miércoles, 30 de diciembre de 2009

Johnny Cash

No sé porque esta Navidad me inclinó a las canciones de Johnny Cash, pero hay dos o tres sobre las que me gustaría escribir. Pero antes es obligado hacer una breve reseña sobre Mr. Cash.
En mi mente está asociado siempre al blanco y al negro, sobre todo negro, su vida, sus canciones, están llenas de claroscuros.
Cantautor excelente, personalísimo, quintaesencia de norteamerica, era también un "devorador de canciones", aquellas que adaptó de otros autores, una vez oidas en su voz, se hacian suyas, de manera que al volver a escuchar el original, este se quedaba en apenas un apunte de canción, que con Mr. Cash había alcanzado su plenitud.
Su voz es, recalco es y no era, magnifica, aspera, varonil pero muy expresiva, voz de vida, voz lúcida.
Las tres canciones que me vienen a la cabeza ahora son "A boy named Sue", una increible historía de superviviencia, la tristísma "Hurt" que los de Nike tuvieron la desgraciada ocurrencia de utilizar en un anuncio de televisión, lo cual me pareció una terrible falta de respeto, pero el dinero manda, y otra que, por la definición que hace de autor, nos viene muy al pelo y que es "Man in black", de la cual Loquillo ha hecho una más que digna versión en Español, a la que me remito. Aquí está la letra, sin traducir.
"Man In Black"


Well, you wonder why I always dress in black,
Why you never see bright colors on my back,
And why does my appearance seem to have a somber tone.
Well, there's a reason for the things that I have on.

I wear the black for the poor and the beaten down,
Livin' in the hopeless, hungry side of town,
I wear it for the prisoner who has long paid for his crime,
But is there because he's a victim of the times.

I wear the black for those who never read,
Or listened to the words that Jesus said,
About the road to happiness through love and charity,
Why, you'd think He's talking straight to you and me.

Well, we're doin' mighty fine, I do suppose,
In our streak of lightnin' cars and fancy clothes,
But just so we're reminded of the ones who are held back,
Up front there ought 'a be a Man In Black.

I wear it for the sick and lonely old,
For the reckless ones whose bad trip left them cold,
I wear the black in mournin' for the lives that could have been,
Each week we lose a hundred fine young men.

And, I wear it for the thousands who have died,
Believen' that the Lord was on their side,
I wear it for another hundred thousand who have died,
Believen' that we all were on their side.

Well, there's things that never will be right I know,
And things need changin' everywhere you go,
But 'til we start to make a move to make a few things right,
You'll never see me wear a suit of white.

Ah, I'd love to wear a rainbow every day,
And tell the world that everything's OK,
But I'll try to carry off a little darkness on my back,
'Till things are brighter, I'm the Man In Black.



El mundo interior: crear y elaborar.

¿Hasta que punto escribir es crear?
La pregunta me surge así, de improviso. Continua mis reflexiones acerca de lo que supone escribir. Estoy leyendo/estudiando un libro sobre la escritura que me ha prestado mi buen amigo El Escritor (The Writer, para mis adentros). Su lectura provoca en mi preguntas y reflexiones sobre mi motivos para escribir y sobre qué es lo que quiero escribir.
Por ejemplo, la pregunta con la que se inicia esta reflexión. La creación, tal y como yo la entiendo, es novedad, invención, concepción. El artista que crea toma los ingredientes y produce algo que no existía antes, una forma de expresión distinta. Por otro lado, muchos de los escritores que me gustan "se limitan" a contar historias, muy bien contadas eso sí, elaborando sobre lo ya conocido. En cualquier caso, tanto si se crea como si se elabora lo que parece imprescindible para ambas es la existencia de un mundo interior rico, que proporcione material para crear y para elaborar. Si soy honesta conmigo misma, y por ende con los demás, mi "creación" es más un pálido intento de reflejar mi mundo interior que un acto de creación en si mismo, soy, por tanto, de los que elaboran.

Llegados a este punto, tengo que decir que, de acuerdo a mi experiencia, el creador nace y el narrador se hace. En este mundo hay gente creativa y estamos los que nos limitamos a observar, o leer, e intentamos, no siempre con éxito, remedar la vida misma.
Y si bien la creación, con todo su valor, viene dada como un regalo del cielo, no tiene menos merito el saber mantener los sentidos abiertos para percibir todo aquello que sucede a nuestro alrededor. Otra cosa es que sepamos recrearlo en una narración y podamos transmitir todo aquello que hemos asimilado al alimentar ese mundo interior. Yo, en una metáfora algo manida, lo asimilo a un hogar, donde echamos madera para alimentar el fuego, que se transformará en brasas, y esas brasas nos darán su calor y, además, podremos cocinar los alimentos que nos mantienen con vida. Así lo que percibimos con los sentidos alimenta nuestro fuego interior que emitirá su calor, su luz y nos permitirá "cocinar" las lecturas, las imágenes, los sonidos que ayudan a seguir vivos, a mantener ese mundo interior. Como si de un circulo vicioso se tratase.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Del arte culinario

Me regalaron un faisán. No había cocinado un faisán en mi vida, y no tenía ni idea de qué hacer con el pájaro. Al final resulto más fácil de lo que había previsto, y el resultado no solo era comestible sino sabroso, aunque no tan espectacular como la fama que le precedía de carne exquisita.
De acuerdo a la sabiduría culinaria, el truco del faisán consiste en no cocinarlo recién cazado, al contrario, hay que dejarlo "madurar" para que la carne se vuelva tierna. La cuestión está en saber cuánto tiempo. Eso es lo que a mí se escapaba y que ninguna de las recetas que consulté me decía. Es más, insistían en que la maduración ha de hacerse con el bicho todavía emplumado, colgado por la cabeza y en una habitación fresca y ventilada. El mío estaba eviscerado, desplumado y envuelto en papel de aluminio dentro de la nevera. No sabía cuanto llevaba muerto -se me escapó preguntar ese detalle- y además tenía dos días de comer fuera de por medio, y no precisamente comidas ligeras, sino las copiosas y enjundiosas cena de Nochebuena y comida de Navidad. Si hay que hacer honor a la verdad, ya son tan copiosas y enjundiosas como antes, pero siguen siendo mucho más ricas que lo que uno come normalmente.
Bueno, el caso es que estábamos en la disyuntiva de cuanto tiempo esperar para cocinar el pajarito, más días y que no estuviera demasiado duro, o menos para que no estuviera podrido. Todos los días lo sacaba de la nevera un momento y le echaba una olidita. Bien, no parecía estarse echando a perder. Al final, hoy fue el día elegido. Con poco aderezo y cruzando los dedos lo metí en el horno y lo asé más o menos como hubiera asado un pollo. El olor no es el de pollo y, como no las tenía todas conmigo, me pasé un buen rato mirando como giraba el bicho dentro del horno. Cuando me pareció que estaba hecho lo paré para que los jugos se asentaran antes de trincharlo, como recomiendan los expertos en esto de la cosa culinaría. Por si acaso tenía una pizza en la nevera. Por fin, lo probé. Corté una tajada de la pechuga y sí, estaba hecho, tierno y sabía bien. Pura casualidad. Un poco de instinto y otro poco de sentido común.
La cocina es un arte peculiar...y también una aventura.

martes, 22 de diciembre de 2009

Una de cal y otra de arena: 7%



(Holy Family Shrine, Nebraska)

Ayer me llegó por correo electrónico este mensaje. Dejo el inglés original e incluyo una traducción debajo. Como estamos en Navidad y es época de hacer propósitos nobles e intentar mantenerlos no solo en Navidad sino mucho más allá, me ha parecido muy apropiado incluirlo en mi blog a modo de felicitación. Con mis mejores deseos.

A Holy man was having a conversation with the Lord one day and said, 'Lord, I would like to know what Heaven and Hell are like.'
Un día un hombre piadoso mantenía una conversación con Dios y le decía "Señor, me gustaría saber cómo son el Cielo y el Infierno"

The Lord led the holy man to two doors.
El Señor le condujo hasta dos puertas.

He opened one of the doors and the holy man looked in.
Abrió una de las puertas y el hombre miró dentro.

In the middle of the room was a large round table.
En medio de la habitación había una gran mesa redonda.

In the middle of the table was a large pot of stew,
En mitad de la mesa había un gran perol lleno de estofado

Which smelled delicious and made the holy man's mouth water.
Olía tan bien que hizo que al hombre se le hiciera la boca agua.

