cuatro, y la ví mientras salía ya de trabajar y lo que menos me apetecía era salir al calorazo que estaba cayendo en ese momento para llegar hasta mi casa. Con que gusto me hubiera dormido una siestecita en el jardín.
domingo, 4 de julio de 2010
El pulpo vidente
Como ya he confesado sigo el mundial de fútbol. Como en todo acontecimiento de dimensiones planetarias, se mezclan toda clase de ingredientes y todo se lleva más allá del mero espectáculo deportivo. Entre las cosas más curiosas que hay está el curioso caso de un pulpo, al que llaman Paul, en el zoo de Oberhausen en Alemania, al que se le ha ido preguntando por el ganador de los partidos que juega la selección nacional, a la que los periodistas hispanos gustan de llamar Mannschaft (¿será por presumir de idiomas?). La forma de efectuar la consulta se realiza mediante dos frascos con comida, en cada frasco se pone la bandera correspondiente, uno para Alemania y otro con la del equipo con el que se enfrenta. El susodicho animal ha ido acertando el vencedor de todos los partidos, incluyendo la sorprendente victoria de Serbia (que no se ha clasificado ni para octavos de final), por lo que no cabía suponer que siempre se decante por Alemania por resultarle más apetecible la comida del frasco con la enseña germana. De todo esto cabe deducir que o el pulpo tiene unas facultades extraordinarias, o tiene una suerte colosal y ha conseguido desafiar las leyes de la probabilidad.
¿Qué predecirá Paul para el partido de miércoles entre la mannschaft y la roja?
Pero lo qué más me llama la atención de todo esto es esa perentoria de tratar de ver lo que nos espera, de saber con antelación lo que nos va a suceder, de no vivir en ese permanente abismo que supone no saber lo que nos espera a la vuelta de la esquina. Los periódicos, las televisiones, las revistas están llenos de anuncios de videntes, tarotistas, etc. Hay hasta una feria, o varias, no llevo la cuenta, dedicadas al mundo mágico pero dónde predomina el tema adivinatorio.
Se mezcla en ello el miedo, la ambición, la inseguridad, pero también se pierde la capacidad de sorpresa, si pudiéramos saber en todo momento lo que va a ocurrir nunca más nos darían una sorpresa, y hay sorpresas verdaderamente bonitas. Bien es cierto que tampoco nos darían sustos, pero en ningún caso ello nos podría garantizar evitar lo inevitable, ya que cerrada una puerta se abren otras y las posibilidades son infinitas.
Son muchas las novelas, obras de teatro, películas que han tratado el tema (uno de mis autores favoritos en esto del tiempo es J.B. Priestley), y que pasaría si pudieramos conocer el futuro, cuál sería nuestra reacción y si en verdad podemos, o debemos, cambiar el futuro.
El tema es casi una obsesión. En este caso puede parecer puramente anecdótico, pero no deja de ser, una vez más, una muestra de esa necesidad que, en tanto que animales racionales y conscientes de nuestra propia existencia, tenemos las personas, más o menos humanas.
¿Qué predecirá Paul para el partido de miércoles entre la mannschaft y la roja?
Pero lo qué más me llama la atención de todo esto es esa perentoria de tratar de ver lo que nos espera, de saber con antelación lo que nos va a suceder, de no vivir en ese permanente abismo que supone no saber lo que nos espera a la vuelta de la esquina. Los periódicos, las televisiones, las revistas están llenos de anuncios de videntes, tarotistas, etc. Hay hasta una feria, o varias, no llevo la cuenta, dedicadas al mundo mágico pero dónde predomina el tema adivinatorio.
Se mezcla en ello el miedo, la ambición, la inseguridad, pero también se pierde la capacidad de sorpresa, si pudiéramos saber en todo momento lo que va a ocurrir nunca más nos darían una sorpresa, y hay sorpresas verdaderamente bonitas. Bien es cierto que tampoco nos darían sustos, pero en ningún caso ello nos podría garantizar evitar lo inevitable, ya que cerrada una puerta se abren otras y las posibilidades son infinitas.
Son muchas las novelas, obras de teatro, películas que han tratado el tema (uno de mis autores favoritos en esto del tiempo es J.B. Priestley), y que pasaría si pudieramos conocer el futuro, cuál sería nuestra reacción y si en verdad podemos, o debemos, cambiar el futuro.
El tema es casi una obsesión. En este caso puede parecer puramente anecdótico, pero no deja de ser, una vez más, una muestra de esa necesidad que, en tanto que animales racionales y conscientes de nuestra propia existencia, tenemos las personas, más o menos humanas.
viernes, 2 de julio de 2010
"The heart is a lonely hunter" by Carson McCullers
Un novela diferente. Esta es, sin duda, una historia o debiera decir muchas historias corrientes que no se cuentan a menudo y menos aún todas juntas. Es un relato sobre la incomunicación, sobre el deseo de comunicar y la ineptitud para hacerlo, cada uno tiene su propia incapacidad pero todas confluyen en un personaje que, irónicamente, es sordo y mudo. Este personaje lo es por incapacidad física, el resto lo son de una manera u otra por imposibilidad psíquica, son incapaces de escuchar o de hablar y sus vidas se ven afectadas profundamente por esta incapacidad.
Son incapaces de relacionarse con aquellos que les rodean, de adaptarse a sus realidades, ni siquiera son capaces de verlas, y todo se sublima en el personaje del sordomudo, al que por no entenderle y porque no ofrece ninguna resistencia convierten en aquel amigo que les gustaría tener, cada uno en la medida de sus necesidades, cada uno sin importarle verdaderamente lo que siente el sordomudo quién, a su vez, vive su propia realidad al margen de todo lo que sucede a su alrededor.
Solo puedo decir que me ha encantado. No quería dejar de leer. No me ha emocionado especialmente porque el tono con que está escrita es desapasionado y no invita a la melancolía, es realista, es un trozo de la vida bajo el microscopio y se anota todo lo que va sucediendo, no significa que no quiera a sus personajes, pero no se permite sentimentalismos con ellos, la vida sigue, la vida es así.
Una novela excelente en mi opinión. Yo la he leído en inglés, y recomendaría que todo el que pueda lo haga porque el lenguaje que utiliza (que recoge), para mí, una parte muy importante de la historia. Yo no sabría como traducirlo para que tuviera el mismo efecto en español.
Definetely a must read book.
Son incapaces de relacionarse con aquellos que les rodean, de adaptarse a sus realidades, ni siquiera son capaces de verlas, y todo se sublima en el personaje del sordomudo, al que por no entenderle y porque no ofrece ninguna resistencia convierten en aquel amigo que les gustaría tener, cada uno en la medida de sus necesidades, cada uno sin importarle verdaderamente lo que siente el sordomudo quién, a su vez, vive su propia realidad al margen de todo lo que sucede a su alrededor.
Solo puedo decir que me ha encantado. No quería dejar de leer. No me ha emocionado especialmente porque el tono con que está escrita es desapasionado y no invita a la melancolía, es realista, es un trozo de la vida bajo el microscopio y se anota todo lo que va sucediendo, no significa que no quiera a sus personajes, pero no se permite sentimentalismos con ellos, la vida sigue, la vida es así.
Una novela excelente en mi opinión. Yo la he leído en inglés, y recomendaría que todo el que pueda lo haga porque el lenguaje que utiliza (que recoge), para mí, una parte muy importante de la historia. Yo no sabría como traducirlo para que tuviera el mismo efecto en español.
Definetely a must read book.
domingo, 27 de junio de 2010
Y tenía que hablar del mundial...
Lo confieso, me llamo Arantxa y me gusta el fútbol, y aún es peor, me gustan los deportes.
Se como va el mundial, quién juega con quién y cuando. No sé dónde porque mi cabeza no da para más.
Me divierte, lo entiendo y lo sigo. Mis simpatías están, por supuesto, con España, pero por cuestiones familiares, me hubiera gustado que siguieran adelante Inglaterra y Estados Unidos. Me ha dado pena que pierda México porque Javier Aguirre, su entrenador es un tío muy simpático, buena gente.
Me da cierta pena que tengamos que eliminar a Portugal para seguir vivos, pero, que se le va a hacer.
Si ganamos tendremos que jugar con el ganador del Paraguay-Japón. Después de ver los goles que marco Japón de libre directo, está claro que no son ninguna perita en dulce.
En fin, ahí está. Lo confieso, me llamo Arantxa y me gusta el fútbol.
Se como va el mundial, quién juega con quién y cuando. No sé dónde porque mi cabeza no da para más.
Me divierte, lo entiendo y lo sigo. Mis simpatías están, por supuesto, con España, pero por cuestiones familiares, me hubiera gustado que siguieran adelante Inglaterra y Estados Unidos. Me ha dado pena que pierda México porque Javier Aguirre, su entrenador es un tío muy simpático, buena gente.
Me da cierta pena que tengamos que eliminar a Portugal para seguir vivos, pero, que se le va a hacer.
Si ganamos tendremos que jugar con el ganador del Paraguay-Japón. Después de ver los goles que marco Japón de libre directo, está claro que no son ninguna perita en dulce.
En fin, ahí está. Lo confieso, me llamo Arantxa y me gusta el fútbol.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Luna llena
El foco de la luna me está apuntando. Es redondo y brilla solitario desde el fondo de la platea del cielo. Debería sentirme como la estrella de la representación, pero el foco me intimida, lo miro con aprensión, el foco saca todos mis defectos, esos que tanto me había esmerado en ocultar. Es un ojo inquisitivo que te desnuda y te expone a la mirada de los demás. Y te mueves, tratas de ocultarte y el foco te sigue, y sube, cada vez más alto, y va iluminando todo el escenario, lenta e inexorablemente, con su luz blanca, que no ciega pero que tampoco cesa. Y deseas que las piadosas nubes acudan a tu rescate y corran el velo, o mejor un grueso telón tras el que escabullirse para poder escondernos bajo las sabanas, huir al país de los sueños y perderse entre una multitud que hace cosas tan raras que nadie se fija en ti. Y así, llegar al día siguiente mientras que esperas que el foco disminuya su intensidad a medida que cambian sus fases.
domingo, 23 de mayo de 2010
Barcelona I
En unos días hará casi un año que empecé a viajar a Barcelona por motivos de trabajo. Solo había estado una vez antes, cuando por formar parte de los voluntarios olímpicos de Barcelona 92 la organización nos llevo a conocer la ciudad y las instalaciones. Ya entonces me pareció una ciudad bonita, distinta de Madrid.
Después de tantos años apenas recordaba imágenes sueltas de mi visita.
En esta ocasión la visita coincidió con mi cumpleaños, por lo que pensé que sería un bonito regalo de cumpleaños, poder viajar, ir el AVE por primera vez, recorrer una ciudad casi como si fuera la primera vez, y había además dos pluses que añadir, ver a mi familia barcelonesa a la que hacía bastante tiempo que no veía y que esa misma noche el FC Barcelona jugaba la final de la Copa de Europa.
El día fue estupendo. El viaje en AVE, bueno y emocionante, adoro los trenes, aunque los prefiero más clásicos no le hago ascos a ninguno. El tiempo en Barcelona excelente. Pude escoger un hotel en el barrio gótico, muy céntricos, al lado de la catedral. Pude recorrer el centro a pie, y para ahorrar tiempo utilicé el transporte público para ir hasta a Sagrada Familia. Mi sobrina vino a recogerme y monté en moto por primera vez en vida. Cené en casa de mi hermano mientras veíamos el partido. El Barça ganó y todo Barcelona salió a la calle a celebrarlo, cogimos las motos y nos dirigimos al centro. En un momento dado tuvimos que aparcar porque no se podía avanzar más. Todo el mundo iba hacia las Ramblas y, en concreto, hacia la Fuente de Canaletas para celebrarlo. Todos cantaban, ondeaban sus banderas y bufandas. Era muy emocionante.
Por fin, me fui a mi hotel y a la cama. Por suerte mi habitación daba a un patio y no llegaba apenas el ruido de la calle. Al día siguiente tenía que trabajar y necesitaba dormir. Me resultó difícil la excitación era tan contagiosa que me resultó muy difícil relajarme y lograr conciliar el sueño.
El día siguiente tuvo su propia historia que ya contaré otro día.
Después de tantos años apenas recordaba imágenes sueltas de mi visita.
En esta ocasión la visita coincidió con mi cumpleaños, por lo que pensé que sería un bonito regalo de cumpleaños, poder viajar, ir el AVE por primera vez, recorrer una ciudad casi como si fuera la primera vez, y había además dos pluses que añadir, ver a mi familia barcelonesa a la que hacía bastante tiempo que no veía y que esa misma noche el FC Barcelona jugaba la final de la Copa de Europa.
El día fue estupendo. El viaje en AVE, bueno y emocionante, adoro los trenes, aunque los prefiero más clásicos no le hago ascos a ninguno. El tiempo en Barcelona excelente. Pude escoger un hotel en el barrio gótico, muy céntricos, al lado de la catedral. Pude recorrer el centro a pie, y para ahorrar tiempo utilicé el transporte público para ir hasta a Sagrada Familia. Mi sobrina vino a recogerme y monté en moto por primera vez en vida. Cené en casa de mi hermano mientras veíamos el partido. El Barça ganó y todo Barcelona salió a la calle a celebrarlo, cogimos las motos y nos dirigimos al centro. En un momento dado tuvimos que aparcar porque no se podía avanzar más. Todo el mundo iba hacia las Ramblas y, en concreto, hacia la Fuente de Canaletas para celebrarlo. Todos cantaban, ondeaban sus banderas y bufandas. Era muy emocionante.
Por fin, me fui a mi hotel y a la cama. Por suerte mi habitación daba a un patio y no llegaba apenas el ruido de la calle. Al día siguiente tenía que trabajar y necesitaba dormir. Me resultó difícil la excitación era tan contagiosa que me resultó muy difícil relajarme y lograr conciliar el sueño.
El día siguiente tuvo su propia historia que ya contaré otro día.
viernes, 21 de mayo de 2010
Último viaje de la lanzadera Atlantis
Está ahora mismo acoplada a la Estación Espacial Internacional la lanzadera Atlantis dentro de la misión STS-132. Es su último viaje al espacio antes de ser retirada del programa espacial. Aterrizará el próximo 26 de mayo a eso de las 14:45.
Me da mucha pena que vaya a finalizar el programa de las lanzaderas espaciales, su despegue y aterrizaje, no tienen comparación con los del resto de naves (cohetes), pero los recortes a los que está obligando la crisis que estamos viviendo no van a permitir su continuidad. Lo dicho, una pena.
Me da mucha pena que vaya a finalizar el programa de las lanzaderas espaciales, su despegue y aterrizaje, no tienen comparación con los del resto de naves (cohetes), pero los recortes a los que está obligando la crisis que estamos viviendo no van a permitir su continuidad. Lo dicho, una pena.
"La elegancia del erizo" de Muriel Barbery
Hace ya algunos días, de hecho son por lo menos dos semanas, que terminé esta deliciosa novela. Mi primera impresión no era precisamente entusiasta pero, a medida que fui leyendo, fue cambiando merced al su estructura, sus personajes, sus elucubraciones (las de los personajes) y su sentido del humor un tanto gamberro pero que me resulta tan atrayente.
Ha resultado pues todo un descubrimiento, un agradable pasatiempo que me ha hecho reír a carcajadas en el metro y otros lugares públicos y ha amenizado mis escasos momentos de solaz.
