Obviamente no puedo de dejar de comentar los aciertos del pulpo Paul que son realmente sorprendentes. Cuando se decantó por España en vez de Alemania como equipo vencedor de la semifinal parecía demasiado bonito para ser cierto, pero ahí está, ganamos, y el pulpo volvió a acertar. Es, sin duda, un caso digno de estudio. Por cierto, no quiero saber que es lo que predice para la final, aunque ya se equivocó una vez en la final de la Eurocopa que ganó España. Con todo prefiero no saberlo aunque va a ser difícil sustraerse al exceso de información que va a rodear ese partido.
Por supuesto estoy encantada con la victoria de España. Como futbolera y emigrante (durante un tiempo) me llena de orgullo ver que destacamos en algo y que somos noticia en todo el mundo por algo digno de encomienda, ya sea Rafa Nadal, Gasol o la selección Española de fútbol.
Otra cosa que me ha llamado la atención es la cara de resignación de los niños que van en carrito cuando sus madres van de compras a una tienda de ropa en rebajas. Si la tienda es grande y hay mucho que ver pasarán al menos una hora revisando estantes y precios, si hay suerte se probaran media docena de trapos y, por último, si deciden compra alguno tendrán que esperar una larga cola para pagar.
Los pobrecitos niños se aburren a más no poder de todo eso. Cierto que es una liberación para la madre y que no es fácil encontrar a alguien que te cuide del churumbel para que te vayas de compras, pero da una pena ver a los pobres con esa carita de resignación.
Mis hijos tienen suerte, yo he hecho poco de eso y ahora, aunque lo hiciera, ya son mayores para quedarse solos en casa un par de horas.
Por último, un toque de envidia, deporte nacional, aunque la de hoy sea más bien venial. Envidia la que me dio de ese gato, bien mirado creo que es gata, que pulula por los jardines de mi oficina. Ayer estaba dormida bajo una pérgola de flores a eso de las cuatro, y la ví mientras salía ya de trabajar y lo que menos me apetecía era salir al calorazo que estaba cayendo en ese momento para llegar hasta mi casa. Con que gusto me hubiera dormido una siestecita en el jardín.
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