The people sitting around the table were thin and sickly.
Las personas sentadas alrededor de la mesa estaban delgadas y enfermizas.

They appeared to be famished. They were holding spoons with very long handles that were strapped to their arms and each found it possible to reach into the pot of stew and take a spoonful.
Parecían famélicos. Tenían en las manos unas cucharas con largos mangos sujetos a sus brazos, y cada uno de ellos podía alcanzar dentro de la olla y coger una cucharada.

But because the handle was longer than their arms, they could not get the spoons back into their mouths.
Pero como el mango de la cuchara era más largo que sus brazos no podían meter la cuchara en su boca.

The holy man shuddered at the sight of their misery and suffering.
El hombre piadoso se extremeció por la visión de esa miseria y sufrimiento.

The Lord said, 'You have seen Hell. They went to the next room and opened the door. It was exactly the same as the first one.
El Señor dijo: "Acabas de ver el Infierno. Entonces, fueron a la habitacion de al lado y abríó la puerta. Era exactamente igual que la primera."

There was the large round table with the large pot of stew which made the holy man's mouth water.
Había una gran mesa redonda con una olla de potaje que hacía que al hombre se le hiciera la boca agua.

The people were equipped with the same long-handled spoons, but here the people were well nourished and plump, laughing and talking.
Las personas tenían las mismas cucharas largas, pero aquí estaban bien nutridas, rollizas, riendo y hablando.

The holy man said, 'I don't understand.
El hombre piadoso dijo: "No lo entiendo"

'It is simple,' said the Lord. 'It requires but one skill.
"Es muy sencillo", dijo el Señor. "Se requiere solo una virtud"

You see, they have learned to feed each other.
"Verás, han aprendido a alimentarse unos a otros"

The greedy think only of themselves.'
"Los codiciosos piensan solo en ellos mismos"

When Jesus died on the cross, he was thinking of you.
"Cuando Jesús murió en la cruz, pensaba en tí"

Its estimated 93% won't forward this.
Se estima que el 93% de las personas no reenviaran este correo.

If you are one of the 7% who will, forward this with the title '7%' .
Si eres uno del 7% restante, reenvialo con el título de 7%.

I'm in the 7%
Yo pertenezco a ese 7%

Remember that
Recuerda que...

I will always share my spoon with you.
Siempre compartiré mi cuchara contigo.

Un erizo nada elegante


¿Veis todos esos picos? Pues así es como me siento, como un erizo. Llevo varios días de mal humor, incapaz de comunicarme con los demás. Los silencios me alteran, los que no paran de hablar me alteran todavía más. Tengo la ansiedad por las nubes, aunque, gracias a Dios, escribir unas cuantas entradas en este blog ha conseguido que no la emprenda a bocados con todo lo que hay en la nevera, o gruñido a todo aquel que se atreva a pasar a mi lado. A lo mejor es el autocontrol el que hace que se me dispare la ansiedad, el no querer pasarme en ningún sentido, en no decir lo que pienso en todo momento y sobre todas las cosas como hacen otros. En resumen, soy cobarde ¿soy cobarde? ¿o solo sensata? Si presiento un enfrentamiento o una perdida me callo, sin embargo oigo opiniones de los demás muy a menudo con las que no estoy en absoluto de acuerdo y así expresarlo redundaría, probablemente, en una batalla, cuanto menos, dialéctica, y este es, me temo, uno de mis muchos puntos flacos ¿será por eso que prefiero escribir?. Me hubiera gustado estudiar en uno de esos colegios estadounidenses donde practican concursos de dialéctica, porque nunca he sido capaz de ganar una discusión, en parte porque mi razonamiento es lento y, generalmente, empapado de sentimientos, ya que cuando por fin me lanzo suele ser porque el tema me toca la fibra sensible, y ello nubla mi entendimiento y, en parte, porque me siento fácilmente herida, lo convierto en un asunto personal.
La verdad es que, salvo que tenga una confianza absoluta en el resultado, me cuesta mucho abrir mis pensamientos y sentimientos a los demás, no se trata tanto de no ser sociable, como de mi incapacidad de afrontar el fracaso y los daños directos y secundarios derivados de mis múltiples carencias. Es, pues, más fácil escudarse detrás de la escritura, el golpe siempre se atenúa con la distancia, y se evita que la reacción sea observada, lo cual también explica mi pasión por el teatro: actuar significa ponerse en la piel de otro, hablar por boca de otro, con las palabras justas y las réplicas exactas, todo calculado, sin sorpresas (salvo improvisaciones), lo que para nosotros los tímidos y cobardes es el mejor descubrimiento, sal al mundo y finge ser otro, preservate o como lo definen en inglés, con mucha más precisión, self-preservation.

Los libros y la evocación

Últimamente he leído muchos autores norteamericanos contemporáneos, y su lectura produce en mi curiosas sensaciones. En algunos de los libros se habla se lugares donde he estado, y en otros de lugares de los que he oído hablar y, por tanto, me son familiares. Son sitios que tienen muy poco que ver con la vieja Europa, con los lugares que hemos conocido desde pequeños, por lo que el contraste resulta más evidente, más llamativo. Mientras que cuando leo a escritores europeos, evoco lugares que he conocido que bien pudieran ser aquellos descritos por el autor, y me resulta muy fácil identificarme con los personajes y representarlos en mi memoria, las sensaciones son cercanas, familiares.
Sin embargo, al leer relatos americanos, que me traen a la memoria recuerdos de mi vida allí, muchos buenos, algunos no tanto, pero, aun cuando definitivamente no me dejan indiferente, precisamente por esa mezcla de cercanía y lejanía que se funden en su lectura, no siento la misma empatía.
Entonces,  me surgen una multitud de preguntas: ¿qué sentirán al leerlos aquellos que no han estado nunca allí? ¿qué sentirá un americano al leer a los autores europeos? ¿sentirán acaso esa misma mezcolanza de sentimientos? Es peculiar como conociendo ambos mundos, comprendiendo muchos de sus secretos, los veo, en cierto sentido, ajenos a mí, no sé si será porque cuanto más sé más consciente soy de las diferencias que nos separan a pesar de lo mucho que nos une ¿quién sabe?

lunes, 21 de diciembre de 2009

El veneno del teatro

Es curioso como ciertos libros, ciertas películas, cierta música, ciertos aromas evocan recuerdos, sensaciones que pueden incluso llevarnos a las lágrimas.
Yo soy una llorona imponente, para que negarlo, y hay ocasiones en que me cuesta mucho no terminar bañando en lágrimas a mis congéneres. Estos días en que, como madre, me veo en la "obligación" de asistir a representaciones musicales y representaciones teatrales me cuesta mucho contenerme, no solo por el orgullo maternal que me inunda, aunque no me ciega, y soy consciente de que, valorando en su justa medida el esfuerzo realizado, hay caminos por los que Dios no nos ha llamado, como solía decir mi padre. Pero lo que me emociona aún más es el ambiente, el trajín del teatro, los instrumentistas ensayando entre bastidores, los últimos toques al vestuario, los aplausos del público, la música y las voces que lo llenan todo. El veneno del teatro que corre por mis venas.
Son sensaciones primitivas, que yo atribuyo a mi genética particular, y que hacen resonar el arpa ociosa de mi sensibilidad, parafraseando a Proust, aunque últimamente no haya estado tan ociosa y haya resonado hasta casi romperse.

Leyendo a Proust: En busca del tiempo perdido

Así, entre nosotros, ese título parece un resumen de mi vida. Pero seamos serios, que no estamos hablando de cualquier novela.
La idea de esta entrada es comentar dos párrafos que han quedado grabados en mi memoria mientras avanzaba lentamente por los innumerables vericuetos que ofrece esta magnifica obra. Voy a intentar transcribirlos sin que pierdan su sentido.
El primero es el siguiente:
"Y no es que a veces no aspirara a un gran cambio, que su vida careciera de esas horas excepcionales en que sentimos sed de algo distinto de lo existente, cuando las personas, que por falta de energía o imaginación no saben sacar de sí mismas un principio de renovación, piden al minuto que llega, al cartero que está llamando, que les traigan algo nuevo, aunque sea malo, un dolor, una emoción; cuando la sensibilidad, que la dicha hizo callar como arpa ociosa, quiere una mano que la haga resonar, aunque sea brutal, aunque la rompa; cuando la voluntad, que tan difícilmente conquistó el derecho de entregarse libremente a sus deseos, y a sus penas, desea echar las riendas en manos de ocurrencias imperiosas, por crueles que sean."