Se trata de un libro con una estructura peculiar, de diario, pero de diario que alterna entradas de dos personajes opuestos y complementarios, en las que cada una de ellas, ya que ambos personajes son del sexo femenino, vuelca sus pensamientos, reflexiones y sentimientos, sus proyectos y sus frustraciones, puesto todo en relación con las situaciones que viven y sus relaciones con el resto de los personajes y, finalmente, entre ellas. Aun así, la novela tiene su inspiración en la literatura clásica, y se aprecia que la autora sabe de lo que habla y aprecia aquello de lo que habla.
Me ha gustado todo, hasta el final y no me extraña que la autora haya sacado partido de uno de los personajes para escribir un nuevo relato.
Yo lo recomiendo. No es Proust, pero no por eso se puede despreciar.
Ha resultado pues todo un descubrimiento, un agradable pasatiempo que me ha hecho reír a carcajadas en el metro y otros lugares públicos y ha amenizado mis escasos momentos de solaz.
Se trata de un libro con una estructura peculiar, de diario, pero de diario que alterna entradas de dos personajes opuestos y complementarios, en las que cada una de ellas, ya que ambos personajes son del sexo femenino, vuelca sus pensamientos, reflexiones y sentimientos, sus proyectos y sus frustraciones, puesto todo en relación con las situaciones que viven y sus relaciones con el resto de los personajes y, finalmente, entre ellas. Aun así, la novela tiene su inspiración en la literatura clásica, y se aprecia que la autora sabe de lo que habla y aprecia aquello de lo que habla.
Me ha gustado todo, hasta el final y no me extraña que la autora haya sacado partido de uno de los personajes para escribir un nuevo relato.
Yo lo recomiendo. No es Proust, pero no por eso se puede despreciar.
Cuaderno de bitácora: Jornada de navegación 45/16790
Ligera marejadilla. El comandante al mando de la flota pasó revista a la tropa. Visita breve, superficial y algo blandita, más interés por el paisaje que por la actividad.
La tropa anda revolucionada por el inminente recorte salarial. Injusto, tanto más porque la tropa tiene constancia del despilfarro que sucede cada día y de la falta de proporcionalidad del recorte. Volveremos al salario de hace 6 o 7 años.
El cansancio y el desánimo pueden empezar a pasar factura a la moral de la tropa.
Frase del día en el taco del calendario: "Cuando el trabajo no constituye una diversión, hay que trabajar lo indecible para divertirse" de E. Jardiel Poncela. Muy apropiado para la situación dada.
A nivel más íntimo las preocupaciones arrecian. Algunas provocadas por la cuestión pecuniaria, otras por la descendencia y la ascendencia. Hay que hacer una profunda reflexión para tratar de conciliar deseos, expectativas y realidad, fijar prioridades y hacer acopio de resignación. Esta claro que no se puede tener todo, todo a lo que uno aspira, y que hay necesidades ajenas a las propias a tener en cuenta. ¡Qué Dios nos ilumine!
La tropa anda revolucionada por el inminente recorte salarial. Injusto, tanto más porque la tropa tiene constancia del despilfarro que sucede cada día y de la falta de proporcionalidad del recorte. Volveremos al salario de hace 6 o 7 años.
El cansancio y el desánimo pueden empezar a pasar factura a la moral de la tropa.
Frase del día en el taco del calendario: "Cuando el trabajo no constituye una diversión, hay que trabajar lo indecible para divertirse" de E. Jardiel Poncela. Muy apropiado para la situación dada.
A nivel más íntimo las preocupaciones arrecian. Algunas provocadas por la cuestión pecuniaria, otras por la descendencia y la ascendencia. Hay que hacer una profunda reflexión para tratar de conciliar deseos, expectativas y realidad, fijar prioridades y hacer acopio de resignación. Esta claro que no se puede tener todo, todo a lo que uno aspira, y que hay necesidades ajenas a las propias a tener en cuenta. ¡Qué Dios nos ilumine!
jueves, 22 de abril de 2010
La tumba de mis abuelos
El pasado 10 de abril se cumplieron 3 años del fallecimiento de mi abuela. Mi familia y yo solíamos ir a visitarla todos los domingos. Tenía 109 años y hasta el final se preocupó mucho por todos y estaba al tanto de lo que hacía cada uno, de los cumpleaños, los santos y los reyes magos. La enterraron junto a mi abuelo que murió muchos años antes.
Ahora intento ir al cementerio a visitar su tumba al menos dos veces al año, una por su aniversario y otra por el día de difuntos en noviembre. Ya que yo no había estado en el entierro de mi abuelo, me propuse el día del entierro de un abuela recordar el camino y los hitos que me podían servir para encontrarla, porque en un cementerio tan grande como el de la Almudena todas la tumbas parecen iguales. La primera vez me costó un poco localizarla, pero en estos tres años ya he logrado fijar el camino en mi memoria y la encuentro sin rodeos.
Lo que me resulta más chocante es que, de toda la familia, haya sido yo la única que se ha preocupado por seguir visitando su tumba, llevarle flores y rezar una oración por su alma. Bueno, esto no es del todo cierto, si yo les llevo algunos vienen conmigo, pero si no voy yo no va nadie. No entiendo por qué. ¿Dejadez? ¿Pereza? ¿Falta de tiempo? ¿Falta de fe? Me parece triste que una vez que uno ha fallecido no haya nadie que visite tu tumba. Cierto es que hay contratado un servicio de mantenimiento con el cementerio para que la tumba esté limpia y en buenas condiciones, pero eso me resulta frío, al fin y al cabo, ¿qué le importa a un operario quién esté en la tumba?
Como yo creo en el más allá pienso que cuando yo me muera me gustaría alguien se acordase de mí y se cuidase de mi tumba, y de mis restos, con cariño y, por tanto, intento actuar de la misma manera con los que me han precedido en esa transición.
Sé que ello no implica en absoluto que el resto de la familia no la recuerde, no puedo juzgarlo sin entrar en sus cabezas, pero hay gestos tan fáciles que dicen tanto.
Ahora intento ir al cementerio a visitar su tumba al menos dos veces al año, una por su aniversario y otra por el día de difuntos en noviembre. Ya que yo no había estado en el entierro de mi abuelo, me propuse el día del entierro de un abuela recordar el camino y los hitos que me podían servir para encontrarla, porque en un cementerio tan grande como el de la Almudena todas la tumbas parecen iguales. La primera vez me costó un poco localizarla, pero en estos tres años ya he logrado fijar el camino en mi memoria y la encuentro sin rodeos.
Lo que me resulta más chocante es que, de toda la familia, haya sido yo la única que se ha preocupado por seguir visitando su tumba, llevarle flores y rezar una oración por su alma. Bueno, esto no es del todo cierto, si yo les llevo algunos vienen conmigo, pero si no voy yo no va nadie. No entiendo por qué. ¿Dejadez? ¿Pereza? ¿Falta de tiempo? ¿Falta de fe? Me parece triste que una vez que uno ha fallecido no haya nadie que visite tu tumba. Cierto es que hay contratado un servicio de mantenimiento con el cementerio para que la tumba esté limpia y en buenas condiciones, pero eso me resulta frío, al fin y al cabo, ¿qué le importa a un operario quién esté en la tumba?
Como yo creo en el más allá pienso que cuando yo me muera me gustaría alguien se acordase de mí y se cuidase de mi tumba, y de mis restos, con cariño y, por tanto, intento actuar de la misma manera con los que me han precedido en esa transición.
Sé que ello no implica en absoluto que el resto de la familia no la recuerde, no puedo juzgarlo sin entrar en sus cabezas, pero hay gestos tan fáciles que dicen tanto.
Cuaderno de bitácora: Jornada de navegación 45/16.760
Mar en calma. Puede ser la calma que precede a la tormenta. Mañana puede que avistemos tierra, ya se verá si los nativos son amistosos o no. Puede que ni lleguemos a tener contacto directo con ellos, al menos la tropa, el almirantazgo tendrá que dar la cara.
Hoy estoy contenta. En el mes de enero perdí dos anillos en el aeropuerto y no pude encontrarlos por más que pregunté en las oficinas de objetos perdidos. No eran de gran valor: un anillo de dos vueltas de perlas cultivadas muy aparente que me costó 5 $, el otro me era muy preciado porque tenía gran valor sentimental ya que había sido un regalo de mis hijos y mi marido. El destino encaminó mis pasos ayer para pasar por una tienda recién inaugurada y que echara un vistazo dentro, allí encontré una réplica exacta del que perdí. Me lo compré inmediatamente, aunque no sea el original cuando me lo veo en la mano me hace sentir menos culpable por haber sido tan descuidada.
Mañana es San Jorge y el día del libro. ¡Qué gran invento!
Hoy estoy contenta. En el mes de enero perdí dos anillos en el aeropuerto y no pude encontrarlos por más que pregunté en las oficinas de objetos perdidos. No eran de gran valor: un anillo de dos vueltas de perlas cultivadas muy aparente que me costó 5 $, el otro me era muy preciado porque tenía gran valor sentimental ya que había sido un regalo de mis hijos y mi marido. El destino encaminó mis pasos ayer para pasar por una tienda recién inaugurada y que echara un vistazo dentro, allí encontré una réplica exacta del que perdí. Me lo compré inmediatamente, aunque no sea el original cuando me lo veo en la mano me hace sentir menos culpable por haber sido tan descuidada.
Mañana es San Jorge y el día del libro. ¡Qué gran invento!
De mis lecturas
Últimamente me ha dado por analizar mis gustos literarios, cinematográficos y teatrales. He mirado atrás y he visto los libros que he leído y, de ellos, los que más me han gustado y los que menos, y que es lo que me apetece leer en este momento.
La primera conclusión a la que he llegado es que la selección que tengo esperándome es variopinta. Predominan el relato, corto o novelado, aunque también hay un par de biografías y otro par de libros de espiritualidad/religión.
La segunda conclusión a la que he llegado es que, cuando se trata de novelas, me gustan más los libros cuando me puedo identificar con algún personaje, el que sea hombre o mujer es irrelevante, porque me gusta vivir la historia, es como despojarme de mi propio ser y vivir una doble vida, la real y la otra vida en el libro.
Un psicoanalista probablemente pensaría que lo hago para evadirme de una vida insatisfactoria, y probablemente tendría razón, pero no tiene porque ser necesariamente el caso si, por ejemplo, se trata de un dramón inconmensurable que me hace llorar ríos de lágrimas. Es más, considero que es este un ejercicio muy sano para liberar tensiones, una buena llantina obra milagros en el espíritu. Dado que no tengo espíritu aventurero y mis posibilidades de viajar son reducidas, por no decir escasas, el vivir una vida literaria a través de una novela amplia mis horizontes, no porque huya de mi vida sino porque me permite ampliarla más allá de los límites físicos o temporales. La fantasía no tiene límites y esto mismo me pasa con las películas o el teatro.
Por otro lado, la identificación con el personaje no se traduce en compartir todas y cada una de sus opiniones y características, bastan unas pocas, pero las más importantes, una afinidad, para lograr el transvase de identidades.
Pero a lo que íbamos, no obstante, también he disfrutado mucho de otras novelas aunque no me haya identificado con un personaje, y me haya sentido solo observadora. Aquí la imaginación compone los personajes y los escenarios y te ves a ti mismo como un personaje más de la obra, que observa la acción y a los personajes, y quizá la identificación en este caso sea más con el autor, que ocupa el lugar de nuestros ojos y nos guía por la historia.
Fuera de las novelas, mis gustos y necesidades tienen una gran amplitud, y me gustan mucho las biografías y algunos libros de historia, también libros de divulgación de física, psicología del aprendizaje, filosofía, religión, viajes y en general cualquier libro cuyo título o tema llamen mi atención o que me regalen.
La poesía me cuesta más trabajo, no por otra cosa sino que necesitas una tranquilidad para disfrutarla de la que ahora no dispongo. No se puede leer poesía a salto de mata, como leo yo la mayoría de las veces.
Otra conclusión es que, de un tiempo a esta parte, necesito leer algo que me haga reír, no tiene porque ser necesariamente una novela cómica o de humor, basta con que algunos pasajes rompan con el tono general, y cuánto más abrupta y salvaje sea más me hace reír. Así, me gustó mucho, por lo salvaje, la descripción de la batalla de Trafalgar de Arturo Pérez Reverte. Me divierte mucho su estilo, lo cual no significa necesariamente que me gusten todas sus obras, pero a veces me divierten mucho las barbaridades, en varios sentidos del término, que escribe.
Ahora estoy leyendo "La elegancia del erizo" de Muriel Barbery y me ha encantado descubrir varios pasajes que me han hecho reír a carcajadas, para asombro de mis semejantes, pues tengo la costumbre de aprovechar cada ratito que puedo para leer y lo hago en cualquier sitio, público o no. Me resulta refrescante poder soltar una carcajada de vez en cuando. La risa es tan necesaria. Por eso me gustó tanto Erma Bombeck, por su capacidad de ver el lado humorístico de la vida, esa risa que resulta de una situación cómica inesperada y cuando uno se puede reír de sí mismo, ahora bien, no me gustan NADA las bromas pesadas, las novatadas y esas cosas, que me parecen degradantes.
Y otro día tengo que hablar de los autores.
La primera conclusión a la que he llegado es que la selección que tengo esperándome es variopinta. Predominan el relato, corto o novelado, aunque también hay un par de biografías y otro par de libros de espiritualidad/religión.
La segunda conclusión a la que he llegado es que, cuando se trata de novelas, me gustan más los libros cuando me puedo identificar con algún personaje, el que sea hombre o mujer es irrelevante, porque me gusta vivir la historia, es como despojarme de mi propio ser y vivir una doble vida, la real y la otra vida en el libro.
Un psicoanalista probablemente pensaría que lo hago para evadirme de una vida insatisfactoria, y probablemente tendría razón, pero no tiene porque ser necesariamente el caso si, por ejemplo, se trata de un dramón inconmensurable que me hace llorar ríos de lágrimas. Es más, considero que es este un ejercicio muy sano para liberar tensiones, una buena llantina obra milagros en el espíritu. Dado que no tengo espíritu aventurero y mis posibilidades de viajar son reducidas, por no decir escasas, el vivir una vida literaria a través de una novela amplia mis horizontes, no porque huya de mi vida sino porque me permite ampliarla más allá de los límites físicos o temporales. La fantasía no tiene límites y esto mismo me pasa con las películas o el teatro.
Por otro lado, la identificación con el personaje no se traduce en compartir todas y cada una de sus opiniones y características, bastan unas pocas, pero las más importantes, una afinidad, para lograr el transvase de identidades.
Pero a lo que íbamos, no obstante, también he disfrutado mucho de otras novelas aunque no me haya identificado con un personaje, y me haya sentido solo observadora. Aquí la imaginación compone los personajes y los escenarios y te ves a ti mismo como un personaje más de la obra, que observa la acción y a los personajes, y quizá la identificación en este caso sea más con el autor, que ocupa el lugar de nuestros ojos y nos guía por la historia.
Fuera de las novelas, mis gustos y necesidades tienen una gran amplitud, y me gustan mucho las biografías y algunos libros de historia, también libros de divulgación de física, psicología del aprendizaje, filosofía, religión, viajes y en general cualquier libro cuyo título o tema llamen mi atención o que me regalen.
