domingo, 28 de noviembre de 2010

Una sorpresa agridulce

A veces el correo trae muy gratas sorpresas, tanto más gratas cuanto más inesperadas. Tiempo ha, como consecuencia de mis múltiples intereses me había dedicado a confeccionar un árbol genealógico familiar para que mis hijos tuvieran más o menos claro cuales son sus orígenes, que son bastante diversos. Para ello utilicé una página web que facilita en gran medida el trabajo, y empecé a introducir los nombres y los pocos datos de aquellos contemporáneos y ancestros de los fui capaz de acordarme en aquel momento. Esto sucedió, más o menos, a primeros de año. A finales de septiembre recibí un correo electrónico de un primo de mi madre, con quién ni mi madre había mantenido contacto, presentándose y comunicándome su interés compartido por la genealogía y su deseo de compartir sus datos con los míos para ampliarlos. Además, se daba la circunstancia de que el vivía en Cataluña, mientras que yo me encuentro en Madrid. Y digo vivía porque esta historia no tiene un final feliz. Este primo de mi madre estaba enfermo de cáncer y fallecía a finales de octubre, después de que apenas hubiéramos intercambiado tres o cuatro correos. Yo estaba un poco "mosqueada" porque no había contestado mi último correo (aunque estaba poniendo en práctica la virtud de la paciencia a la que hacía referencia en mi entrada anterior), pero estaba preocupada porque sabía que había estado en el hospital.
Al comentar la ilusión que me había hecho la adquisición de este nuevo contacto con una hermana de mi madre, ella me informó que mi nuevo amigo había fallecido.
¿Qué se siente en un momento así?
Pues es difícil de describir. Por un lado, mucha pena por lo que podía haber sido. Por otro lado, uno piensa que no había tenido tiempo de conocerle realmente. Entonces, mi tía me dice que le resultaba muy curioso que se hubiese puesto en contacto conmigo porque nunca se había molestado en llamar y mantener el contacto con el resto de la familia, cosa de la que se ocupaba su mujer. Qué cosas tiene la vida, pensé yo. Nunca se había ocupado mucho de mantener contacto con la familia y cuando lo hace se muere al poco tiempo.
Me hubiera gustado haberle conocido. Tengo mucho apego a la familia. Le escribí una carta de pésame a su viuda, explicándole la situación y hace unos días recibí un correo electrónico de una de sus hijas comunicándome que ella se va a encargar a partir de ahora del árbol genealógico, aunque también tiene una vida muy ocupada. Espero sinceramente que seamos capaces de mantener el contacto y que, algún día, lleguemos a conocernos.
La vida es sueño...

No hay comentarios:

Publicar un comentario