El segundo es este:
"Parecía que aquellos matices celestes delataban a las deliciosas criaturas que se entretuvieran en metamorfosearse en verduras, y que, a través del disfraz de su firme carne comestible, transparentaban con sus colores de aurora naciente, sus intentos de arco iris y su languidez de noches azules, una esencia preciosa, perceptible para mi aun cuando, durante toda la noche que seguía a una comida donde hubo espárragos, se divertían en sus farsas poéticas y groseras, como fantasía shakespeariana en trocar mi vaso de noche en copa de perfume"

Y ¿qué tienen en común estos dos fragmentos? Para empezar están en la misma novela, después su plasticidad descriptiva y las curiosas comparaciones que establece para describir, por un lado, la pasión y, por otro, los espárragos y sus efectos. Cada uno de ellos está relacionado con personajes distintos, y de ahí su carácter tan distinto.
Del primero me resulta muy chocante la violencia implícita que se desprende del hecho de llegar a romper las cuerdas de un arpa o del galope desbocado de un caballo sin riendas. Dos símbolos de pasión extrema y, a menudo, de dolor extremo, lo que me hace pensar lo cerca que están el tormento del éxtasis.
El segundo tiene un tono juguetón, travieso, infantil, como un duende. No he leído nunca una descripción tan delicada de un hecho fisiológico tan poco poético.

Por supuesto queda mucho que decir sobre este libro, y más profundas que este pequeño comentario.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Contrapuntos


 El contrapunto a la polilla.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Belleza oculta

Soy una polilla. Mis alas no tienen el brillante colorido de las mariposas, antes bien su utilidad primaria es volar, y la segunda el camuflaje, fundirse con el paisaje y pasar desapercibidas, excepto para el ojo atento que es capaz de distinguir el intrincado dibujo de mis alas y la curva poblada de mis antenas mientras duermo.
Pero hay una cosa que me pierde: la luz. Me atrae de tal forma que no soy capaz de resistirme. Me arrastra como el iman al hierro, como mis amigas las moscas a la miel.
Me quema la llama, me topo con el cristal, una y otra vez, tratando de alcanzar lo inalcanzable, de aprender lo inaprensible. La luz es mi debilidad y mi perdición. Sé que me agotaré sin conseguir mi objetivo y moriré a sus pies, como un monumento a la futilidad.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Corrección

Mi hijo no cumple años el día 7 sino el día 8. ¡Qué detalle tan feo para una madre! No obstante, la disculpa es que escribí la entrada con la intención de publicarla el día del evento y con las prisas la publique el día en que la escribí.
Menos mal que, de momento, no le importa al aludido.

lunes, 7 de diciembre de 2009

E la nave va

Como habréis notado copio muchos títulos de películas o de libros que me gustan o me llaman la atención, pero no es solo por falta de originalidad, que algo de eso hay, sino también porque me gusta rendir pequeños homenajes de admiración.
La entrada de hoy es una reflexión sobre el pasado y el presente.
Para empezar diré que hoy mi hijo mayor cumple 15 años. Está ya más alto que yo, lo que para una madre supone a la vez orgullo y depresión. Orgullo de pensar que no le estarás haciendo tan mal ya que hace lo que tiene que hacer, que es crecer, pero resulta deprimente el día en que tus hijos te superan en altura física, que no mental todavía, porque sabes que tú no vas a crecer más.
Cuando nacen parece que no los vas a ver crecer nunca. Te preocupas cada vez que se ponen malos, cada vez que salen, si estudian, si no estudian, y mientras, sin darte cuenta, se va pasando el tiempo, un día tras otro, una semana, un mes, y así un día son quince años, y el angelito que un día cogiste por primera vez con manos temblorosas, sin saber que hacer con el, como si se te fuera a romper, se ha convertido en un bigardo que te aplasta cada vez que se te echa encima.
La maternidad/paternidad es algo de cuyas consecuencias uno es consciente hasta que se ha metido en ello hasta las cejas. No se trata solo de la "perdida" de libertad, sino también de la responsabilidad que se asume con esos hijos, a sabiendas de que se va a meter la pata una y mil veces, que perderemos los nervios, la compostura y que discutiremos con ellos por cualquier cosa. Pero también, lloraremos, se nos caerá la baba, trabajaremos aunque estemos cansados y sacrificaremos tiempo, sueño, y lo que sea necesario para que no les falte de nada (de lo que no les debe faltar). Y diremos que sí cuando el cuerpo nos pide decir que no y que no cuando el cuerpo nos pide decir que sí, simplemente porque queremos lo mejor para ellos.
Y miraremos esa colección de fotos, el millón que le hicimos cuando eran pequeñitos, que va disminuyendo a medida que crecen y se vuelven huraños y esquivos, y te riñen cada vez que intentas sacarles una foto y no están vestidos para la ocasión, y observaremos como han ido cambiando desde el bebé mofletudo hasta el adolescente espigado, y nos entrará una nostalgia de aquellos tiempos que apenas supimos disfrutar.
¡Qué extraños somos los humanos!

domingo, 29 de noviembre de 2009

Y la casa se despierta.

El silencio no existe. Tuve que ir al lugar más remoto que pude encontrar para darme cuenta de que, vaya a donde vaya, el silencio no existe.
Buscaba el silencio, buscaba paz, pero he tenido que admitir que la naturaleza es ruidosa de por sí, que cuando no cantan los pájaros, el viento o la lluvia agitan las hojas de los arboles, o pasa un rebaño. Y otro tanto todo aquello que es obra humana: los coches, las herramientas, las puertas que se abren y se cierran, los cencerros de las vacas y las ovejas, la fuente que replica cantarina o la ropa que baila al son. Hasta la casa es ruidosa.
De día, pasa más o menos desapercibida entre todo ese barullo, pero por la noche, cuando los rumores de fuera duermen, la casa parece despertar y lamentarse. Cruje, se despereza, y habla, como protestando, como esas personas que andan lamentándose de cuanto les duelen los huesos, o comentando cuanto han subido los precios. La casa crujía y murmuraba un rato por un lado, otro por otro, un poco por arriba y otro poco por abajo, como si mantuviera un diálogo consigo misma, y al amanecer, ya cansada, cuando los pájaros más madrugadores empezaban sus labores, cantando animados después de su descanso nocturno, la casa iniciaba su descanso y cesaban los crujidos y rumores. Parecía que solo hablara cuando sabía que podía ser escuchada y que, cuando el run-run de la vida diaria con sus ruidos, pudiera interferir con sus parlamentos, decidía callar y aguardar a que llegara la noche para continuar su perorata.
El silencio no existe. Pero ya no me importa. Me he acostumbrado a escuchar el  discurso de mi casa y ella también se ha acostumbrado a mí, y ahora el rumor es como una nana, con si me arrullase para que me duerma. Y yo, de día, procuro no hacer mucho ruido, y de vez en cuando, le paso la mano por la pared, como una caricia, para duerma tranquila.

jueves, 26 de noviembre de 2009

"Rock Springs" de Richard Ford

Gracias a la influencia de un buen amigo cayó en mis manos este libro de cuentos. La acción de todos ellos transcurre en una remota zona de los Estados Unidos, en el estado de Montana, donde la vida se desarrolla en pueblos pequeños con pocas industrias, mucha naturaleza y sin grandes expectativas de desarrollo. Aunque los comentarios de la contraportada del libro van en otro sentido, para mí, el nexo entre todos los cuentos, además de la región donde transcurren, es el engaño, más o menos explicito, más o menos voluntario. El engaño como juego y el engaño como defensa, y cómo, en muchos casos, el que engaña cree que está engañando a los demás cuando, en realidad, se está engañando a si mismo. ¿Hasta que punto, cuando intentamos engañar a alguien, no nos estamos engañando a nosotros mismos? Para mí esa es la pregunta que subyace en todos y cada uno de los cuentos.
El lenguaje que utiliza es sencillo, en muchos casos, coloquial, el que sin duda utilizan las personas que viven en sus cuentos, pero no por eso resulta vulgar, al contrario, es elegante en su simplicidad. Retrata la complejidad del pensamiento humano en esas situaciones aparentemente vulgares, en unas vidas aparentemente anodinas, pero en ningún modo fáciles, y trata a sus personajes con cariño.
Me ha gustado mucho, aunque, por supuesto, haya unos que me han gustado más que otros. Y ha despertado mi apetito por leer más cuentos suyos, pero esta vez, si me es posible, en inglés, su idioma original.