La poesía me cuesta más trabajo, no por otra cosa sino que necesitas una tranquilidad para disfrutarla de la que ahora no dispongo. No se puede leer poesía a salto de mata, como leo yo la mayoría de las veces.
Otra conclusión es que, de un tiempo a esta parte, necesito leer algo que me haga reír, no tiene porque ser necesariamente una novela cómica o de humor, basta con que algunos pasajes rompan con el tono general, y cuánto más abrupta y salvaje sea más me hace reír. Así, me gustó mucho, por lo salvaje, la descripción de la batalla de Trafalgar de Arturo Pérez Reverte. Me divierte mucho su estilo, lo cual no significa necesariamente que me gusten todas sus obras, pero a veces me divierten mucho las barbaridades, en varios sentidos del término, que escribe.
Ahora estoy leyendo "La elegancia del erizo" de Muriel Barbery y me ha encantado descubrir varios pasajes que me han hecho reír a carcajadas, para asombro de mis semejantes, pues tengo la costumbre de aprovechar cada ratito que puedo para leer y lo hago en cualquier sitio, público o no. Me resulta refrescante poder soltar una carcajada de vez en cuando. La risa es tan necesaria. Por eso me gustó tanto Erma Bombeck, por su capacidad de ver el lado humorístico de la vida, esa risa que resulta de una situación cómica inesperada y cuando uno se puede reír de sí mismo, ahora bien, no me gustan NADA las bromas pesadas, las novatadas y esas cosas, que me parecen degradantes.
Y otro día tengo que hablar de los autores.
miércoles, 21 de abril de 2010
Idealizar la ausencia
Siempre me ha llamado la atención un proceso que nos sucede inevitablemente, y que se realiza en la mayoría de los casos de forma inconsciente. Se podría interpretar como una pequeña traición de nuestra memoria que, incapaz de ser enteramente objetiva, rehace los hechos y a las personas deformándolos para bien o para mal. Es muy corriente que un suceso que nos haya afectado particularmente se vaya deformando en nuestra memoria, de tal manera que una desgracia nos parezca todavía mayor en la distancia, o que un acontecimiento feliz sea equivalente al paraíso en la tierra. Los idealizamos. También idealizamos a los animales y a las personas. Tengo la impresión de que lo más frecuente es la idealización positiva. ¿Quién no ha hablado o habla de esos seres a los que echa de menos? Y cuando lo hace, rara vez es para criticarlos (tendemos siempre, en condiciones normales, a olvidar lo malo), más bien hablamos con añoranza, con nostalgia por los momentos pasados que compartimos con ellos, con su caríño, su tacto. Cuando una mascota o una persona que nos son queridas están ausentes, ya sea porque se encuentran lejos o porque han fallecido, tratamos de esforzarnos en recordar características particulares de ese ser para llenar el hueco que esa ausencia deja en nuestro corazón y el vacío en nuestra memoria, y sucede que muchas veces solo recordamos los aspectos más positivos de su forma de ser, creando una imagen que reemplaza a la realidad, pero que no corresponde enteramente con esa realidad, porque ha obviado partes del ser real y ha realzado otras. No importa cuán objetivos nos creamos, el mero hecho de nuestra parcialidad por ese ser influirá inexorablemente en nuestra percepción (¡ay, la percepción!) de sus atributos y deformará nuestra visión, aunque seamos conscientes de los aspectos negativos, que indefectiblemente caerán en el olvido en favor de lo que nos es más agradable, entrañable o querido recordar. ¿Es malo esto? No. ¿Es peligroso? Puede serlo, cuando la ausencia no vaya a ser permanente pero si prolongada la imagen creada puede diferir mucho de la realidad y causar un grave conflicto, una gran desilusión, podríamos no llegar a reconocer el ser real al no poder asociarlo al imaginario que creó nuestra memoria. ¿Quién dijo que la vida fuera fácil? |
lunes, 19 de abril de 2010
La conciencia de ser
La conciencia de ser es una consecuencia de la inteligencia y de nuestros sentidos. Aunque no es exactamente así como la definió Descartes, con su famosa locución "Pienso, luego existo", axioma en el que se basó para crear sus principios filosóficos y sus estudios sobre la percepción y los sentidos. Si soy capaz de pensar es porque soy algo, aunque no sepa que, por lo que soy consciente de ser y, por ende, de existir.
Pero mi reflexión va por otros derroteros. Estimo que la conciencia de ser puede constituir un doloroso castigo, por cuanto una vez que somos conscientes de ser, podemos llegar a discernir aspectos de nuestro propio ser, tanto positivos como negativos, estudiarnos, sopesarnos y juzgarnos hasta encontrarnos dignos o indignos de ser o existir.
Es desde este conocimiento de lo que se alimentará la auto-estima, influida, no obstante, por nuestras relaciones, percepciones y sensaciones, con el mundo exterior. Y en tanto que el resultado pueda no ser de nuestro agrado constituirá, pues, un doloroso castigo el llegar a adquirir este conocimiento.
¿Podemos ser sin ser conscientes de ello? Por supuesto que sí. Todos los animales son sin ser tener conciencia de ello.
¿Está en nuestra mano cambiar nuestro ser? Aquí podemos encontrar opiniones diversas y divergentes. Un determinista es probable que piense que no, mientras que los partidarios del libre albedrío pueden pensar que todos tenemos la capacidad de cambiar nuestro ser y de elegir lo que queremos ser y hacer.
La religión católica se inclina a favor del libre albedrío, y yo quiero creer que es posible, que yo puedo elegir hacer o no hacer en un determinado momento, aun cuando no pueda evitar estar influida por el mundo que me rodea, puedo elegir discrepar de la corriente dominante, o puedo tomar el camino más difícil en vez de el más fácil.
El hecho de creer en el libre albedrío implica también un sentido de la responsabilidad, mientras que los deterministas pueden creer que no importa lo que haga o elija el destino seguirá su curso y ello me libra del peso que puedan tener las consecuencias de mis actos, el hecho de elegir libremente supone cargar con la culpa del daño causado, y también, la satisfacción por la felicidad lograda. Pero como más a menudo se da lo primero que lo segundo, la carga puede llegar a ser muy pesada y lo más cómodo resulta escurrir el bulto, eludir la culpa de una decisión irresponsable, porque para poder elegir hay que pensar, o se debería pensar, aunque no siempre lo hagamos, y sopesar las consecuencias que nuestras acciones puedan tener en los demás. Es fácil dejarse llevar por los acontecimientos, todos lo hacemos en mayor o menor medida, es duro ser responsable, y sacrificado, y desinteresado, generoso, y así enlazo con mi reflexión sobre el amor verdadero.
Ser consciente de uno mismo, de nuestras limitaciones y a la vez quererse puede ser doloroso. Y ¿quién nos va a querer si no nos queremos nosotros?. ¿Cómo se puede amar al prójimo como a uno mismo si no podemos ver en nosotros mismos más que lo malo? Ser capaz de asumir todo esto puede ser duro. Ser responsable puede parecer una tarea infinita. Pero si podemos cambiar, si la auto-crítica no es demoledora sino constructiva, todo es posible, porque todos tenemos algo bueno. Me niego a creer que exista alguien en el mundo que sea 100% malo y que si quiere cambiar no pueda cambiar.
Ser feliz puede parecer una tarea imposible, pero si por un momento lo conseguimos puede ser el éxtasis.
Pero mi reflexión va por otros derroteros. Estimo que la conciencia de ser puede constituir un doloroso castigo, por cuanto una vez que somos conscientes de ser, podemos llegar a discernir aspectos de nuestro propio ser, tanto positivos como negativos, estudiarnos, sopesarnos y juzgarnos hasta encontrarnos dignos o indignos de ser o existir.
Es desde este conocimiento de lo que se alimentará la auto-estima, influida, no obstante, por nuestras relaciones, percepciones y sensaciones, con el mundo exterior. Y en tanto que el resultado pueda no ser de nuestro agrado constituirá, pues, un doloroso castigo el llegar a adquirir este conocimiento.
¿Podemos ser sin ser conscientes de ello? Por supuesto que sí. Todos los animales son sin ser tener conciencia de ello.
¿Está en nuestra mano cambiar nuestro ser? Aquí podemos encontrar opiniones diversas y divergentes. Un determinista es probable que piense que no, mientras que los partidarios del libre albedrío pueden pensar que todos tenemos la capacidad de cambiar nuestro ser y de elegir lo que queremos ser y hacer.
La religión católica se inclina a favor del libre albedrío, y yo quiero creer que es posible, que yo puedo elegir hacer o no hacer en un determinado momento, aun cuando no pueda evitar estar influida por el mundo que me rodea, puedo elegir discrepar de la corriente dominante, o puedo tomar el camino más difícil en vez de el más fácil.
El hecho de creer en el libre albedrío implica también un sentido de la responsabilidad, mientras que los deterministas pueden creer que no importa lo que haga o elija el destino seguirá su curso y ello me libra del peso que puedan tener las consecuencias de mis actos, el hecho de elegir libremente supone cargar con la culpa del daño causado, y también, la satisfacción por la felicidad lograda. Pero como más a menudo se da lo primero que lo segundo, la carga puede llegar a ser muy pesada y lo más cómodo resulta escurrir el bulto, eludir la culpa de una decisión irresponsable, porque para poder elegir hay que pensar, o se debería pensar, aunque no siempre lo hagamos, y sopesar las consecuencias que nuestras acciones puedan tener en los demás. Es fácil dejarse llevar por los acontecimientos, todos lo hacemos en mayor o menor medida, es duro ser responsable, y sacrificado, y desinteresado, generoso, y así enlazo con mi reflexión sobre el amor verdadero.
Ser consciente de uno mismo, de nuestras limitaciones y a la vez quererse puede ser doloroso. Y ¿quién nos va a querer si no nos queremos nosotros?. ¿Cómo se puede amar al prójimo como a uno mismo si no podemos ver en nosotros mismos más que lo malo? Ser capaz de asumir todo esto puede ser duro. Ser responsable puede parecer una tarea infinita. Pero si podemos cambiar, si la auto-crítica no es demoledora sino constructiva, todo es posible, porque todos tenemos algo bueno. Me niego a creer que exista alguien en el mundo que sea 100% malo y que si quiere cambiar no pueda cambiar.
Ser feliz puede parecer una tarea imposible, pero si por un momento lo conseguimos puede ser el éxtasis.
Ciclo Akira Kurosawa
Con ocasión del centenario del nacimiento del estupendo director de cine japonés Akira Kurosawa, la Filmoteca Española ha programado en el cine Doré un ciclo de sus personalisimas películas, de las que recomiendo, especialmente, las que hizo con su actor favorito, Toshiro Mifume.
Mi favoritas son "Rashomon" y los "Siete Samurais", aunque no sé si están incluidas en el ciclo porque no he tenido tiempo de ver la programación completa.
Mi favoritas son "Rashomon" y los "Siete Samurais", aunque no sé si están incluidas en el ciclo porque no he tenido tiempo de ver la programación completa.
La percepción y los sentidos
Sé que los filosofos se han ocupado extensamente de estos dos conceptos, que son tan importantes para relacionarnos unos con otros, pero me atrevo a sumergirme en este inmenso y proceloso mar porque recientemente se me volvía a plantear una pregunta muy tramposa (a mí me lo parece), si se cae un arbol en mitad del bosque y nadie lo oye ¿hace ruido?
Lo que viene a decir, aquello que no percibo ¿existe?. Pero puede ser que aquello que percibo tampoco exista y sea solo una invención de mis sentidos. Así puede ocurrir que lo que yo percibo como una sonrisa no sea más que una mueca irónica o ni siquiera exista, o que yo interprete un halago como un insulto.
También puede ocurrir que nuestro cerebro exagere la percepción y lo que era solo un beso casto se transforme una pasión desenfrenada o que un cachetito cariñoso sea un ataque leonino en toda regla.
Sin olvidar que hay toda una gama de matices resultado de la sensibilidad individual de cada uno, y del grado de autoestima o acomplejamiento que arrastremos en la vida. Así una pequeña corrección de error puede significar a aquel que tiene baja autoestima un fracaso sin paliativos o una ofensa a su capacidad si, por el contrario, el sujeto tiene la autoestima por las nubes o cercana a plutón, o mejor Neptuno que plutón ya ni es planeta.
Todo lo anterior trae como consecuencia que muy a menudo nos hagamos, y perdon por la vulgaridad, pajas mentales, y le demos vueltas y más vueltas a las situaciones y a las relaciones interpersonales, retorciendolas, imaginando cientos de posibles explicaciones para bien, para mal, y para peor, sobre situaciones, frases, hechos para los que, a falta de una explicación mejor, no acabamos de entender por completo su significado.
Cuando no estamos seguros de los sentimientos de una persona hacia nosotros, sobre todo en cuestiones amorosas, cuando hemos hecho una entrevista de trabajo, cuando estamos a la espera del resultado de una prueba médica, es cuando menos podemos fiarnos de nuestros sentidos o de nuestra percepción. Y si se nos ha escapado un detalle, y si hemos interpretado positivamente algo que no tenía la mayor importancia, o viceversa. La incertidumbre genera grandes elucubraciones y, aun cuando tengamos un grado razonable de certeza siempre tendemos a dudar, a ver o no ver aquello que esperamos.
En resumen: ¡Qué retorcidos somos!
Pd.: Por cierto, creo que el arbol SIEMPRE hace ruido al caer, aunque yo no esté allí para oirlo, del mismo modo que viven, aman y mueren cientos de miles de personas sin que yo sea consciente de ello. Otra cosa es que yo elija pensar eso de "ojos que no ven, corazón que no siente".
Lo que viene a decir, aquello que no percibo ¿existe?. Pero puede ser que aquello que percibo tampoco exista y sea solo una invención de mis sentidos. Así puede ocurrir que lo que yo percibo como una sonrisa no sea más que una mueca irónica o ni siquiera exista, o que yo interprete un halago como un insulto.
También puede ocurrir que nuestro cerebro exagere la percepción y lo que era solo un beso casto se transforme una pasión desenfrenada o que un cachetito cariñoso sea un ataque leonino en toda regla.
Sin olvidar que hay toda una gama de matices resultado de la sensibilidad individual de cada uno, y del grado de autoestima o acomplejamiento que arrastremos en la vida. Así una pequeña corrección de error puede significar a aquel que tiene baja autoestima un fracaso sin paliativos o una ofensa a su capacidad si, por el contrario, el sujeto tiene la autoestima por las nubes o cercana a plutón, o mejor Neptuno que plutón ya ni es planeta.
Todo lo anterior trae como consecuencia que muy a menudo nos hagamos, y perdon por la vulgaridad, pajas mentales, y le demos vueltas y más vueltas a las situaciones y a las relaciones interpersonales, retorciendolas, imaginando cientos de posibles explicaciones para bien, para mal, y para peor, sobre situaciones, frases, hechos para los que, a falta de una explicación mejor, no acabamos de entender por completo su significado.
Cuando no estamos seguros de los sentimientos de una persona hacia nosotros, sobre todo en cuestiones amorosas, cuando hemos hecho una entrevista de trabajo, cuando estamos a la espera del resultado de una prueba médica, es cuando menos podemos fiarnos de nuestros sentidos o de nuestra percepción. Y si se nos ha escapado un detalle, y si hemos interpretado positivamente algo que no tenía la mayor importancia, o viceversa. La incertidumbre genera grandes elucubraciones y, aun cuando tengamos un grado razonable de certeza siempre tendemos a dudar, a ver o no ver aquello que esperamos.
En resumen: ¡Qué retorcidos somos!
Pd.: Por cierto, creo que el arbol SIEMPRE hace ruido al caer, aunque yo no esté allí para oirlo, del mismo modo que viven, aman y mueren cientos de miles de personas sin que yo sea consciente de ello. Otra cosa es que yo elija pensar eso de "ojos que no ven, corazón que no siente".
¿Tengo derecho a quejarme?
En estos tiempos que corren, con una crisis galopante, cuando mucha gente está perdiendo su empleo y hay familias que no se pueden mantener, ¿es lícito quejarse por otros motivos cuando uno tiene trabajo y las necesidades básicas cubiertas? Traigo esto a colación porque después de escribir una de mis últimas entradas caí en la cuenta de que hay gente que está sin trabajo y no puede hacer cuentas de llegar a la jubilación, ni siquiera de llegar a fin de mes y pensé: no tengo derecho a quejarme. Aunque mi queja sea porque el bendito trabajo me absorve demasiado tiempo y energía, cuantos hay que les gustaría poder quejarse de lo mismo y no pueden. Y ello me crea mala conciencia, de ser egoísta.
Ciertamente se trata de una situación mejorable, pero esta mejora no es tan imperiosa como la de aquel que no tiene trabajo y los recursos de éste derivados.
Visto objetivamente parece que no, no tengo derecho a quejarme, sin embargo hay algo que no puedo obviar y es que, con derecho o sin él, mis sentimientos son lo que son, mi frustración es la que es, y que mi capacidad de empatía está limitada y condicionada por mi propia situación.
Lo bonito sería que no fuera así, que fuesemos capaces de ponernos en el lugar de los demás, aunque me temo que, a pesar de todo, nunca podríamos llegar a imaginar la magnitud de sus problemas y los sentimientos que les generan, porque cada uno tenemos distintas sensibilidades y lo que a mí me parece más difícil de soportar a otro le resulta una carga liviana, mientras que lo que a mí me resulta soportable para otro es una carga insufrible.
Dicho lo cual, espero que llegue un día en que ninguno tengamos nada de que quejarnos y que salgamos pronto de esta crisis y que se solucionen los problemas del mundo, aunque hoy por hoy no sea más que una bonita utopía.
Ciertamente se trata de una situación mejorable, pero esta mejora no es tan imperiosa como la de aquel que no tiene trabajo y los recursos de éste derivados.
Visto objetivamente parece que no, no tengo derecho a quejarme, sin embargo hay algo que no puedo obviar y es que, con derecho o sin él, mis sentimientos son lo que son, mi frustración es la que es, y que mi capacidad de empatía está limitada y condicionada por mi propia situación.
Lo bonito sería que no fuera así, que fuesemos capaces de ponernos en el lugar de los demás, aunque me temo que, a pesar de todo, nunca podríamos llegar a imaginar la magnitud de sus problemas y los sentimientos que les generan, porque cada uno tenemos distintas sensibilidades y lo que a mí me parece más difícil de soportar a otro le resulta una carga liviana, mientras que lo que a mí me resulta soportable para otro es una carga insufrible.
Dicho lo cual, espero que llegue un día en que ninguno tengamos nada de que quejarnos y que salgamos pronto de esta crisis y que se solucionen los problemas del mundo, aunque hoy por hoy no sea más que una bonita utopía.
Viñeta de Mingote
Ayer domingo apareció publicada una viñeta de Mingote en la revista XLSemanal que me pareció muy poética y muy a tono con mi estado de ánimo melancólico. El enlace para verla está a continuación. Espero que la disfrutéis tanto como yo.
http://xlsemanal.finanzas.com/web/firma_popup.php?id_firma=10750&foto=33_1_1173XLMingote_1271061295.jpg&id_edicion=5127
http://xlsemanal.finanzas.com/web/firma_popup.php?id_firma=10750&foto=33_1_1173XLMingote_1271061295.jpg&id_edicion=5127
domingo, 18 de abril de 2010
Sobre el amor
Se ha escrito largo y tendido sobre el amor, y se escribirá más aún, de eso no tengo duda, porque aunque algunos digan que lo que mueve el mundo es el dinero, yo creo que el amor todavía sigue siendo un influencia ineludible.
Una pregunta que siempre nos hacemos en relación al amor es si existe el amor puro, desinteresado, ese que es capaz de prescindir del egoísmo para desear únicamente el bien del ser amado. Un amor que olvida los anhelos y deseos propios para intentar satisfacer, en la medida de lo posible, los del ser amado e incluso llega a sacrificarse por su bien.
Creo que todos estaremos más o menos de acuerdo en que el amor de los padres por los hijos suele tener este carácter desinteresado, aceptando que los hijos sean incapaces a veces de ver el amor implícito que conllevan algunas de las decisiones de sus padres.
Pero este es un amor sobrentendido y no suele precisar de mayor definición, sin embargo relacionar algo parecido con dos personas que se han conocido accidentalmente, que no tenían un conocimiento previo el uno del otro, y que por esos misterios de la vida llegan a quererse de tal modo que son capaces de desear el bien del otro sin tener en consideración sus propios sentimientos y deseos, pudiendo, llegado el caso, sacrificar hasta su propia vida es algo a lo que nos gustaría aspirar pero en lo que pocos creemos. Vivir algo así es una experiencia extraordinaria, es una sublimación de los sentimientos que produce al vez un placer y un dolor intensísimos, felicidad y dolor de tal manera que se hace imposible diferenciar el uno del otro. Es una experiencia que no se olvida aunque su percepción se idealice con el tiempo.
Muchos piensan que son experiencias más imaginarias que reales, porque se les hace difícil comprender, si no lo han vivido en carne propia, que alguien sea capaz de olvidarse de sí mismo, el egoísmo que es la garantía de supervivencia, para poner por encima de todo el bien del ser amado. Es más, creo que no hace falta que sea un amor muy profundo o duradero, solo hace falta que sea auténtico, verdadero, real, y esa es tal vez la razón por la que no se cree en ello, porque ¿cuántas veces podemos decir que hemos amado de verdad? No un enamoramiento, un flirteo pasajero, sino amor, AMOR con mayúsculas, sencillo, intenso, real.
Es muy posible que haya personas incapaces de amar de esa manera, pero creo que son las menos y que esa capacidad está en casi todos nosotros y si no se da más es porque el mundo en que vivimos desdeña actos de amor desinteresados, donde el yo es lo primero y después viene todo lo demás.
Amar de verdad es una de las cosas más hermosas que hay, dolorosa sí, pero en mi humilde opinión vale la pena, tantas veces como se presente la ocasión, que no serán muchas en la vida, y nos podemos dar por contentos si lo hizo una vez al menos. Es la mejor oportunidad para renunciar a uno mismo, y mira que me gusta poco renunciar, pero es que no hay nada como el amor, y además tenemos la suerte de ser amados de esa manera, no lo menospreciemos, eso vale más que todo el oro del mundo aunque no seamos capaces de corresponderlo.
Una pregunta que siempre nos hacemos en relación al amor es si existe el amor puro, desinteresado, ese que es capaz de prescindir del egoísmo para desear únicamente el bien del ser amado. Un amor que olvida los anhelos y deseos propios para intentar satisfacer, en la medida de lo posible, los del ser amado e incluso llega a sacrificarse por su bien.
Creo que todos estaremos más o menos de acuerdo en que el amor de los padres por los hijos suele tener este carácter desinteresado, aceptando que los hijos sean incapaces a veces de ver el amor implícito que conllevan algunas de las decisiones de sus padres.
Pero este es un amor sobrentendido y no suele precisar de mayor definición, sin embargo relacionar algo parecido con dos personas que se han conocido accidentalmente, que no tenían un conocimiento previo el uno del otro, y que por esos misterios de la vida llegan a quererse de tal modo que son capaces de desear el bien del otro sin tener en consideración sus propios sentimientos y deseos, pudiendo, llegado el caso, sacrificar hasta su propia vida es algo a lo que nos gustaría aspirar pero en lo que pocos creemos. Vivir algo así es una experiencia extraordinaria, es una sublimación de los sentimientos que produce al vez un placer y un dolor intensísimos, felicidad y dolor de tal manera que se hace imposible diferenciar el uno del otro. Es una experiencia que no se olvida aunque su percepción se idealice con el tiempo.
Muchos piensan que son experiencias más imaginarias que reales, porque se les hace difícil comprender, si no lo han vivido en carne propia, que alguien sea capaz de olvidarse de sí mismo, el egoísmo que es la garantía de supervivencia, para poner por encima de todo el bien del ser amado. Es más, creo que no hace falta que sea un amor muy profundo o duradero, solo hace falta que sea auténtico, verdadero, real, y esa es tal vez la razón por la que no se cree en ello, porque ¿cuántas veces podemos decir que hemos amado de verdad? No un enamoramiento, un flirteo pasajero, sino amor, AMOR con mayúsculas, sencillo, intenso, real.
Es muy posible que haya personas incapaces de amar de esa manera, pero creo que son las menos y que esa capacidad está en casi todos nosotros y si no se da más es porque el mundo en que vivimos desdeña actos de amor desinteresados, donde el yo es lo primero y después viene todo lo demás.
Amar de verdad es una de las cosas más hermosas que hay, dolorosa sí, pero en mi humilde opinión vale la pena, tantas veces como se presente la ocasión, que no serán muchas en la vida, y nos podemos dar por contentos si lo hizo una vez al menos. Es la mejor oportunidad para renunciar a uno mismo, y mira que me gusta poco renunciar, pero es que no hay nada como el amor, y además tenemos la suerte de ser amados de esa manera, no lo menospreciemos, eso vale más que todo el oro del mundo aunque no seamos capaces de corresponderlo.
La luz
Estos días de tiempo revuelto la luz cambia constantemente. A ratos luce el sol, el cielo está despejado y todo reluce con la pátina dorada de su luz. Luego vienen las nubes, nubes grises, panza de burro que le dicen los canarios, y la luz se vuelve más blanca, azulada, es una luz que desnuda los detalles como ninguna otra, es como la de un quirófano. Después el sol desaparece por completo, la nubes se cierran como las cortinas por la noche y todo se oscurece, y la luz que anuncia la lluvia lo inunda todo, gris, melancólica.
Hay muchas otras luces, la luz del amanecer, límpida, rosada, que se va asomando tímidamente por encima de los tejados hasta que nos saluda suavemente. Y la luz del atardecer, descarada, desafiante, luchando por permanecer un segundo más antes de que la venza inevitablemente la noche, a pesar de lo cual se defiende con rojos y naranjas intensos.
Y así infinidad de tonos y variaciones. Y lo que más me molesta es que no hay paleta, ni cámara capaz de captar todos estos matices en todo su esplendor, en toda su belleza, solo nos queda la imaginación.
Hay muchas otras luces, la luz del amanecer, límpida, rosada, que se va asomando tímidamente por encima de los tejados hasta que nos saluda suavemente. Y la luz del atardecer, descarada, desafiante, luchando por permanecer un segundo más antes de que la venza inevitablemente la noche, a pesar de lo cual se defiende con rojos y naranjas intensos.
Y así infinidad de tonos y variaciones. Y lo que más me molesta es que no hay paleta, ni cámara capaz de captar todos estos matices en todo su esplendor, en toda su belleza, solo nos queda la imaginación.
viernes, 16 de abril de 2010
¿Hay vida después de los hijos y el trabajo?
Desde hace unos días me encuentro en un estado de ánimo melancólico, no sé si ello se debe a la proximidad de mi cumpleaños (¡que bien! sigo aquí), pero esta pregunta ha comenzado a reconcomerme.
¿Por qué me hago esta pregunta ahora?
Porque llevo trabajando media vida y veo que los objetivos con los que soñaba cuando era más joven se alejan en lugar de acercarse, y que, poco a poco, va quedando menos tiempo para ver realizados esos sueños de recorrer el mundo, de leer, de aprender todo lo que hay en el mundo, en el universo. El trabajo y las obligaciones me ocupan la mayor parte de mi tiempo y apenas queda un poco para mis sueños, por no hablar de dinero. Y el hecho de que se hable de retrasar la edad de jubilación no hace sino restar perspectivas de realización a esos sueños.
Es cierto que algunas de esas obligaciones me las he impuesto yo misma: nadie me obligo a tener hijos y, con ello, asumir la responsabilidad y la carga de criarlos, pero ello sumado a la obligación que te impone la vida de tener que trabajar para vivir, aunque sea un trabajo que no te disguste enteramente (a veces hasta me lo paso bien), y que esta obligación se prolongue en el tiempo más allá de lo que uno considera razonable impidiendo el disfrute de un tiempo en el que, liberados por fin de obligaciones y contando con un pequeña pensión, poder hacer realidad algunos de aquellos sueños cuya realización aparcamos para cubrir otras necesidades más urgentes o perentorias, como puede ser la maternidad.
Sin embargo, no puedo evitar sentir crecientes punzadas de frustración al pensar que a medida que cumplo años me queda menos tiempo para llegar a realizar esos sueños, esas metas, siento que tengo mucho que hacer, que dar, que aprender, que escuchar, que ver y que poco a poco se me van entornando y cerrando las puertas que antes estaban abiertas de par en par. Y todo ello sin contar que podría morir en cualquier momento dejando ¿inacabado? mi proyecto.
¿Qué cual era mi proyecto? La más curioso es que nunca ha habido proyecto como tal, o tal vez sí, el proyecto era vivir la vida de una determinada manera, viajando, viendo, leyendo, escuchando, y eso no ha sido posible más que en una pequeña parte, porque las circunstancias nos obligan a elegir, cuanto odio tener que elegir, y renunciar (todavía lo odio más) en un mundo donde existen muchas posibilidades pero no todas están a nuestro alcance a no ser que estemos dispuestos a pagar un precio muy alto y/o a ser tremendamente egoistas.
Mi profesión ideal era ser piloto de avión, o en su defecto azafata (auxiliar de vuelo lo llaman ahora, pero me gusta más azafata), viajando por todo el mundo pero siempre regresando a un lugar que pudiera llamar hogar, algo así como un ave migratoria que siempre regresa al mismo lugar a procrear. Pero en su día no se podía ser tripulante de un avión si llevabas gafas (ahora sí, está todo permitido siempre que no seas rompetechos y si no te operas y ya está) y yo las llevo desde los quince años, lo que me dejó compuesta y sin vocación, pero con una infinidad de intereses de entre los que me encontraba incapaz de elegir uno (otra vez la maldita elección).
Ahora son funcionaria, no por vocación, sí por conveniencia, y sueño con poder, algún día, acabar mi carrera, y viajar y ver todos los lugares por los que siento curiosidad, y hacer muchas fotos de todo lo que me llama la atención, y leer todos los libros que tengo en mi lista y muchos más, y oír muchos conciertos y escuchar muchas canciones, e invitar a mis amigos a compartir todas esas experiencias y hacer cosas que nunca pensé que haría, porque estoy viva, porque mi cerebro y mi inteligencia están vivos y sedientos, y hay tantas cosas hay fuera.
¿Y tendré tiempo para todo eso?
Curiosamente, mientras redactaba esta entrada, he encontrado otra recién publicada en el blog de un amigo con una reflexión parecida pero en sentido contrario, desde la perspectiva de la juventud. Podéis comparar visitando el enlace siguiente: http://www.evacuaciondelaspeceras.com/2010/04/arthur-machen.htm
¿Por qué me hago esta pregunta ahora?