jueves, 19 de noviembre de 2009

La ira y la generalización

Mi última entrada fue un exabrupto (en inglés, que me sale mejor, pero exabrupto al fin), fruto de una serie de situaciones que considero injustas, que siento injustas. Mi enfado con varias personas lo generalicé al mundo entero. De hecho estaba muy enfadada con el mundo y lo sigo estando, aunque ya no tanto, y necesitaba soltar vapor, aunque fuera escribiendo, que algo ayuda. En el fondo, soy un ser sociable, y no todo el mundo es culpable, pero hay veces en que la raza humana, y no me excluyo, es un asco, somos hipócritas, desafectos, crueles, mezquinos, traidores, cobardes, abusones, e injustos, profunda y groseramente injustos. (Ahora no me salen más adjetivos descalificativos, pero hay  muchos más).
La frustración no es buena consejera. Tampoco es justo generalizar, sobre todo para lo malo, y yo suelto el exabrupto y luego me siento culpable (por eso escribí una entrada sobre el perdón). Pero, por otro lado, tragarse la amargura tampoco es sano, y si uno no tiene, de vez en cuando, un desahogo explotaría y eso, al fin y a la postre, sería mucho peor.
Lo que daría por unas vacaciones en una casa con chimenea al borde del mar. Ese sí que es un sueño imposible.

martes, 17 de noviembre de 2009

The monkey's gone mad

What the heck! This is a monkey house and I feel I am entittled to a certain amount of misbehaviour. I want to act crazy. Nobody reads this anyway.
I am fed up with people and life and I think nobody cares about me. Of course, a part of me wants to believe that's not true, my children need me and who else? Do they need me at work? In a way, it would cause a few problems if I suddenly disappeared but everyone can be replaced, it wouldn't be long before somebody would take up my job. I am tired of it anyway.
Let's see who else. I don't really have friends, that's what you get for having a job and a family, no time for social relations. Nobody with compatible timetables or similar interests. Everything is bloody superfcial. Hello, goodbye, how are the children doing?, you look good today, yes but I feel awfully tired.
I turn to God but I don't know what He expects from or what He wants. I am supposed to love Him more than anything but I don't always feel that way. And then, where's the truth? My husband thinks we should keep the traditions and so we attend the Tridentine Mass. I grew up with the new Mass and don't seem to find it so faulty. Both parties critizise each other and I don't know what to think. The other day in the sermon they reminded us of the proper attires for attending Mass. Here we go again. They assume that women must be at home and dress accodingly: skirts (no trousers), mantillas, modesty. I don't think so, I might work skirts and I don't like showing flesh but the mantilla, just because I might disturb men. Too bad. It just makes me rebellious. And I couldn't stay at home. No, after so many years of working. Hey! that way I would have more time for writing...and no money. If it wasn't for my job...
Even so, I did it for a while in America, and didn't enjoy it that much. I was happy to go back to work. You can feel so trapped depending only on your husband. I sometimes liked my work, many times feel tired of it. I feel that I doing way more than I should, but I just cannot make myself worth. I say yes and do it. Besides I hate all the class comradeship of the high ranks, they all know each other, they help each other and they pretend to be your friends while you pleased and do their job. I wish I wasn't here now. I regret the last few months and I wish I could erased them from my mind. Life is shit, utter misery. If only could I have become a lighthouse keeper... It's so much better to be alone for real that to feel alone surrounded by people. I hate human relations, always insincere, I never learn how to read people's behaviour, I feel soooo stupid, I trust people and then feel betrayed, probably expect too much.
I remenber a song: "you get what you give". Maybe I think I give a lot and I don't and that's the problem.
I'm so stupidly enthusiactic. I am tired of waiting. I just want to be alone, not to see anybody ever again, not to care about anybody or anything. To hell with everything, with bad excuses, with half truths or superficial banter.
Just books and music and the sea and the wind and the clouds. You can trust them, and if not then it's the end of the world. So much the better.
I want to give up hope. What's out there left for me? What prospects do I have? I am becoming too old for many things. I'll be too old when, and if, I manage to finish a university degree, and what for? Just to prove myself that I could do it? That I am not more stupid that the rest of the world?. My children will grow and live their own lives, so it should be, and I'll taking care of my husband, who is too worried about himself to care for anybody else. And writing, writing is nothing, just a way of letting out steam, pointless, fruitless steam.
There it is, all out...for now.

lunes, 16 de noviembre de 2009

La pérdida

El papel se quema
y con el los recuerdos,
cenizas de amor
a los cuatro vientos

Voz sin sonido,
herida de muerte,
las ascuas apagan
la luz de tu fuente

La lluvia defiende
el gris pensamiento,
como lagrimas cae
sobre el manto negro

Testigos quedaron
del crimen nefando,
las palabras sin eco,
vida sin memoria

domingo, 15 de noviembre de 2009

Notting Hill

Estoy viendo "Notting Hill". Probablemente nunca será considerada la mejor película del mundo, pero a mí me encanta. Ya he perdido la cuenta de las veces que la he visto. Me identifico sobremanera con el personaje de Hugh Grant, salvando las distancias, claro está. La librería de libros de viaje, su carácter un tanto anodino, su vida más o menos hecha, sin ambición, sin aspiraciones más allá de vivir el día a día. Un día su vida se ve alterada, su tranquilidad vital y mental vueltas del revés, pero irremediable y dolorosamente enamorado, siempre detrás de los acontecimientos, vapuleado cuando intenta tomar la delantera. Dándole mil vueltas a la cabeza. Por supuesto, yo carezco de la habilidad para escribir esos diálogos tan sarcásticamente ingleses, aunque los escuche de vez en cuando, y no tenga garantizado si habrá un final feliz o no. Lo dicho, me encanta esta película.