Porque llevo trabajando media vida y veo que los objetivos con los que soñaba cuando era más joven se alejan en lugar de acercarse, y que, poco a poco, va quedando menos tiempo para ver realizados esos sueños de recorrer el mundo, de leer, de aprender todo lo que hay en el mundo, en el universo. El trabajo y las obligaciones me ocupan la mayor parte de mi tiempo y apenas queda un poco para mis sueños, por no hablar de dinero. Y el hecho de que se hable de retrasar la edad de jubilación no hace sino restar perspectivas de realización a esos sueños.
Es cierto que algunas de esas obligaciones me las he impuesto yo misma: nadie me obligo a tener hijos y, con ello, asumir la responsabilidad y la carga de criarlos, pero ello sumado a la obligación que te impone la vida de tener que trabajar para vivir, aunque sea un trabajo que no te disguste enteramente (a veces hasta me lo paso bien), y que esta obligación se prolongue en el tiempo más allá de lo que uno considera razonable impidiendo el disfrute de un tiempo en el que, liberados por fin de obligaciones y contando con un pequeña pensión, poder hacer realidad algunos de aquellos sueños cuya realización aparcamos para cubrir otras necesidades más urgentes o perentorias, como puede ser la maternidad.
Sin embargo, no puedo evitar sentir crecientes punzadas de frustración al pensar que a medida que cumplo años me queda menos tiempo para llegar a realizar esos sueños, esas metas, siento que tengo mucho que hacer, que dar, que aprender, que escuchar, que ver y que poco a poco se me van entornando y cerrando las puertas que antes estaban abiertas de par en par. Y todo ello sin contar que podría morir en cualquier momento dejando ¿inacabado? mi proyecto.
¿Qué cual era mi proyecto? La más curioso es que nunca ha habido proyecto como tal, o tal vez sí, el proyecto era vivir la vida de una determinada manera, viajando, viendo, leyendo, escuchando, y eso no ha sido posible más que en una pequeña parte, porque las circunstancias nos obligan a elegir, cuanto odio tener que elegir, y renunciar (todavía lo odio más) en un mundo donde existen muchas posibilidades pero no todas están a nuestro alcance a no ser que estemos dispuestos a pagar un precio muy alto y/o a ser tremendamente egoistas.
Mi profesión ideal era ser piloto de avión, o en su defecto azafata (auxiliar de vuelo lo llaman ahora, pero me gusta más azafata), viajando por todo el mundo pero siempre regresando a un lugar que pudiera llamar hogar, algo así como un ave migratoria que siempre regresa al mismo lugar a procrear. Pero en su día no se podía ser tripulante de un avión si llevabas gafas (ahora sí, está todo permitido siempre que no seas rompetechos y si no te operas y ya está) y yo las llevo desde los quince años, lo que me dejó compuesta y sin vocación, pero con una infinidad de intereses de entre los que me encontraba incapaz de elegir uno (otra vez la maldita elección).
Ahora son funcionaria, no por vocación, sí por conveniencia, y sueño con poder, algún día, acabar mi carrera, y viajar y ver todos los lugares por los que siento curiosidad, y hacer muchas fotos de todo lo que me llama la atención, y leer todos los libros que tengo en mi lista y muchos más, y oír muchos conciertos y escuchar muchas canciones, e invitar a mis amigos a compartir todas esas experiencias y hacer cosas que nunca pensé que haría, porque estoy viva, porque mi cerebro y mi inteligencia están vivos y sedientos, y hay tantas cosas hay fuera.
¿Y tendré tiempo para todo eso?
Curiosamente, mientras redactaba esta entrada, he encontrado otra recién publicada en el blog de un amigo con una reflexión parecida pero en sentido contrario, desde la perspectiva de la juventud. Podéis comparar visitando el enlace siguiente: http://www.evacuaciondelaspeceras.com/2010/04/arthur-machen.htm
jueves, 15 de abril de 2010
Aterrizaje de la lanzadera espacial Discovery
Como ya sabéis me gusta seguir las actividades de la NASA (Houston, we have a problem!) y, en especial, de esos vehículos tan peculiares que son las lanzaderas especiales o Space Shuttle como lo llaman ellos. Por ello os informo de que el próximo domingo día 18 de abril aterrizará en el Kennedy Space Center de Florida la lanzadera Discovery.
Esta misión (STS-131) es muy especial para las mujeres porque, por primera vez, hay cuatro mujeres en el espacio al mismo tiempo. También es la primera vez que están en el espacio al mismo tiempo dos astronautas de nacionalidad japonesa.
El aterrizaje de este "pajarito", que es francamente asombroso, será a eso de las dos y media de la tarde.
Como siempre lo podréis seguir a través de la página web de la NASA: http://www.nasa.gov/, pinchando en el enlace Watch Nasa TV.
Esta misión (STS-131) es muy especial para las mujeres porque, por primera vez, hay cuatro mujeres en el espacio al mismo tiempo. También es la primera vez que están en el espacio al mismo tiempo dos astronautas de nacionalidad japonesa.
El aterrizaje de este "pajarito", que es francamente asombroso, será a eso de las dos y media de la tarde.
Como siempre lo podréis seguir a través de la página web de la NASA: http://www.nasa.gov/, pinchando en el enlace Watch Nasa TV.
domingo, 11 de abril de 2010
"Siestas con viento sur" de Miguel Delibes
Su fallecimiento me hizo darme cuenta de que tenía una laguna (y tengo muchas) que llenar, ya que nunca había leído nada suyo. Así que en una de mis visitas a la biblioteca me dí de bruces con este título tan sugerente y me puse a la tarea.
El libro se compone de cuatro relatos, tres de ellos primos entre sí, con el campo como escenario y otro, sumamente peculiar, mucho más largo que los otros y con un aire sudamericano que lo hacía casi surrealista. Las historias que transcurren en el campo son melancólicas, tristes, realistas y contrastan violentamente con la otra. Si en ellas los protagonistas son los niños, en la otra son los adultos. Si en un unas el final solo es un punto y seguido, en la otra el final no da pie a más historias.
Es, sin duda, otro libro muy original, de prosa excelente, clara, diáfana, incluso dura, pero no por ello menos evocadora.
El libro se compone de cuatro relatos, tres de ellos primos entre sí, con el campo como escenario y otro, sumamente peculiar, mucho más largo que los otros y con un aire sudamericano que lo hacía casi surrealista. Las historias que transcurren en el campo son melancólicas, tristes, realistas y contrastan violentamente con la otra. Si en ellas los protagonistas son los niños, en la otra son los adultos. Si en un unas el final solo es un punto y seguido, en la otra el final no da pie a más historias.
Es, sin duda, otro libro muy original, de prosa excelente, clara, diáfana, incluso dura, pero no por ello menos evocadora.
Los vencejos
Hoy han vuelto los vencejos a Madrid.
La llegada de estos pájaros cada año supone una gran alegría. Me encantan su gritos, su vuelo bajo, sus pasadas por la mañana temprano y antes del anochecer buscando su alimento a toda velocidad. Su aspecto es fascinante y siento por ellos un gran cariño.
Con su llegada ya se puede decir que ha la primavera ya está aquí. Es un hito que espero con delectación.
El cada año vuelvan, sin falta, supone una continuidad, la sensación de que todo sigue en su sitio, más aún este año en que se ha podido percibir con pena un extraño descenso en el número de gorriones que pueblan nuestra urbe. El pequeño pero encantador gorrión.
Los gorriones y los vencejos hacen que las ciudades sean lugares más habitables, menos fríos, más humanos y menos artificiales. ¿Qué sería de nosotros sin ellos? Rodeados de cemento y coches, de humo y basura, si no hubiera algo que nos recordara la naturaleza las ciudades serían un lugar desolado.
¡¡Bienvenidos vencejos!!
La llegada de estos pájaros cada año supone una gran alegría. Me encantan su gritos, su vuelo bajo, sus pasadas por la mañana temprano y antes del anochecer buscando su alimento a toda velocidad. Su aspecto es fascinante y siento por ellos un gran cariño.
Con su llegada ya se puede decir que ha la primavera ya está aquí. Es un hito que espero con delectación.
El cada año vuelvan, sin falta, supone una continuidad, la sensación de que todo sigue en su sitio, más aún este año en que se ha podido percibir con pena un extraño descenso en el número de gorriones que pueblan nuestra urbe. El pequeño pero encantador gorrión.
Los gorriones y los vencejos hacen que las ciudades sean lugares más habitables, menos fríos, más humanos y menos artificiales. ¿Qué sería de nosotros sin ellos? Rodeados de cemento y coches, de humo y basura, si no hubiera algo que nos recordara la naturaleza las ciudades serían un lugar desolado.
¡¡Bienvenidos vencejos!!
"La reina de las nieves" de Carmen Martín Gaite
Tengo muchos libros para leer pero desde que leí la traducción que Carmen Martín Gaite hizo de un libro de C.S. Lewis tenía muchas ganas de leer algo suyo propio. En la biblioteca encontré este libro, y al leer la reseña de la contraportada encontré una inmediata conexión con el. La autora había pasado una temporada en Estados Unidos, primer nexo, conocía Chicago y el lago Michigan, segundo nexo, y parte de la historia se desarrolla en el norte y con un faro, tercer nexo.
Me sorprendió el plantamiento del libro y el hecho de que el final no fuera evidente hasta el final. Por otro lado, he descubierto como me fastidia que los personajes de una novela con los que me puedo identificar siempre tengan tiempo para poner en orden sus pensamientos sin que ninguna obligación se interponga entre esta necesidad y su realización.
Por supuesto, el libro está muy bien escrito, con una prosa elegante y bien puntuada, con riqueza de vocabulario y personajes originales, distintos, varias tramas elípticas, en el sentido matemático del término, ya que se entrecruzan después de describir una larga curva.
Con él he vuelto a disfrutar de literatura escrita en español, en parte porque he dedicado mucho tiempo a leer en inglés por amor a este idioma y en parte porque, había leido algunas cosas tan mal escritas (bien es verdad que eran traducciones) que me habían quitado las ganas de leer en mi idioma materno.
También me reafirma en mi creencia de que cada libro tiene su momento y que no siempre se está preparado para leer algunos libros, sino que se tienen que dar un estado mental y unas circunstancias personales particulares para poder disfrutar de esa lectura.
Me sorprendió el plantamiento del libro y el hecho de que el final no fuera evidente hasta el final. Por otro lado, he descubierto como me fastidia que los personajes de una novela con los que me puedo identificar siempre tengan tiempo para poner en orden sus pensamientos sin que ninguna obligación se interponga entre esta necesidad y su realización.
Por supuesto, el libro está muy bien escrito, con una prosa elegante y bien puntuada, con riqueza de vocabulario y personajes originales, distintos, varias tramas elípticas, en el sentido matemático del término, ya que se entrecruzan después de describir una larga curva.
Con él he vuelto a disfrutar de literatura escrita en español, en parte porque he dedicado mucho tiempo a leer en inglés por amor a este idioma y en parte porque, había leido algunas cosas tan mal escritas (bien es verdad que eran traducciones) que me habían quitado las ganas de leer en mi idioma materno.
También me reafirma en mi creencia de que cada libro tiene su momento y que no siempre se está preparado para leer algunos libros, sino que se tienen que dar un estado mental y unas circunstancias personales particulares para poder disfrutar de esa lectura.
Frases antológicas
"El aire envenena el dolor"
Esta pequeña joya la dicho mi hijo de nueve años el otro día. Cada día estoy más convencida de que este chaval es un genio. Desde luego tiene una forma de pensar muy original. Espero que no cambie.
Esta pequeña joya la dicho mi hijo de nueve años el otro día. Cada día estoy más convencida de que este chaval es un genio. Desde luego tiene una forma de pensar muy original. Espero que no cambie.
Clasificación de los músicos callejeros
Después de haber observado a muchísimos músicos por todo Madrid, hoy decidí hacer una clasificación de los músicos callejeros. Básicamente se dividen en aquellos a los que les gusta la música pero no se pueden ganar la vida como músicos y los que usan la música para ganar algún dinero.
Los primeros te pueden hacer disfrutar con su talento, mientras que los segundos pueden resultar dolorosamente irritantes a pesar de la pena que puedan inspirar.
Los primeros son auténticos, en el sentido de que uno percibe su arte, su talento sin trampa ni cartón, mientras que he observado que algunos de los segundos se sirven de la técnica para hacer como que son músicos cuando, en realidad, solo mueven los labios o pretenden tocar un instrumento.
Algunos se sirven de la técnica para aumentar el volumen hasta hacerlo desagradable, mientras que otros tocan "al natural", lo que resulta mucho más agradable.
Algunos son simpáticos y agradecidos, otros parecen indiferentes, satisfechos de poder dar rienda suelta a su pasión, y otros parecen francamente patéticos.
Yo tiendo a premiar el talento, consciente de lo difícil que resulta hacerse un hueco en el mundo del arte y, salvo que el volumen sea excesivo y más que un placer, la música se convierta en una agresión a mi sentido del oido y mi tranquilidad.
Los primeros te pueden hacer disfrutar con su talento, mientras que los segundos pueden resultar dolorosamente irritantes a pesar de la pena que puedan inspirar.
Los primeros son auténticos, en el sentido de que uno percibe su arte, su talento sin trampa ni cartón, mientras que he observado que algunos de los segundos se sirven de la técnica para hacer como que son músicos cuando, en realidad, solo mueven los labios o pretenden tocar un instrumento.
Algunos se sirven de la técnica para aumentar el volumen hasta hacerlo desagradable, mientras que otros tocan "al natural", lo que resulta mucho más agradable.
Algunos son simpáticos y agradecidos, otros parecen indiferentes, satisfechos de poder dar rienda suelta a su pasión, y otros parecen francamente patéticos.
Yo tiendo a premiar el talento, consciente de lo difícil que resulta hacerse un hueco en el mundo del arte y, salvo que el volumen sea excesivo y más que un placer, la música se convierta en una agresión a mi sentido del oido y mi tranquilidad.
domingo, 28 de marzo de 2010
Adicta al trabajo
Hace unos días se publicó un cuestionario en los periódicos con el que, después de contestar una serie de preguntas escogidas, uno podía dictaminar si es o no adicto al trabajo. Creo que como la mayoría de los trabajadores que leyeron la tal cosa me puse manos a la obra y fui contestando cada una de las preguntas, y el resultado fue... ¡qué soy adicta al trabajo!
Yo nunca lo hubiera pensado. También es cierto que no había que sacar un 100% de coincidencias para que el resultado fuera ese, como era mi caso, pero si bien no se trata de una adicción grave, el hecho está ahí, y me ha hecho reflexionar.
De resultas de ese comienzo de reflexión he caído en la cuenta de algunas actitudes que son, efectivamente, indicio de que el trabajo me absorbe más de lo que debiera, como el hecho de que a veces, me llevo problemas no resueltos a casa, que me preocupe que quién toma las decisiones, que en el 99,999 % de los casos no soy yo, no esté tomando la decisión que yo creo que es más correcta, porque sabe más el diablo por viejo que por diablo. Y pienso que todo eso no debería importarme, pero, por otro lado, si alguien se toma su trabajo en serio, si te gusta tu trabajo, todo eso no te puede dejar de importar, de manera que ¿dónde está el límite? ¿cómo se fija? Aquí no valen fórmulas matemáticas para calcular un límite, por tanto, cómo se puede decidir que hasta aquí es razonable llegar y más allá resulta perjudicial.