El viaje en tren

El día comenzaba con enorme excitación. La casa estaba revolucionada, las maletas abiertas sobre las camas, la ropa esparcida alrededor, esperando ser debidamente clasificada, doblada y colocada. Los billetes mirados y remirados. El viaje es de noche. El tren no sale hasta las nueve y veinte. Poco a poco cada cosa va ocupando su lugar. El padre se enfada; "¿dónde vamos con todo eso?". La madre replica: "es por si acaso"
A media tarde la maletas están a punto de cerrarse, cebadas de ropa. Hay que tomar un último bocado. Después vestirse. Hay que salir temprano para llegar con tiempo suficiente a la estación.
Para un taxi, las maletas se van apilando en la baca y, por fin, se acomodan dentro. El padre delante, indicando la dirección. Mamá y los niños detrás. La anticipación por lo que se avecina es máxima. La luz va menguando, se acerca el anochecer.
La estación es un revuelo de coches y maletas. Los mozos van y vienen con los carritos, sus batas azules ondeando, tocados con sus inconfundibles gorras ladeadas.
El padre muestra los billetes y enfilan hacia el tren. Como han llegado pronto apenas acaba de formarse. El revisor baja, de uniforme y gorra con entorchados. Ojea su lista. Se acercan y entregan los billetes. Comprueba los datos. Todo correcto. Cuenta las maletas y sube. Cuando llega a la cabina correspondiente, abre la ventanilla que da al andén, mientras por fuera el mozo le sigue empujando el carrito. Una a una van subiendo las maletas y colocándolas en el compartimento. Una vez acabado el proceso, el padre paga al mozo, y escalan el vagón, porque subir por esos estrechos y altos peldaños es casi como escalar. El revisor espera en la puerta y le devuelve los billetes al padre. Una propina cambia de mano. El padre pregunta entonces a que hora se sirve la cena, el revisor contesta que a las 10 y, a su vez, pregunta en que turno queremos cenar, por supuesto el primero, que hay niños que no deben trasnochar.
Una vez instalados toca revisarlo todo, todas la puertas, portezuelas y botones. Encender y apagar las luces. Inspeccionar el lavabo escondido con su jabón y su pasta de dientes, y también el orinal. Aun queda media hora para que salga el tren. El padre se baja, enciende un pitillo y pasea por el andén. Los niños suben y bajan mientras la madre trata de acomodarse.
Por fin, el tren va a partir. El resto de los compartimentos se han ido llenando. El sol ya se ha puesto y el cielo se está oscureciendo. Las puertas se cierran. El jefe de estación toca el silbato y agita su banderola. El tren responde con su bocina. Un pequeño tirón y el vagón se agita. Lentamente se pone en marcha, enseguida se vislumbra el cielo y la estación va quedando atrás. Se pueden ver la vías entrecruzándose mientras el tren gana velocidad.
Se intuye la ciudad entre la creciente oscuridad, una silueta de edificios levemente iluminados.
Los niños no pueden despegar los ojos de la ventanilla, absorbiendo las imágenes, empapándose de las sensaciones: el traqueteo del tren, el olor del vagón mezclado con el de la madera de las traviesas.
Por fin llega la hora de cenar. El trayecto al restaurante es difícil y tortuoso, los pasillos son estrechos y el movimiento del tren hace complicado mantener el equilibrio. El paso entre los vagones parece arriesgado, las placas giran, y hay que dar un paso largo, y se nota el aire que se cuela por las rendijas.
El restaurante está elegantemente iluminado. Las mesas impecablemente vestidas. El camarero los acomoda. Solo hay mesas de cuatro y de dos. El menú reducido: entremeses para todos y dos platos a elegir, no hay sitio para más, la cocina es minúscula. El padre pide vino, el resto agua. Los cubiertos parecen enormes a los ojos de los niños.
Todo sabe delicioso. Fuera está todo negro. Pasan los postres y la tabla de quesos. Después la cuenta y vuelta a la cabina.
Sorpresa, durante la cena han hecho las camas. Los asientos han desaparecido y en su lugar hay una cama, mientras que otra ha aparecido del techo junto con su escalera. Los niños eligen siempre la litera de arriba. Se ponen el pijama y se asean, ahítos de emoción suben por la escalera tapizada. Las sábanas tiesas huelen a limpio. Al fin se apagan las luces, ya es tarde. El vagón queda en silencio y el traqueteo arrulla a los pasajeros.
Los niños están tan excitados por la novedad que no pueden dormir. Dan vueltas en la cama y miran a hurtadillas por la ventanilla. Las estrellas arriba, abajo pequeños luceros que brillan en las casas desperdigadas. De cuando en cuando las luces fugaces de una estación por donde pasa el tren sin detenerse.
Pasada la medianoche la primera parada. Cambio de locomotora y cambio de sentido. Se oye el clanc-clanc de los operarios que golpean las ruedas para comprobar que todo está en orden.
El tren vuelve a arrancar. Al cabo de un rato, de puro cansancio, los niños se duermen.
La luz entra por la ventanilla. No es tan brillante como en casa. La vegetación es más espesa y se atraviesan desfiladeros y túneles. Hay que levantarse y vestirse. Toca desayunar.
Vuelta al vagón restaurante. Huele a café y a pan caliente. El desayuno sabe a gloria, ahora disfrutando de un paisaje completamente distinto. Otra parada. Algunos pasajeros bajan. Unos pocos suben. Aun es temprano y todo parece ir muy despacio.
A la vuelta nueva sorpresa: ya no hay camas, los asientos ya reposados vuelven a trabajar. Recogen el equipaje. Por fin, el tren va disminuyendo la marcha. Se cruzan con otros trenes y, a lo lejos, se ven ya edificios. Al abrir la ventanilla huele a mar. El aire frío los termina de despejar.
Entra en la estación y con un suspiro se detiene, acto seguido empieza de nuevo el frenesí: la maletas, los mozos, y a la salida los taxis.
Una aventura termina y otra, distinta, comienza.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Sobre la comunicación II: sobre escribir

Muchas veces mientras escribo estas líneas me pregunto si alguien, alguna vez, leerá esto, porque si nadie lo lee ¿tiene sentido acaso? ¿por qué lo escribo entonces? ¿solo porque así respondo a mi necesidad de escribir y nada más?¿escribe el escritor para expresarse o para comunicarse? ¿responde a su necesidad sin importar si alguien le lee? ¿o tal vez no? ¿espera, quizá, el escritor que se le lea? ¿tiene un cierto afán de exhibicionismo?
Muchos escritores nunca llegarán a saber si se les ha leído, pero todos escribieron con la esperanza de ser publicados y leídos, y aún cuando no fuera así, siguieron escribiendo ¿por que no sabían hacer otra cosa? ¿por la necesidad de expresarse? ¿por comunicar?
Kurt Vonnegut, Jane Austen o C.S. Lewis no sabrán nunca (en este mundo) que yo les he leído, o cuanto me han gustado sus libros y relatos, pero supongo que confiaron que alguno de sus contemporáneos les leyera, al menos, entre sus amigos y familiares. Pero ¿y si no hubiera sido así? ¿hubieran seguido escribiendo? Mi opinión es que sí. Que el deseo o la necesidad de escribir es más fuerte que la consideración de que se está escribiendo en absoluta y completa soledad, sin que exista lo que se define como comunicación, sin que haya un receptor del mensaje.
Ahora bien, ¿tiene sentido esto? ¿tiene sentido escribir en el viento? Pareciera que al escribir sin destino fuera el escritor como esos locos que van hablando solos con sus fantasmas. ¿Será por esta razón que muchos escritores fueron grandes cultivadores del género epistolar? Solo entonces se podrían asegurar que existía la ansiada comunicación.
Sin duda todo escritor aspira a ser leído, aspira a que su esfuerzo de creación sea reconocido, siquiera vilipendiado, porque habrá conseguido su objetivo: el lector.
Pero, aunque las palabras se las lleve el viento, tal vez, algún día, un fragmento, un frase, caiga del cielo como el agua de lluvia que un día lejano se evaporó en otro lugar, y el escritor, al fin, habrá culminado su afán.

viernes, 13 de noviembre de 2009

De mi pasión por la fotografía



La fotografía es algo muy personal. Cada uno tiene sus motivos para hacer fotografías: unos para guardar un recuerdo de un viaje o unas vacaciones, otros para poder recordar a las personas que han pasado por sus vidas, otros para expresar algo, otros para comunicarse y otros, quien sabe para qué.
La fotografía es algo que está al alcance de cualquiera y, sin embargo, hacer una buena fotografía no es tan fácil. A mí me gusta mucho la fotografía y hago fotos de casi todo, de mi familia, de la calle, de mis viajes (al no tener tiempo para escribir el objetivo es como si fuera una especie de diario), pero la verdad es que hay muy pocas de las que pueda decir que son verdaderamente buenas, o, al menos, interesantes, y eso a pesar de que ahora con la fotografía digital se puede evaluar el resultado mucho antes, las máquinas hacen mucho del trabajo, pero una buena foto lleva un tiempo y un trabajo. Cierto es que, a veces, se da la casualidad y sale una foto estupenda, así porque sí, pero, en general, uno tiene que medir la luz, la composición, el encuadre y, por supuesto, contar con la inspiración.
Por otro lado, cuando se fotografía a personas hay que tener sumo cuidado con el modelo, hay fotografías que pueden resultar verdaderamente crueles (algo así como el retrato de la familia de Carlos IV de Goya) y destacar nada más que los defectos, o increíblemente favorecedoras convirtiendo un rostro vulgar en una belleza. También depende de lo fotogénico que sea cada uno, porque no todo el mundo tiene la misma naturalidad ante la cámara, uno se sienten intimidados como si les fuera a robar el alma (como pensaban los pieles rojas) y otros son desenvueltos como si disfrutaran siendo observados.
Para mi la fotografía es, en algunos momentos, otra forma de expresión. Cuando no me salen las palabras, (quién lo diría viendo este blog), me gusta fotografiar aquello que me llama la atención de la vida diaria. Aunque he de reconocer que puede resultar un tanto invasiva, por ejemplo, no se puede fotografiar a las personas sin pedirles permiso, sí se puede captar un instante en la vida de un pájaro, o un perro o un gato, un paisaje, objetos que por lo general tienden a pasar desapercibidos, cosas que dan una idea de como se ve el mundo a través de nuestros ojos, puesto que no todos nos fijamos en las mismas cosas.
Hay otras cosas que nunca llegará a captar la cámara, pero que pueden servir para evocar sensaciones, recuerdos. ¿Quién no ha mirado la foto del ser amado? por poner un ejemplo, evocando sus abrazos y sentido un vivo cosquilleo en su interior, o sentido olas de nostalgia revisando las fotos de esas vacaciones cuando eramos pequeños.
Todas las fotos que aparezcan en este blog son o serán mías. Son otra forma de expresarme sin palabras. No son para ganar un Pulitzer o World Press Photo, ni tienen el je ne sais quoi de Annie Leibovitz, solo son mi forma de ver el mundo.

El vampiro más sexy

Ahora todas las jovencitas parecen estar locas por los vampiros de las películas que se han realizado de la serie literaria "Crepúsculo". Hasta dicen que el protagonista es el vampiro más sexy de la historia. No he visto la película, no siento demasiada curiosidad por verla tampoco, pero, a juzgar por las fotos, no me parece, ni de lejos, el vampiro más sexy de la historia, como tampoco me lo parecieron ni Tom Cruise ni Brad Pitt ni Antonio Banderas. Para mí, el vampiro más sexy, ¡y que vampiro! fue Frank Langella en la versión de Drácula de John Badham de 1979. Eso es un vampiro con todas las letras. ¡Qué mirada! Podía derretir el polo norte, no como esos vampiros blanditos que se llevan ahora. ¡Vale! Los de "Crepúsculo" son buenos y tienen ideales más elevados, pero a las mujeres, de vez en cuando, nos sentimos atraídas por los canallas...aunque luego nos quedemos con los buenos.

martes, 10 de noviembre de 2009

Sobre las profesiones y el futuro de nuestros hijos

Están haciendo obras en el portal de mi casa. Entre todo lo llevado a cabo, se han saneado los conductos de saneamiento que llevan hasta la alcantarilla. El hedor era muy desagradable. Y observando al hombre que se descolgaba por las profundidades del pozo, no podía imaginar como era capaz de soportar ese olor durante tanto tiempo. Se da la circunstancia de que el obrero era extranjero, de origen árabe. Y sentía vergüenza, ¿por qué? pues porque pensaba que ese hombre estaba haciendo un trabajo utilísimo y valiosísimo, pero muy poco valorado, y que, con toda probabilidad, muy pocos españoles estarían dispuestos a hacer, yo incluida. Es más, cuando pienso en el futuro de mis hijos y en lo que me gustaría que llegaran a ser, la pocería no está entre mis opciones preferidas.

Si somos honestos hemos de admitir que cuando imaginamos el futuro de nuestros hijos aspiramos a algo más que la pocería, la fontanería o el electricista, por citar algunas de esas profesiones que nos son tan útiles y que, a la vez, nos permitimos despreciar por su bajo nivel intelectual, lo cual no quiere decir que quienes las ejercen sean tontos, y dándose la paradoja de que, como son pocos y les sobra trabajo, ganan bastante dinero y se permiten darnos largas a la hora de atendernos.
Y los padres nos preguntamos entonces, ¿qué es mejor, que ganen mucho dinero y vivan bien o que sean pobres pero ilustrados? Porque, a fuer de sinceros, hemos de reconocer que dependiendo de que estudios universitarios estemos hablando, el índice de paro llega a ser tristemente alto. Y nos debatimos en la duda y pensamos, y sopesamos nuestro pasado, nuestras inquietudes, y donde estamos, y después miramos a nuestro hijos, y los evaluamos, y los estudiamos para ver que es lo que hacen bien, lo que hacen mejor y lo que no hacen en absoluto y, al final, aplicamos la solución salomónica, a la que ya llegaron nuestro padres antes que nosotros: que estudie una carrera y luego que sea lo que quiera.

"De corte a checa" de Agustín de Foxa

Como soy rebelde y me produce cierto placer ir a contra corriente, sucedio que el otro día me dí de bruces en la biblioteca con un libro que estaba en el ojo del huracán político y, en un arranque de incorrección política decidí leerlo.
No me arrepiento de haberlo hecho. No tengo mucha simpatía por los politicos y no me inclino por ninguna opción en concreto porque ninguna responde enteramente a mis inquietudes, pero si me interesa la historia y no solo la que se ofrece por los cauces oficiales.
En este libro he encontrado una denuncia de la barbarie, evidentemente desde el punto de vista de uno de los bandos, pero como a mi me horroriza toda la barbarie, venga de donde venga, se intente justificar como se quiera, no me pareció tan mal. Es cierto que se hacen algunos comentarios despectivos, y se echa en falta un poco de caridad cristiana, pero tambien es cierto que no hay nada más cerril y terrorífico que el odio de las masas prestas a la destrucción ciega.
Por otro lado, no me pareció nada del otro mundo desde el punto de vista literario, bien escrito, mi sensación ha sido que los personajes no están del todo definidos, absorvidos en cierto modo por la inquietud del autor por retratar la atmósfera reinante en esa época.

El deporte rey

En España el fútbol es el deporte rey. De otros deportes también se habla, sobre todo, si tenemos alguna figura o ganamos alguna medalla. Antes se podían ver baloncesto, torneos de golf, tenis, ciclismo, hípica, atletismo, gimnasia, patinaje artístico, etc. Luego llegó la competencia entre televisiones, los canales de pago y ya, si uno no estaba dispuesto a apoquinar se le vedaba el acceso a tales eventos. El más demandado, por supuesto, era el fútbol, y los partidos importantes, salvo que por decreto del gobierno fueran declarados de "interés nacional", estaban solo al alcance de unos pocos en su casa o de pasarse la noche en un bar. A mi padre le gustaba mucho el fútbol y, afortunadamente para él, se libro de que le dejaran sin poder ver al Real Madrid de sus amores. A mí me interesaba pero sin seguirlo demasiado, y desde luego no lo suficiente para pagar por ello... hasta que estuve fuera de España.
Después de pasar un año fuera de España empecé a añorar todo lo español, no solo la compañía de los seres queridos, los amigos, la comida, también empecé a añorar todo lo español y entre eso estaba ¡el fútbol! Así que, aunque ya durante la semana escuchaba Radio Exterior de España (hay que ver que programas tan rollo largaban a veces), porque era la única manera de tener noticias de mi tierra, porque en los informativos si salía España era solo para las muy malas noticias, o para la tomatina de Buñol, o los Sanfermines, los domingos no me podía pasar sin escuchar a José Manuel Gozalo y  retransmisión de los partidos de liga, y así comencé a aprenderme todos los nombres, y supe, por ejemplo, quién era el divino calvo. ¡Hay que ver lo que hace la nostalgia!
Ahora ya no la sigo tanto, pero sí que me gusta ver los resultados en el periódico y, ocasionalmente, sigo los partidos por la radio. Por televisión solo veo las finales y los partidos de la selección. Mi marido, que no es español, alucina, porque a él no le gustan nada los deportes, y tampoco los entiende, y me mira como si fuera de otro planeta.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Del significado de algunas palabras: ilusión

ILUSIÓN. (Del lat. illusĭo, -ōnis).

1. f. Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos.

2. f. Esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo.

3. f. Viva complacencia en una persona, una cosa, una tarea, etc.

4. f. Ret. Ironía viva y picante.

Esta es una palabra curiosa. Tiene cuatro acepciones que no tienen nada que ver entre sí. Es más, a mi modo de ver, la primera y la segunda acepción son claramente contradictorias. ¿Cómo se puede emplear la misma palabra para describir "tener esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo" y ser a la vez "una imagen o representación sin verdadera realidad sugerido por la imaginación o causado por engaño de los sentidos"? Suena como si uno se estuviera engañando a sí mismo.
¿Y que decir de la tercera y cuarta acepciones, igualmente contradictorias entre sí?
¿Cómo y cuándo llegó esta palabra a adquirir significados tan opuestos? ¿Por qué prima la acepción referida a la imagen o concepto sin verdadera realidad sobre la tercera que es la que más usamos el común de los mortales?
Pues nos hace ilusión un regalo o nos hace ilusión que sucediera tal o cual cosa. ¿O resulta que todo es una ironía viva y picante, como la cuarta acepción?
Es toda una paradoja y su origen, un verdadero enigma. ¿Fue resultado, acaso, de una traición? ¿Hubo alguien, en algún momento, que se sintiera "desilusionado"  y de ello se derivó el primer significado? Podríamos echar a volar la imaginación tratando de conjeturar cual fue el origen, aunque, probablemente, la explicación sea mucho más banal, sin embargo, no podemos dejar de considerar que, además, curiosamente, desilusionar significa reconocer el engaño o quitar la esperanza, ¿por qué se ha reconocido el engaño?, añadiría yo.
No obstante, hay que recordar que a los magos de hoy en día también se les llama ilusionistas, puesto que nos hacen creer que hacen magia, aunque no sean más que prestidigitadores, es decir que crean ilusión, y esa ilusión, a veces, nos da una viva complacencia.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Sobre Jane Austen

Una de mis escritoras favoritas es Jane Austen. He leido "Orgullo y prejuicio" unas siete u ocho veces, en inglés y en español.