No lo sé. Qué puedo decir. NO TENGO NI IDEA. Creo que puedo estar rozando el límite si en mitad de realizar otra tarea me viene a la cabeza alguna cuestión de trabajo, aunque esto me sucede cuando estoy haciendo alguna cosa que no me absorbe por completo.
Por otro lado, creo que aun mantengo la mente abierta a muchísimas otras cosas, y mi vida no se reduce solo al trabajo, sino que me llaman y atraen muchísimas otras cosas, de hecho mis intereses son tan variados y numerosos que me resultaría difícil escoger uno sobre todos como mi favorito. Me muevo de uno a otro con, a veces, (y esto es un defecto mío) notoria ligereza, y dependiendo de mi estado de animo me inclino más por uno en un momento dado pero sin dejar de lado ninguno de los otros por completo, quedan ahí latentes, en hibernación hasta que la situación cambie y les sea más propicia.
Quizá esta adicción al trabajo sea la responsable del cansancio que siento últimamente. Pero de eso hablaremos otro día.
Yo nunca lo hubiera pensado. También es cierto que no había que sacar un 100% de coincidencias para que el resultado fuera ese, como era mi caso, pero si bien no se trata de una adicción grave, el hecho está ahí, y me ha hecho reflexionar.
De resultas de ese comienzo de reflexión he caído en la cuenta de algunas actitudes que son, efectivamente, indicio de que el trabajo me absorbe más de lo que debiera, como el hecho de que a veces, me llevo problemas no resueltos a casa, que me preocupe que quién toma las decisiones, que en el 99,999 % de los casos no soy yo, no esté tomando la decisión que yo creo que es más correcta, porque sabe más el diablo por viejo que por diablo. Y pienso que todo eso no debería importarme, pero, por otro lado, si alguien se toma su trabajo en serio, si te gusta tu trabajo, todo eso no te puede dejar de importar, de manera que ¿dónde está el límite? ¿cómo se fija? Aquí no valen fórmulas matemáticas para calcular un límite, por tanto, cómo se puede decidir que hasta aquí es razonable llegar y más allá resulta perjudicial.
No lo sé. Qué puedo decir. NO TENGO NI IDEA. Creo que puedo estar rozando el límite si en mitad de realizar otra tarea me viene a la cabeza alguna cuestión de trabajo, aunque esto me sucede cuando estoy haciendo alguna cosa que no me absorbe por completo.
Por otro lado, creo que aun mantengo la mente abierta a muchísimas otras cosas, y mi vida no se reduce solo al trabajo, sino que me llaman y atraen muchísimas otras cosas, de hecho mis intereses son tan variados y numerosos que me resultaría difícil escoger uno sobre todos como mi favorito. Me muevo de uno a otro con, a veces, (y esto es un defecto mío) notoria ligereza, y dependiendo de mi estado de animo me inclino más por uno en un momento dado pero sin dejar de lado ninguno de los otros por completo, quedan ahí latentes, en hibernación hasta que la situación cambie y les sea más propicia.
Quizá esta adicción al trabajo sea la responsable del cansancio que siento últimamente. Pero de eso hablaremos otro día.
Historias de cada día II
Más cosas curiosas.
Por alguna razón que no soy capaz de ver, casi todas las semanas al menos una persona me pregunta una dirección por la calle. No sé si a alguien más le sucede esto tan a menudo como a mí, pero es algo que no deja de llamarme la atención. De hecho, esta pasada semana recuerdo dos ocasiones.
Cierto es que ando mucho por la calle y por zonas más o menos céntricas, pero me han preguntado en todas partes, al lado del trabajo, a medio camino, al lado de mi casa. A mi alrededor hay muchas personas más en la mayoría de los casos, sin embargo me eligen a mi. No es que me moleste, al contrario me hace sentir bien ayudar a los demás en la medida de mis posibilidades, aunque no siempre tengo la respuesta correcta, pero me sorprende la frecuencia. Para mayor sorpresa, algunas veces llevo gafas de sol y voy escuchando música, lo que me hace pensar que yo no sería mi primera elección si tuviera que preguntar una dirección, pero como yo no me veo no sé que es lo que ven en mí esas personas que les lleva a pensar que les puedo ayudar a llegar a su destino.
Para redondear la paradoja, he de confesar que a mi no me gusta preguntar direcciones, cosa que achaco a mi timidez, aunque no puedo descartar un ápice de soberbia, y prefiero mirar un mapa y memorizarlo, así que ésta sea la razón que hace que me parezca tan sorprendente el que otra gente me pregunte lo que yo no preguntaría salvo que me encontrara en trance de muerte. El remate final es que a mi marido no le importa preguntar cuantas veces haga falta, con lo que no respondemos a ese tópico tan extendido de que a son los hombres los que rehusan preguntar si se pierden y las mujeres son más prácticas y no les importa hacerlo. Una razón más para no creer en los tópicos al pie de la letra.
Por alguna razón que no soy capaz de ver, casi todas las semanas al menos una persona me pregunta una dirección por la calle. No sé si a alguien más le sucede esto tan a menudo como a mí, pero es algo que no deja de llamarme la atención. De hecho, esta pasada semana recuerdo dos ocasiones.
Cierto es que ando mucho por la calle y por zonas más o menos céntricas, pero me han preguntado en todas partes, al lado del trabajo, a medio camino, al lado de mi casa. A mi alrededor hay muchas personas más en la mayoría de los casos, sin embargo me eligen a mi. No es que me moleste, al contrario me hace sentir bien ayudar a los demás en la medida de mis posibilidades, aunque no siempre tengo la respuesta correcta, pero me sorprende la frecuencia. Para mayor sorpresa, algunas veces llevo gafas de sol y voy escuchando música, lo que me hace pensar que yo no sería mi primera elección si tuviera que preguntar una dirección, pero como yo no me veo no sé que es lo que ven en mí esas personas que les lleva a pensar que les puedo ayudar a llegar a su destino.
Para redondear la paradoja, he de confesar que a mi no me gusta preguntar direcciones, cosa que achaco a mi timidez, aunque no puedo descartar un ápice de soberbia, y prefiero mirar un mapa y memorizarlo, así que ésta sea la razón que hace que me parezca tan sorprendente el que otra gente me pregunte lo que yo no preguntaría salvo que me encontrara en trance de muerte. El remate final es que a mi marido no le importa preguntar cuantas veces haga falta, con lo que no respondemos a ese tópico tan extendido de que a son los hombres los que rehusan preguntar si se pierden y las mujeres son más prácticas y no les importa hacerlo. Una razón más para no creer en los tópicos al pie de la letra.
Historias de cada día I
Salir a la calle con los ojos abiertos supone, a veces, encontrarse con situaciones curiosas, y otras veces, con comportamientos reprobables.
Como hace muchos días que no escribía nada me ha dado tiempo a recopilar unas cuantas. Empiezo por las negativas, aunque en honor a la verdad es siempre la misma, la actitud incivil de algunos "ciudadanos que se deshacen de su basura en mitad de la calle y con todo descaro. Ahora mismo tengo en mente al menos a tres personas a las que he observado soltar desperdicios en plena calle, dos peatones y un conductor. Estoy segura de que eso en su casa no lo harían, sin embargo lo hacen en la casa de todos que es la calle. Me indigna que haya personas que no consideren que la calle es también suya y que es su obligación mantenerla limpia. Es una pena observar nuestras calles sucias con papeles, cigarrillos y, literalmente, mierda, de perro, pero mierda al fin al cabo. Menos educación para la ciudadanía y más urbanidad es lo que nos hace falta, que lo primero es respetar el bien común.
Ahora vamos con lo curioso. Una chica en minifalda. Son las 8 de la mañana. Muchos chicos se dirigen al colegio a esas horas. En mi camino se cruza una chica en uniforme de colegio, pero la falda, tableada, apenas le cubre esa zona, que en otros tiempos, se denominaba pacatamente como pompis. La chica no hacía más que pasar las manos por la parte de atrás tratando de asegurarse cada pocos pasos que la falta seguía cubriendo, apenas, lo poco que podía cubrir y, tal vez, aunque ello sea imposible alargar la tela, ante la comprensión tardía de que con esa falda podía exponer más de lo que se proponía de su anatomía. Mi impresión es que no debía estar demasiado acostumbrada a llevar una minifalda o, por lo menos, una minifalda tan corta, y que esa falta de costumbre hacía que se sintiera insegura sobre la capacidad de cobertura de la prenda. Esa clase de ropa parece estupenda en las fotos y cuando una está quietecita, pero es poco o nada práctica para hacer vida normal, a no ser que a uno no le importe pecar de exhibicionismo. Yo no pude evitar pensar dos cosas, primero, que hay que ver las cosas que hacemos la mujeres por coquetería y, por otro, que yo, ni en mis momentos más coquetos me hubiera puesto algo así, aunque a veces también me guste presumir, simplemente por pura comodidad, siempre he sentido que mi lado práctico (tal vez masculino) es más fuerte que en otras mujeres y hay muchas cosas que yo nunca haría porque en mí prima la comodidad sobre determinados instintos de sacrificio femeninos. Es más, creo que a su edad no me puse jamás una minifalda, ni siquiera se me pasó por la mente, me puedo imaginar a mis compañeros de clase sin dejar de mirarme las piernas, cosa que me hubiera incomodado sobremanera, y las pocas que veces que he llevado una ha sido más talludita, y desde luego no para la vida diaria.
Como hace muchos días que no escribía nada me ha dado tiempo a recopilar unas cuantas. Empiezo por las negativas, aunque en honor a la verdad es siempre la misma, la actitud incivil de algunos "ciudadanos que se deshacen de su basura en mitad de la calle y con todo descaro. Ahora mismo tengo en mente al menos a tres personas a las que he observado soltar desperdicios en plena calle, dos peatones y un conductor. Estoy segura de que eso en su casa no lo harían, sin embargo lo hacen en la casa de todos que es la calle. Me indigna que haya personas que no consideren que la calle es también suya y que es su obligación mantenerla limpia. Es una pena observar nuestras calles sucias con papeles, cigarrillos y, literalmente, mierda, de perro, pero mierda al fin al cabo. Menos educación para la ciudadanía y más urbanidad es lo que nos hace falta, que lo primero es respetar el bien común.
Ahora vamos con lo curioso. Una chica en minifalda. Son las 8 de la mañana. Muchos chicos se dirigen al colegio a esas horas. En mi camino se cruza una chica en uniforme de colegio, pero la falda, tableada, apenas le cubre esa zona, que en otros tiempos, se denominaba pacatamente como pompis. La chica no hacía más que pasar las manos por la parte de atrás tratando de asegurarse cada pocos pasos que la falta seguía cubriendo, apenas, lo poco que podía cubrir y, tal vez, aunque ello sea imposible alargar la tela, ante la comprensión tardía de que con esa falda podía exponer más de lo que se proponía de su anatomía. Mi impresión es que no debía estar demasiado acostumbrada a llevar una minifalda o, por lo menos, una minifalda tan corta, y que esa falta de costumbre hacía que se sintiera insegura sobre la capacidad de cobertura de la prenda. Esa clase de ropa parece estupenda en las fotos y cuando una está quietecita, pero es poco o nada práctica para hacer vida normal, a no ser que a uno no le importe pecar de exhibicionismo. Yo no pude evitar pensar dos cosas, primero, que hay que ver las cosas que hacemos la mujeres por coquetería y, por otro, que yo, ni en mis momentos más coquetos me hubiera puesto algo así, aunque a veces también me guste presumir, simplemente por pura comodidad, siempre he sentido que mi lado práctico (tal vez masculino) es más fuerte que en otras mujeres y hay muchas cosas que yo nunca haría porque en mí prima la comodidad sobre determinados instintos de sacrificio femeninos. Es más, creo que a su edad no me puse jamás una minifalda, ni siquiera se me pasó por la mente, me puedo imaginar a mis compañeros de clase sin dejar de mirarme las piernas, cosa que me hubiera incomodado sobremanera, y las pocas que veces que he llevado una ha sido más talludita, y desde luego no para la vida diaria.
miércoles, 17 de marzo de 2010
Sobre el aborto
Estos días se ha hablado mucho sobre el aborto y yo tenía intención de escribir algo al respecto puesto que es un tema que lejos de dejarme indiferente me produce mucha pena. Sin embargo he encontrado un editorial que publicó Miguel Delibes en ABC y que expresa muy bien mi sentir, y mucho mejor de lo que yo podría hacerlo. A continuación está el enlace para leerlo.
http://www.abc.es/hemeroteca/historico-14-03-2010/abc/Opinion/aborto-libre-y-progresismo_114162721125.html
http://www.abc.es/hemeroteca/historico-14-03-2010/abc/Opinion/aborto-libre-y-progresismo_114162721125.html
sábado, 27 de febrero de 2010
La tormenta perfecta
Llevan días avisándonos de que se acerca la tormenta perfecta.
Parecía que se estuviera acercando un desastre de proporciones bíblicas.
Sopla aire, es cierto, pero no más que en otras ocasiones.
Llueve, pero no más que en días anteriores.
La meteorología no es una ciencia exacta.
El tiempo es un enigma.
El tiempo es impredecible.
Parecía que se estuviera acercando un desastre de proporciones bíblicas.
Sopla aire, es cierto, pero no más que en otras ocasiones.
Llueve, pero no más que en días anteriores.
La meteorología no es una ciencia exacta.
El tiempo es un enigma.
El tiempo es impredecible.
viernes, 26 de febrero de 2010
Birmingham
Hace casi una eternidad desde que escribí por última vez, y es que, como ya he dicho más de una vez, el tiempo se pasa volando y hay demasiadas cosas que hacer.
Una de las que me ha ocupado en este periodo de silencio ha sido viajar a la ciudad de Birmingham, en el Reino Unido, especifico porque me dí cuenta de que hay otro Birmingham en Alabama, E.E.U.U.
Esta visita no tenía fines turísticos, aunque como viajera vocacional e impenitente que soy, no dejara pasar la oportunidad de conocer un poco el lugar.
La visita tenía como objeto hacer algo de compañía a la madre de un amigo de mi marido fallecido hace ya tres años. Ella es viuda desde hace 30 años, está sola, es de origen finlandés y, por tanto, su familia más cercana en Finlandia, y sus amigos también han ido falleciendo. La casa está llena de libros que dejó su hijo, y necesita reparaciones, para lo cual necesita ayuda para manejar tanto libro. En realidad, no le ayudamos mucho con los libros, tan solo rescatamos algunos que pertenecían a mi marido y fueron prestados en su día, y tomamos algunos otros que ella no estaba interesada en conservar. Sobre todo le hicimos compañía, de lo que, a juzgar por su reacción, estaba muy necesitada. Es triste ver tan sola a una persona de 80 años, aunque se valga bien por si misma. Al menos tiene la compañía de dos gatos.
Resultaba también muy curioso que después de haber vivido tantos años allí, casada con un irlandés y madre de un inglés, su inglés resulte tan elemental, a veces nos costaba trabajo entenderla y cometía muchos errores de sintaxis y pronunciación, aunque lo cierto es que a estas alturas, ya le dé lo mismo corregirlos que no.
En cuanto a la ciudad en si, creo que no he conocido un enclave menos orientado al turismo que Birmingham.