Está etiquetada como una autora romántica, con cierto aire peyorativo, aunque fuera una gran escritora, pues sus novelas tratan sobre el amor y donde siempre triunfa el amor desinteresado.  No obstante fue también una gran observadora de sus contemporaneos. Retrató una época y una forma de vida, describiendo magníficamente a sus personajes con suaves, pero certeras, pinceladas y, de una forma muy sutil, los sentimientos de esos personajes, si bien retrataba con una luz más favorecedora a aquellos cuyas aspiraciones eran más elevadas que a aquellos cuyo único interés se centraba en lo material.
Hay dos partes de la novela de las que disfruto especialmente. En la primera, después de una petición de matrimonio nada ortodoxa, y un rechazo aun menos ortodoxo y airado, Mr. Darcy, el orgulloso pretendiente, le entrega una carta con la cual aspira de rebatir las acusaciones en las que la heroina, Miss Elizabeth Bennet, ha basado su rechazo. Mientras lee la carta, puedes sentir como sus sentimientos hacia él van cambiando, como se da cuenta de que su pretendida objetividad no lo era tanto, y que, pese a que él no es ningún santo, había estado cegada por los prejuicios.

La otra escena sucede tiempo después cuando, por azares del destino, termina visitando la casa señorial de Mr. Darcy. Se siente incomoda, es consciente de su situación y, por primera vez, le preocupa lo que pueda pensar él de ella. Le importa perder su buena opinión. Le angustia que él la pueda encontrar allí, se siente intrusa. Entonces se da cuenta, al fin, de que sus sentimientos hacia él no son los que eran, que no le es indiferente lo que el sienta por ella. Todo eso está descrito con una delicadeza y una sensibilidad que ya no se ven hoy en día, donde el realismo se impuesto sobre el sentimentalismo, entendido éste no como sensiblería sino como análisis de los sentimientos como manifestación de espirutualidad, con una concepcion más elevada del amor y no tan reductora al hecho reproductivo, a pesar de que la trama de la novela no se esconde de la realidad e incluye varios casamientos por interés, y hasta una fuga que finaliza en un matrimonio forzado.

Está descrito con elegancia y es, a la vez, tan real, tan auténtico que resulta increiblemente fácil sentirse identificada con las aventuras y desventuras de Miss Eliza Bennet y sus hermanas.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Más cerca de las estrellas

Me voy a desviar un poco de la orientación original de este blog hacia las bellas artes para comentar brevemente que el próximo 16 de noviembre (salvo retrasos) se producirá el lanzamiento de la nave Atlantis con destino a la Estación Espacial Internacional. Desde la página web de la Nasa se puede seguir tanto el lanzamiento, como la misión y el aterrizaje. A mi me fascina enormemente. Hay quién no se cree los viajes espaciales, yo estoy segura de que son posibles y me encantaría poder ver la tierra desde el espacio, aunque ello suponga pasar por las penurias de los viajes de ida y de regreso (la única vez que monté en la montaña rusa me maree de tal manera que no me han quedado ganas de volver a montar). Me encanta seguir los vuelos por internet, porque, es cierto, hice el bachillerato por la rama de ciencias y empecé una carrera de ingeniería, y la ciencia me sigue gustando aunque algún que otro profesor casi me la amargara. Aviso a navegantes, por supuesto está todo en inglés. Do you copy?http://www.nasa.gov/mission_pages/shuttle/main/index.html

Sobre la comunicación

La teoría de la comunicación es muy simple: hay un emisor, un receptor y un mensaje. Así se lo explican a los niños en el colegio. La realidad es muy distinta, entre otras razones, porque hay muchas cosas que pueden interferir en la comunicación y distorsionar el mensaje.
Aun cuando el mensaje sea objetivo, es decir, que no sea ambiguo y esté expresado de forma clara, el mero hecho de que el receptor y el emisor estén condicionados por sus respectivas situaciones hace que el mensaje que uno cree emitir adquiera un significado distinto para el que lo recibe. Así, por poner un ejemplo, un simple "¡Está lloviendo!" puede significar para el que lo emite un aviso de que hay que coger un paraguas y, en cambio, para el que lo recibe puede tener como significado "¡qué bien, se me van a regar las plantas!".
Cuanto más, pues, si el mensaje es complicado o ambiguo y, por ello, sujeto a interpretación.
Hay un juego que se practica entre varios comensales sentados a una mesa, el juego consiste en que uno de ellos emite un mensaje que el siguiente ha de transmitir, sin que el resto lo conozca, hasta que el mensaje vuelve a su emisor primigenio. Por supuesto, cuantos más intermediarios intervengan tanto más divertido resulta. El propósito del juego es ver hasta que punto se ha distorsionado el mensaje durante la transmisión, siendo en la mayoría de los casos tal la distorsión que resulta hilarante.
Sin embargo, ya no resulta tan divertido este juego cuando se produce con efectos más o menos desastrosos en la vida real, constantemente, diariamente, minuto a minuto.
Muchas veces pecamos de ambigüedad o de falta de claridad en nuestros mensajes, a veces intencionadamente, otras veces por error, otras por incapacidad, algunas por miedo a la reacción que pueda producir el mensaje, otras porque nosotros mismos no sabemos lo que queremos decir con nuestro mensaje. Y sin duda, en multitud de ocasiones, el lenguaje, esa herramienta que nos hemos inventado los seres humanos, más que ser una ayuda a la comunicación, se antoja como un obstáculo insalvable.Cuantas veces una mirada parece decir más que las palabras, o un gruñido entre dos perros dejar las cosas más claras que un millón de palabras.
Porque el lenguaje, tanto hablado como escrito, puede resultar insuficiente u obscuro. Aun cuando dos personas hablen y, supuestamente, dominen una misma lengua, su percepción de los significados asociados a las palabras puede ser radicalmente distinta. Y en esto influirían tanto la edad, como el entorno social, la formación y educación recibidas, incluso el sexo. Si a esto añadimos que en el lenguaje verbal podemos introducir matices como el tono y el lenguaje corporal, la cuestión de la comunicación puede complicarse hasta el infinito, dando lugar a multiples combinaciones que pueden resultar en la emisión de mensajes contradictorios o, incluso cuando la intención es sincera, y el mensaje claro, que éste pueda ser malinterpretado, baste sino el ejemplo anterior sobre la lluvia.
El hecho de que, además, existan distintos idiomas supone una complicación más para la comunicación, pues cada idioma, además de las reglas gramaticales, tiene sus propios matices, además de los ya mencionados, derivados de la interacción social en ese area geográfica concreta, y que pueden resultar desconocidos para las personas que no han participado de la misma. No es lo mismo conocer un idioma y sus reglas que hablarlo día a día en un entorno social concreto.

Por si esto fuera poco, en toda comunicación se presupone también una interacción, es decir, no solo se trataría del acto de emisión del mensaje y que éste llegase al receptor sino que, a su vez, el receptor reconozca de alguna manera haber recibido el mensaje ya que, de otra manera, el emisor puede interpretar la ausencia de respuesta como una respuesta en si misma, casi siempre con un sentido negativo.
De ahí que, por ejemplo, los medios de comunicación, ya sean televisiones, radios o periódicos estén siempre tratando de evaluar cuantas personas siguen sus emisiones y de fomentar la participación de la audiencia.
Por otro lado, habría que valorar si la creación artística es una forma de comunicación o tan solo de expresión y, en consecuencia, no requeriría para su culminación el hecho de que exista un o varios receptores del mensaje que pudiera estar implícito en la misma. Pero creo que eso me va a dar tema para otro ensayo.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Y después nos quejamos

Hoy estaba cabreada con el mundo y la mezquindad de los seres humanos, pero dos noticias me han hecho recapacitar y no me resisto a hablar de ellos.
La primera noticia se refería a un enfermo de ELA  (Esclerosis lateral amiotrófica) que, con 30 años, tiene su cuerpo casi completamente paralizado. La otra trataba de una mujer de 40 años que padece el sindrome de Moebius, que produce falta de control de los musculos faciales, por lo que la cara se torna inexpresiva. Dentro de esos cuerpos hay cerebros perfectamente normales que piensan, sienten y padecen como todos los demás y que, además, se dan cuenta de todo lo que les está vedado en esta vida. Dependen de sus familias para que les hagan la vida más fácil, aunque en el primer caso, su vida depende literalmente de los cuidados de su familia, si bien hasta que la enfermedad se declaró pudo llevar una vida más o menos normal. En cambio, en el segundo caso, nunca ha llevado una vida verdaderamente normal, puesto que ha tenido que padecer no solo su enfermedad sino la crueldad de los que le rodeaban, las burlas de los niños en el colegio, el ser invisible para los chicos y hombres que se cruzaron en su vida. Si no fuera por su familia probablemente estaría completamente sola.
Ambos se agarran a la vida con todas sus fuerzas y siguen adelante. Y eso debiera ser una lección para los demás y también un baño de humildad, pero somos tan soberbios...

domingo, 1 de noviembre de 2009

... and it was Halloween



I am not very fond of Halloween. Not in Spain, at least, but sure this was a scary pumpkin!!!