El primer problema era llegar allí desde Madrid. Sorprendentemente no existen vuelos directos desde la capital de España, pero sí desde Alicante o Lanzarote. Conectar dos vuelos también era un problema ya que, al parecer, de todos los aeropuertos de destino en Londres solo uno de ellos tiene vuelos a Birmingham. El resultado es que resultaba increiblemente caro o demasiado largo, en el caso de probar otras conexiones vía alguna otra ciudad europea. Desechado esto, optamos por volar a Londinium y tomar otro medio de transporte con destino al noroeste. Elegimos coger el metro hasta la estación de Euston y desde allí el tren. Dada la hora a la que llegamos resultó la opción más cara, ya que las tarifas van en función de la demanda y justo estábamos en hora punta. Eso sí, el tren era bastante cómodo y tardó poco más de una hora.
El transporte público está cubierto por autobuses y algunas lineas de ferrocarril. Los autobuses parecen ser frecuentes pero son muy caros y obligan además a llevar el importe del billete exacto, porque hay que introducirlo en una máquina que, para mayor complicación no da el cambio. Como eramos dos, el importe mínimo eran tres libras cincuenta en monedas, que no teníamos por ser recien llegados al lugar. Existía la posibilidad de sacar un billete válido para todo el día, al precio de tres libras y algunos peniques, también en monedas sueltas. Al final terminamos cogiendo taxis para ir a todas partes, o andando algunos tramos, ya que no disponiamos de tiempo para investigar posibles alternativas o aprender a utilizar el sistema de autobuses sin conocer la ciudad a fondo.
El hotel fue otra peculiar experiencia. Aparentemente era un sitio muy bonito, y de hecho el frente y el vestibulo lo eran. La habitación y el camino hacia esta no lo eran tanto. A favor hay que decir que era tranquilo, la cama era muy comoda, la habitación estaba caliente, la ducha funcionaba bien, y la comida del desayuno era buena. En contra que no había ascensor, había que recorrer un largo pasillo lleno de puestas hasta la habitación, algunos muebles se caían a pedazos, a alguna lampara le faltaba la bombilla, se echaban de menos algunos enchufes, el teléfono no funcionaba y las toallas eran un poco pequeñas. Puesto en la balanza creo que, a pesar de todo, de tener que volver repetiría en ese hotel.
El centro en sí, es más agradable, aunque lo "turístico" se reduce a una plaza muy grande y algunas calles y edificios aledaños. Hay muchas tiendas y centros comerciales. Visitamos el museo de arte que tiene un poco de todo, sin embargo, lo que más me impresionó fue el diseño del edificio.
Al lado del hotel está el Oratorio de San Felipe Neri, un edificio un tanto anodino por fuera pero con una preciosa iglesia dentro, y que fue hogar durante muchos años del Cardenal John Henry Newman que está a punto de ser beatificado.
La vuelta la realizamos en autobus de linea, tras averiguar que nos llevaba directos al aeropuerto y, además, resultaba mucho más barato y el horario nos venía bastante bien.
Una visita de lo más peculiar. Como remate, volviendo sobrevolamos Madrid y pude ver el estadio Vicente Calderón iluminado porque iban a jugar el Atletí con el Barça y quedaba muy bonito visto de noche y desde el aire.
Y lo mejor de todo es que no se nos perdió ninguna maleta.
Una de las que me ha ocupado en este periodo de silencio ha sido viajar a la ciudad de Birmingham, en el Reino Unido, especifico porque me dí cuenta de que hay otro Birmingham en Alabama, E.E.U.U.
Esta visita no tenía fines turísticos, aunque como viajera vocacional e impenitente que soy, no dejara pasar la oportunidad de conocer un poco el lugar.
La visita tenía como objeto hacer algo de compañía a la madre de un amigo de mi marido fallecido hace ya tres años. Ella es viuda desde hace 30 años, está sola, es de origen finlandés y, por tanto, su familia más cercana en Finlandia, y sus amigos también han ido falleciendo. La casa está llena de libros que dejó su hijo, y necesita reparaciones, para lo cual necesita ayuda para manejar tanto libro. En realidad, no le ayudamos mucho con los libros, tan solo rescatamos algunos que pertenecían a mi marido y fueron prestados en su día, y tomamos algunos otros que ella no estaba interesada en conservar. Sobre todo le hicimos compañía, de lo que, a juzgar por su reacción, estaba muy necesitada. Es triste ver tan sola a una persona de 80 años, aunque se valga bien por si misma. Al menos tiene la compañía de dos gatos.
Resultaba también muy curioso que después de haber vivido tantos años allí, casada con un irlandés y madre de un inglés, su inglés resulte tan elemental, a veces nos costaba trabajo entenderla y cometía muchos errores de sintaxis y pronunciación, aunque lo cierto es que a estas alturas, ya le dé lo mismo corregirlos que no.
En cuanto a la ciudad en si, creo que no he conocido un enclave menos orientado al turismo que Birmingham.
El primer problema era llegar allí desde Madrid. Sorprendentemente no existen vuelos directos desde la capital de España, pero sí desde Alicante o Lanzarote. Conectar dos vuelos también era un problema ya que, al parecer, de todos los aeropuertos de destino en Londres solo uno de ellos tiene vuelos a Birmingham. El resultado es que resultaba increiblemente caro o demasiado largo, en el caso de probar otras conexiones vía alguna otra ciudad europea. Desechado esto, optamos por volar a Londinium y tomar otro medio de transporte con destino al noroeste. Elegimos coger el metro hasta la estación de Euston y desde allí el tren. Dada la hora a la que llegamos resultó la opción más cara, ya que las tarifas van en función de la demanda y justo estábamos en hora punta. Eso sí, el tren era bastante cómodo y tardó poco más de una hora.
El transporte público está cubierto por autobuses y algunas lineas de ferrocarril. Los autobuses parecen ser frecuentes pero son muy caros y obligan además a llevar el importe del billete exacto, porque hay que introducirlo en una máquina que, para mayor complicación no da el cambio. Como eramos dos, el importe mínimo eran tres libras cincuenta en monedas, que no teníamos por ser recien llegados al lugar. Existía la posibilidad de sacar un billete válido para todo el día, al precio de tres libras y algunos peniques, también en monedas sueltas. Al final terminamos cogiendo taxis para ir a todas partes, o andando algunos tramos, ya que no disponiamos de tiempo para investigar posibles alternativas o aprender a utilizar el sistema de autobuses sin conocer la ciudad a fondo.
El hotel fue otra peculiar experiencia. Aparentemente era un sitio muy bonito, y de hecho el frente y el vestibulo lo eran. La habitación y el camino hacia esta no lo eran tanto. A favor hay que decir que era tranquilo, la cama era muy comoda, la habitación estaba caliente, la ducha funcionaba bien, y la comida del desayuno era buena. En contra que no había ascensor, había que recorrer un largo pasillo lleno de puestas hasta la habitación, algunos muebles se caían a pedazos, a alguna lampara le faltaba la bombilla, se echaban de menos algunos enchufes, el teléfono no funcionaba y las toallas eran un poco pequeñas. Puesto en la balanza creo que, a pesar de todo, de tener que volver repetiría en ese hotel.
El centro en sí, es más agradable, aunque lo "turístico" se reduce a una plaza muy grande y algunas calles y edificios aledaños. Hay muchas tiendas y centros comerciales. Visitamos el museo de arte que tiene un poco de todo, sin embargo, lo que más me impresionó fue el diseño del edificio.
Al lado del hotel está el Oratorio de San Felipe Neri, un edificio un tanto anodino por fuera pero con una preciosa iglesia dentro, y que fue hogar durante muchos años del Cardenal John Henry Newman que está a punto de ser beatificado.
La vuelta la realizamos en autobus de linea, tras averiguar que nos llevaba directos al aeropuerto y, además, resultaba mucho más barato y el horario nos venía bastante bien.
Una visita de lo más peculiar. Como remate, volviendo sobrevolamos Madrid y pude ver el estadio Vicente Calderón iluminado porque iban a jugar el Atletí con el Barça y quedaba muy bonito visto de noche y desde el aire.
Y lo mejor de todo es que no se nos perdió ninguna maleta.
sábado, 6 de febrero de 2010
La frustración de escribir relatos
Cuando decidí escribir este blog, lo hice porque sentía unas ganas enormes de escribir, de poner mis pensamientos en palabras que vivieran un poco más que las que salen de mi boca, pero, para los que nos gusta escribir, la ambición siempre va un poco más allá de escribir unos artículos o entradas de blog que, aunque nos producen el gratificante efecto de ver un trabajo más o menos terminado, no acaba de matar ese gusanillo. El siguiente paso sería, pues, el de escribir un relato, aunque sea corto, y subir un peldaño más en la empinada escalera del arte de la literatura.
A tal efecto, mi buen amigo The writer me ha dejado un libro llamado "La práctica del relato" de Angel Zapata. De lo que llevo leído hasta ahora, todo lo que dice es, según reconoce el mismo autor, básicamente de sentido común, y la teoría no podría ser más sencilla, sin embargo, cuando llega el momento de poner eso en práctica y uno intenta escribir un relato mínimamente legible el sentido común parece hacer mutis por el foro, la inspiración nos juega malas pasadas y todo aquello que en nuestra mente parecía tener todo el sentido del mundo y ser algo menos de un premio Pulitzer, al trasponerlo al papel pierde todo su encanto, toda su belleza y no es más que un conjunto de palabras anodino y soso. La gran idea no era tal y el relato apenas resiste una segunda lectura y, mucho menos, una tercera. ¿Qué pasó? Que hacer una entrada del blog es como dar una carrera corta para alcanzar el autobús, pero correr más de cinco minutos seguidos al mismo ritmo requiere preparación. Así escribir una entrada no requiere un esfuerzo continuado, mientras que relato reclama continuidad y perseverancia, sin olvidar un gran sentido de autocrítica. Es más, como en todo arte, la teoría es sencilla cuando se tiene talento para ello, pero cuando el talento es escaso o limitado la teoría, por muy de sentido común que sea, requiere de un trabajo duro y tenaz. Si, además, uno dispone de poco tiempo para dedicarlo a realizar ese trabajo, uno no puede dejar de sentir una amarga frustración, primero porque parece que nunca va a ver su trabajo culminado, y segundo, porque, las más de las veces, si lo ve le resulta muy poco satisfactorio y, entonces, no puede dejar de cuestionar si verdaderamente el mundo se perdería mucho si se olvidara para siempre de escribir. No obstante, como la razón para escribir no es la de buscar la fama o el reconocimiento, que si llegaran serían bienvenidos, sino el responder a una necesidad vital parecida, que no igual, al comer o al dormir, la frustración se va sobrellevando y se posponen otras aspiraciones a cuando los hijos sean mayores o, en momentos de depresión, a que las ranas críen pelo.
Mientras tanto seguiré escribiendo entradas en el blog, que me proporcionan ese pequeño desahogo, de que, por lo menos, podemos correr un pequeño sprint, al ver un escrito terminado y publicado, y, a lo mejor, si seguimos entrenando, podremos, algún día, correr una carrera de fondo.
A tal efecto, mi buen amigo The writer me ha dejado un libro llamado "La práctica del relato" de Angel Zapata. De lo que llevo leído hasta ahora, todo lo que dice es, según reconoce el mismo autor, básicamente de sentido común, y la teoría no podría ser más sencilla, sin embargo, cuando llega el momento de poner eso en práctica y uno intenta escribir un relato mínimamente legible el sentido común parece hacer mutis por el foro, la inspiración nos juega malas pasadas y todo aquello que en nuestra mente parecía tener todo el sentido del mundo y ser algo menos de un premio Pulitzer, al trasponerlo al papel pierde todo su encanto, toda su belleza y no es más que un conjunto de palabras anodino y soso. La gran idea no era tal y el relato apenas resiste una segunda lectura y, mucho menos, una tercera. ¿Qué pasó? Que hacer una entrada del blog es como dar una carrera corta para alcanzar el autobús, pero correr más de cinco minutos seguidos al mismo ritmo requiere preparación. Así escribir una entrada no requiere un esfuerzo continuado, mientras que relato reclama continuidad y perseverancia, sin olvidar un gran sentido de autocrítica. Es más, como en todo arte, la teoría es sencilla cuando se tiene talento para ello, pero cuando el talento es escaso o limitado la teoría, por muy de sentido común que sea, requiere de un trabajo duro y tenaz. Si, además, uno dispone de poco tiempo para dedicarlo a realizar ese trabajo, uno no puede dejar de sentir una amarga frustración, primero porque parece que nunca va a ver su trabajo culminado, y segundo, porque, las más de las veces, si lo ve le resulta muy poco satisfactorio y, entonces, no puede dejar de cuestionar si verdaderamente el mundo se perdería mucho si se olvidara para siempre de escribir. No obstante, como la razón para escribir no es la de buscar la fama o el reconocimiento, que si llegaran serían bienvenidos, sino el responder a una necesidad vital parecida, que no igual, al comer o al dormir, la frustración se va sobrellevando y se posponen otras aspiraciones a cuando los hijos sean mayores o, en momentos de depresión, a que las ranas críen pelo.
Mientras tanto seguiré escribiendo entradas en el blog, que me proporcionan ese pequeño desahogo, de que, por lo menos, podemos correr un pequeño sprint, al ver un escrito terminado y publicado, y, a lo mejor, si seguimos entrenando, podremos, algún día, correr una carrera de fondo.
viernes, 5 de febrero de 2010
Sobre la vida II: La pervivencia de las imágenes.
Antes de que volver a ver una película que volviera a traer a mi consciencia imágenes de mi infancia, ya mientras leía algunos párrafos de Proust, mi mente había comenzado a reflexionar porque algunas imágenes muy concretas se quedan permanentemente grabadas en nuestra memoria de entre los cientos, miles de ellas que vemos cada día y los millones que habremos visto durante nuestra vida. Sin embargo, algunas de ellas permanecen en el tiempo y nos es posible traerlas una y otra vez, y verlas en nuestra mente aun cuando haya pasado mucho tiempo. Porque lo cierto y verdad es que tenemos unos álbumes de fotos y vídeos almacenados en nuestro incomprensible cerebro. ¿Por qué esas imágenes y no otras han dejando esa huella permanente en nuestro archivo visual? En mi experiencia, la inmensa mayoría está asociada a sensaciones, casi siempre placenteras, algunas muy placenteras y, en algún caso, desagradables. Otras simplemente nos sorprendieron porque no estábamos preparados para ser testigos de ese hecho concreto. Unas cuantas quedaron grabadas por simple repetición, rutinas de nuestra infancia, por ejemplo. Unas pocas han recibido trato de favor, y voluntariamente hemos hecho el esfuerzo de almacenarlas porque su valor, bien por su unicidad, bien por su belleza o cualquier otro atributo, es muy superior para nosotros a todo lo tenemos ocasión de ver cada día.
Dentro de este catálogo también una gradación, y algunas permanecen siempre más vívidas que otras, independientemente de su antigüedad, mientras que otras se van difuminando como una foto antigua que va perdiendo su contraste y su brillo. Hay algunas que tienen una cierta vida propia, lo que consiste en que se nos aparecen no solo cuando las evocamos con nuestra voluntad, sino que aparecen así, por la buenas, y nos persiguen como un fantasma juguetón (aquí Freud, probablemente tendría alguna observación sobre conflictos no resueltos, obsesiones y demás).
No deja de ser curioso también, que con mucha frecuencia, algunas se desvanezcan con el uso, y que, cuanto más empeño pongamos en evocarlas, más difícil nos resulte verlas con claridad. Sucede mucho con las imágenes de seres queridos de los que, por fuerza, nos vemos distanciados, siendo el caso más triste el de los fallecidos, ya que tenemos la dolorosa certeza de que no nos volveremos a ver en este mundo. Es en estos casos cuando nos vemos obligados a recurrir a las fotos en papel, ahora en ordenador, para poder recordar unas facciones o un gesto característico de ese ser extrañado.
Yo tengo muchas imágenes recurrentes de este último año, algunas están claramente asociadas a momentos de diversión o placer y otras, están ahí y no sé exactamente porque, tal vez no lo sepa nunca, o puede que, según Freud no lo llegue a admitir nunca. ¡Qué cosas tiene el estar vivo!
Dentro de este catálogo también una gradación, y algunas permanecen siempre más vívidas que otras, independientemente de su antigüedad, mientras que otras se van difuminando como una foto antigua que va perdiendo su contraste y su brillo. Hay algunas que tienen una cierta vida propia, lo que consiste en que se nos aparecen no solo cuando las evocamos con nuestra voluntad, sino que aparecen así, por la buenas, y nos persiguen como un fantasma juguetón (aquí Freud, probablemente tendría alguna observación sobre conflictos no resueltos, obsesiones y demás).
No deja de ser curioso también, que con mucha frecuencia, algunas se desvanezcan con el uso, y que, cuanto más empeño pongamos en evocarlas, más difícil nos resulte verlas con claridad. Sucede mucho con las imágenes de seres queridos de los que, por fuerza, nos vemos distanciados, siendo el caso más triste el de los fallecidos, ya que tenemos la dolorosa certeza de que no nos volveremos a ver en este mundo. Es en estos casos cuando nos vemos obligados a recurrir a las fotos en papel, ahora en ordenador, para poder recordar unas facciones o un gesto característico de ese ser extrañado.
Yo tengo muchas imágenes recurrentes de este último año, algunas están claramente asociadas a momentos de diversión o placer y otras, están ahí y no sé exactamente porque, tal vez no lo sepa nunca, o puede que, según Freud no lo llegue a admitir nunca. ¡Qué cosas tiene el estar vivo!
Sobre la vida I: Vuelta a la infancia (Los tres mosqueteros, 1948)
Hoy he tenido de ver en televisión un ratito de una película que está asociada a muchos recuerdos de mi infancia, dicha película es la versión de 1948 de "Los tres mosqueteros", con Gene Kelly, Van Heflin, Vincent Price, June Allyson, Lana Turner y Angela Lansbury entre otros conocidos actores de Hollywood de la época. Por alguna razón que desconozco era programada con cierta frecuencia en la televisión de mi infancia, casi siempre durante las vacaciones de Navidad, ya que está indisolublemente asociada a las comidas de Navidad que se celebraban en casa de mis abuelos, y en las que mis cuatro primos, mi hermano pequeño y yo, jugábamos a recrear algunas películas que nos habían llamado particularmente nuestra infantil atención. A mi me asignaban el papel de la malvada y sensual Milady de Winter.
Verla hoy ha traído a mi mente una miríada de gratos recuerdos de la infancia, una mente que ya había sido sugestionada por la lectura pausada (sí, ya sé que hace meses que empecé el libro) de "En busca del tiempo perdido" de M. Proust. Si bien ahora soy más consciente de lo poco verídica que resulta la puesta en escena, no puedo por menos que admirar lo bien hecha que está, para su época, con todo detalle y con un ritmo frenético y muchos toques de humor. Puede que no sea la mejor película, ni la más fiel representación de la novela de Alejandro Dumas, padre, pero siempre la recordaré y veré con cariño y un punto de nostalgia, como parte que es de mis vivencias infantiles, gratas, y que ya entonces, marcaron mi amor por el cine.
Verla hoy ha traído a mi mente una miríada de gratos recuerdos de la infancia, una mente que ya había sido sugestionada por la lectura pausada (sí, ya sé que hace meses que empecé el libro) de "En busca del tiempo perdido" de M. Proust. Si bien ahora soy más consciente de lo poco verídica que resulta la puesta en escena, no puedo por menos que admirar lo bien hecha que está, para su época, con todo detalle y con un ritmo frenético y muchos toques de humor. Puede que no sea la mejor película, ni la más fiel representación de la novela de Alejandro Dumas, padre, pero siempre la recordaré y veré con cariño y un punto de nostalgia, como parte que es de mis vivencias infantiles, gratas, y que ya entonces, marcaron mi amor por el cine.
miércoles, 3 de febrero de 2010
En la intimidad de un hospital
Ayer operaron a mi madre de un dedo de la mano. Fue una operación ambulatoria, lo cual quiere decir, básicamente, que no se duerme en el hospital pero que te pasas gran parte del día allí. Como, además, se trataba de un hospital público, las habitaciones donde de ingresan son dobles y suelen estar completas. Ayer, pues, nos toco compartir la habitación con otra mujer y, claro está, con sus familiares. Entre las dos camas la única separación es una cortina, de manera que cualquier conversación es perfectamente audible para los vecinos de cama. Y como resultado tuve la oportunidad de escuchar como una de las hijas se había acostado con su novio por primera vez, le había dejado, había vuelto con él, se habían casado, después se habían separado y, para remate, que solo ahora había empezado a disfrutar del sexo porque, al principio, le resultaba bastante repulsivo. Todo esto en el espacio de una hora, mientras esperaba que trajeran a mi madre de vuelta de su operación e intentaba hacer unos sudokus para distraerme. Prometo que no intenté, bajo ningún concepto, escuchar, era simplemente imposible no hacerlo. Así como podemos cerrar los ojos, mi dominio sobre los músculos de mi cabeza no alcanza a poder mover mis orejas para orientarlas en otra dirección o taparlas sin hacer uso de mis manos en forma que delate mi propósito de no seguir escuchando.
A todo esto, yo me puse a reflexionar y saque las siguientes conclusiones:
1ª. Por mucho que se intente es imposible mantener la intimidad en una habitación de 7x3 m. con dos camas y cuatro sillas.
2ª. El sentido del pudor se está perdiendo y somos capaces de mantener las conversaciones más peculiares aun cuando seamos conscientes de que hay otras personas desconocidas en nuestro radio de escucha.
3ª Hay que ver las cosas de que somos capaces las mujeres.
4ª La vida aún sigue deparándome sorpresas.
A todo esto, yo me puse a reflexionar y saque las siguientes conclusiones:
1ª. Por mucho que se intente es imposible mantener la intimidad en una habitación de 7x3 m. con dos camas y cuatro sillas.
2ª. El sentido del pudor se está perdiendo y somos capaces de mantener las conversaciones más peculiares aun cuando seamos conscientes de que hay otras personas desconocidas en nuestro radio de escucha.
3ª Hay que ver las cosas de que somos capaces las mujeres.
4ª La vida aún sigue deparándome sorpresas.
domingo, 31 de enero de 2010
Del amor, la caridad y una lata de sardinas
Muy a menudo en los sermones que escucho los domingos durante misa, el sacerdote nos recuerda el amor al prójimo y la caridad, y lo necesarios que son para alcanzar el cielo. Y el sermón de hoy me llevó a la reflexión de que, efectivamente, no basta con evitar el pecado, lo que no siempre es fácil, sino que además, si queremos ser merecedores del cielo hemos de amar a nuestro prójimo en el más amplio sentido de la palabra. Y aquí es donde entra en juego la caridad, no la caridad como vulgarmente la entendemos de dar unas monedas a ese mendigo que, desgraciadamente, encontramos en cada esquina de las calles que recorremos cada día, sino la caridad en su más trabajoso sentido, ese que supone tolerar, sobrellevar con paciencia, cariño y alegría los defectos de los demás, al igual que ellos nos soportan a nosotros. Y eso, en este mundo de hoy, tan sumamente egoísta, es una tarea ardua, porque, incluso en aquellos que amamos (padres, hijos, esposos, amigos) somos siempre aterradoramente conscientes de sus faltas y defectos, y prestos a tomarlos en cuenta y sentirnos ofendidos, cuanto más en aquellos por quienes no sentimos ningún cariño, bien por que nos sean indiferentes, o por aquellos a quienes consciente o inconscientemente sentimos aversión o, incluso, odio. Es harto difícil ser verdaderamente caritativo, incluso con los que queremos, y muchas veces solo nos damos cuenta de ello después de algún enfado o de un susto. Esa debiera ser nuestro verdadero objetivo en la vida y, tal vez, si todos lo fuéramos un poco más, la vida fuera un poco más justa y llevadera para todos. Por supuesto, sin olvidar que debemos evitar el pecado, en tanto que objetivamente malo para el bien común, porque los mandamientos, al fin y al cabo, son puro sentido común, no robar, no mentir, no matar no son solo moralmente malos, la ética los rechaza también como actos contrarios a la sociedad y al bien común.
Y, a todo esto, os preguntaréis ¿dónde encaja aquí la lata de sardinas?, bien, la respuesta es que, una vez, un mendigo, en vez de pedirme dinero a la puerta de un supermercado me pidió que le comprara una lata de sardinas para comer, y aunque me esté mal el decirlo, fue una de las veces en que más a gusto me quedé al hacer una obra de caridad, porque tuve la certeza de que lo iba a usar para algo verdaderamente necesario: comer. Y es que, cuando tenemos caridad, aunque sea algo tan prosaico como ayudar a alguien que lo necesita, no solo hacemos a los demás sentirse bien, generalmente, también nos sentimos bien nosotros, y así sucesivamente.
Y, a todo esto, os preguntaréis ¿dónde encaja aquí la lata de sardinas?, bien, la respuesta es que, una vez, un mendigo, en vez de pedirme dinero a la puerta de un supermercado me pidió que le comprara una lata de sardinas para comer, y aunque me esté mal el decirlo, fue una de las veces en que más a gusto me quedé al hacer una obra de caridad, porque tuve la certeza de que lo iba a usar para algo verdaderamente necesario: comer. Y es que, cuando tenemos caridad, aunque sea algo tan prosaico como ayudar a alguien que lo necesita, no solo hacemos a los demás sentirse bien, generalmente, también nos sentimos bien nosotros, y así sucesivamente.
Ese rinconcito del alma
Creo que todos tenemos un rinconcito del alma que reservamos para recogernos cuando las cosas no nos van bien, cuando hemos discutido con alguien o cuando nos sentimos solos e incomprendidos. Es un lugar donde nos lamemos las heridas y tratamos de recomponer nuestro orgullo, donde, a veces, nos sentimos víctimas e incomprendidos, o donde, otras veces, tratamos de reafirmarnos en nuestros convencimientos que nadie más comprende.
Es un lugar recóndito, escondido, al que, normalmente, no dejamos que nadie más acceda, ni siquiera aquellos que más amamos o nos aman, porque es un lugar muy íntimo y delicado, un lugar precioso y frágil, donde nos podemos encerrar durante horas, días, algunos incluso años, o solo unos minutos hasta que recuperamos la fuerza para seguir enfrentándonos a ese mundo hostil que nos rodea.
Es un lugar recóndito, escondido, al que, normalmente, no dejamos que nadie más acceda, ni siquiera aquellos que más amamos o nos aman, porque es un lugar muy íntimo y delicado, un lugar precioso y frágil, donde nos podemos encerrar durante horas, días, algunos incluso años, o solo unos minutos hasta que recuperamos la fuerza para seguir enfrentándonos a ese mundo hostil que nos rodea.
jueves, 28 de enero de 2010
Shuttle launch
El próximo 7 de febrero se producirá, Dios mediante, el lanzamiento de la nave Endevour con un cargamento destinado la Estación Espacial Internacional, a eso de las diez y media de la mañana, hora de España.
Por supuesto, intentaré ver el lanzamiento que, como siempre, será transmitido a través de la página web de la Nasa: http://www.nasa.gov/.
Por supuesto, intentaré ver el lanzamiento que, como siempre, será transmitido a través de la página web de la Nasa: http://www.nasa.gov/.
El camino
El camino puede ser largo o corto. Puede ser siempre igual o cambiante. Puede ser llano o puede ser cuesta arriba, cuesta abajo y hasta alternar una cosa y otra. A veces resbaladizo, otras tan pino que se hace muy difícil continuar. A veces es revirado, lo que nos hace perder la orientación.
Muchas veces se bifurca, obligándonos a elegir, sin vuelta atrás. Otras veces uno se reencuentra con el camino que no eligió antes.
En ocasiones se interrumpe abruptamente y caemos. Otras se va vislumbrando el final dándonos la oportunidad de prepararnos.
Cada recodo es imprevisible. Muchas veces los arboles nos impiden, no ya ver el bosque, sino observar el tiempo para poder resguardarnos a tiempo del chaparrón. Otras veces vamos tan distraidos mirando el paisaje que pasamos otros caminos por alto.
A menudo vamos recogiendo objetos por camino, de modo que cada vez vamos más cargados y eso nos hace más pesado el camino, y el mismo camino nos obliga a desprendernos de ellos para poder continuar. Otras vamos tan ligeros que nos faltan cosas cuando más las necesitamos.
Si nos preocupamos demasiado por la dureza del camino nos podremos perder ese paisaje que corta la respiración por su belleza. Y si nos obsesionamos por el paisaje podríamos tropezar con las piedras del camino.
Siempre nos cruzamos con otros viajeros, unos nos acompañaran durante un tiempo. Unas veces los dejaremos atrás nosotros a ellos y, otras, ellos a nosotros. Unas veces nos tiraran piedras y otras nos darán flores y fruta. Algunos nos ayudaran cuando el camino se nos haga difícil y otros, en fin, nos pondrán la zancadilla para impedir que sigamos por el que creen su camino.
A veces habrá suficiente luz para guiarnos, y otras tendremos que caminar a tientas.
El camino es imprevisible.
Muchas veces se bifurca, obligándonos a elegir, sin vuelta atrás. Otras veces uno se reencuentra con el camino que no eligió antes.
En ocasiones se interrumpe abruptamente y caemos. Otras se va vislumbrando el final dándonos la oportunidad de prepararnos.
Cada recodo es imprevisible. Muchas veces los arboles nos impiden, no ya ver el bosque, sino observar el tiempo para poder resguardarnos a tiempo del chaparrón. Otras veces vamos tan distraidos mirando el paisaje que pasamos otros caminos por alto.
A menudo vamos recogiendo objetos por camino, de modo que cada vez vamos más cargados y eso nos hace más pesado el camino, y el mismo camino nos obliga a desprendernos de ellos para poder continuar. Otras vamos tan ligeros que nos faltan cosas cuando más las necesitamos.
Si nos preocupamos demasiado por la dureza del camino nos podremos perder ese paisaje que corta la respiración por su belleza. Y si nos obsesionamos por el paisaje podríamos tropezar con las piedras del camino.
Siempre nos cruzamos con otros viajeros, unos nos acompañaran durante un tiempo. Unas veces los dejaremos atrás nosotros a ellos y, otras, ellos a nosotros. Unas veces nos tiraran piedras y otras nos darán flores y fruta. Algunos nos ayudaran cuando el camino se nos haga difícil y otros, en fin, nos pondrán la zancadilla para impedir que sigamos por el que creen su camino.
A veces habrá suficiente luz para guiarnos, y otras tendremos que caminar a tientas.
El camino es imprevisible.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)