La carta

Entró en el café. Parecía tranquilo a esta hora. El camarero la reconoció de otras veces y le indicó una mesa en un rincón. Ella sonrió e hizo un gesto de agradecimiento con la cabeza. Se dirigió a la mesa con paso decidido. El camarero se acercó mientras se quitaba el abrigo y pregúnto:
-"¿Qué va a ser, Sra.?
-"Un cafe con leche, por favor."
-"Marchando"
Se acomodó en el rincón. Dobló el abrigo concienzudamente y lo dejó en el asiento libre. Después se quitó los guantes y los metió en el bolso, que fue a parar también a la silla donde había dejado el abrigo. Espero pacientemente a que volviera el camarero con el café.
-"¿Alguna cosa más?"
-"No, gracias. Ahora no."
Abrió el paquete con los azucarillos y los echó al café. Observó como se iban empapando lentamente y los golpeó suavemente con la cuchara para deshacerlos. Entonces revolvió el café con suavidad y dejó la cuchara en el plato. Ahora era el momento.
Cogió el bolso, lo abrió y rebuscó unos instantes. Ahí estaba la carta. La sacó con un nudo en la garganta. Trataba de no ponerse nerviosa, pero las manos le temblaban tanto que apenas podía abrir el sobre. Habían pasado muchos meses desde la última.

"Querida Carmen:

Confio en que esta carta no te llegue con demasiado retraso. Perdona la letra, escribo en la cama casi a oscuras para no molestar al compañero. Hubiera querido escribirte mucho antes pero tenía tan poco que decir. Ya sabes que a mi esto de escribir no me va mucho. Tal vez sea demasiado reservado, pero no me sale escribir para contarte tonterias.
Aquí hace mucho frio, pero cuando estoy trabajando no lo noto tanto. La casa está caliente, de noche bajan la calefacción para ahorrar y mientras estoy en la cama no paso frio, pero cuando me levanto empiezo a tiritar. No podía imaginar la cantidad de nieve que ha caido aqui. Ahora hay más de dos palmos, y hace poco cayó tanta que casi no podiamos ni abrir la puerta. La comida es decente pero echo mucho de menos un buen cocido o unas lentejas. Me acuerdo mucho del potaje de tu madre. Mi madre nos manda algo de vez en cuando y lo guardo como oro en paño.
El idioma lo voy entendiendo poco a poco. Con la ayuda de los compañeros me voy apañando, y los de la fábrica también han aprendido un poco de español, para poder dar ordenes mejor. Aquí nos ayudamos todos los españoles.
Cada día que pasa te echo más de menos. Los días parecen muy cortos, todo el día en la fábrica, y parece que cuando estoy en la calle es siempre de noche, porque aquí a la cuatro de la tarde es de noche y la gente ya no sale, claro que con este frio no me extraña. Los españoles nos reunimos en un localito que abrío uno que lleva aquí muchos años, allí hablamos y nos bebemos un carajillo de vez en cuando, recordando lo que hemos dejado atras y escuchando música española.
Sé que esto no te va a gustar, pero si quiero ahorrar más deprisa voy a tener que prescindir de los viajes. Sé que lo me va a resultar muy duro, y también a tí, mi vida, pero cuanto antes pueda ahorrar el dinero, antes podré volver y nos podremos casar. Sin este dinero no puedo comprar el piso. Ya sé que a tu padre no le hace mucha gracia, pero confio en que cuando vea cuanto he progresado se disiparán sus dudas. Si el supiera cuanto te quiero, niña mía...
Algunos compañeros han venido con sus mujeres, a mi no me importaría volver si vienes tú conmigo. A pesar del frío es un sitio muy bonito y aquí hay muchas más comodidades que nos podriamos permitir. Bueno, eso ya lo discutiremos, que lo primero es lo primero.
Será mejor que me despida ya y mande esta carta cuanto antes, que no quiero que pienses que me he olvidado de tí, mi amor.
Con todo mi corazón,
Juan."

Tenía los ojos llenos de lágrimas que iban cayendo en el café, intacto y olvidado en la mesa, haciendo pequeños agujeros en la espuma. Cerró los ojos y se tocó el anillo, ese anillo que abrazaba el dedo corazón de su mano derecha.

sábado, 31 de octubre de 2009

La frialdad de la noticia

"HALLADOS 60 INMIGRANTES ILEGALES MUERTOS EN UN CONTENEDOR
En la tarde de ayer fueron encontrados los cadáveres de 60 inmigrantes ilegales en el interior de un contenedor que transportaba un carguero procedente del norte de África. El carguero había zarpado hacía 20 días,y durante todo ese tiempo parece ser que no recibieron ni agua ni alimento. El descubrimiento se realizó a petición de los estibadores del puerto, que se quejaron del mal olor procedente de uno de los contenedores mientras procedían a descargar los restantes. El juez ordenó el levantamiento de los cadáveres, a los que se realizará la autopsia para conocer las causas exactas de su muerte. Los forenses que examinaron el interior del contenedor encontraron los cadáveres entre los restos de sus propias heces, lo que parecían restos de comida y algunas botellas de agua vacías, y algunos de los cadáveres presentaban ya un avanzado estado de descomposición, lo que indica que fallecieron hace ya varios días. Se han recogido las pertenencias con objeto de tratar de averiguar sus identidades y estudiar la posibilidad de repatriar los restos a sus países de origen a petición de los familiares."
Ya había dejado de contar los días. Desde el momento en que se acabó el agua ya no le importaba si era de noche o de día. Todavía era capaz de percibir el hedor, pero poco a poco se había ido acostumbrando y ya no le producía nauseas. El calor era casi insoportable, no había apenas sitio para moverse, pero tampoco tenía ganas. Podía escuchar la respiración de los demás, pausada, muy queda. El otro día uno intentó gritar, se estaba volviendo loco y quería salir. Entre las tinieblas pudo entrever el forcejeo y después el silencio. Si los descubrían allí a todos lo más probable era que los echaran al mar y no podían permitir eso. No se preguntó que es lo que había pasado, tenía la certeza de que alguno de los otros llevaba un cuchillo, o algo similar y que el alborotador había sido asesinado para proteger a los demás.
Sintió la necesidad de llenar la botella. No podía desperdiciar ni una gota. Ya casi ni sudaba. Al principio, la sola idea de beberse su orina le había parecido no solo repugnante sino ultrajante pero, después de un día sin agua, con tanta sed que la lengua le parecía de cartón, ni lo pensó, llenó la botella y casi la saboreó. De la comida ya ni se acordaba, notaba como día a día se le iba hundiendo el vientre y le sobresalían las costillas.
De vez en cuando cambiaba de postura, incluso intentaba ponerse de pie, si alguna vez llegaban a su destino quería intentar salir de allí por su pie, erguido, y poder preservar una brizna de orgullo.
El cuerpo que está a su lado parece estar rígido, hace varias horas que no se mueve. La tentación de comérselo revolotea en su cerebro, si está muerto que más le dá, no le importará que le dé un par de bocados, si los demás nos salvamos su muerte no habrá sido en vano. Su madre se hubiera horrorizado, entre lo mucho que le había enseñado estaba el respetar a los muertos. Pensó en su madre con dulzura, y solo por su madre desechó la idea. Todo lo que iba a trabajar por su madre. Cuando supiera que había llegado a Europa se iba a poner contentísima.
Apenas le quedan fuerzas ya. Las respiraciones alrededor son cada vez más lentas y todos están exangües. En el bolsillo volvió a apretar el amuleto. El brujo le había dicho que le protegería, aunque el sacerdote le había mirado con preocupación. Casi no puede sujetar la botella, la orina es cada vez menos y más concentrada. Algunas veces incluso la derrama, porque las manos casi no le responden. Las piernas le parecen de madera. Ahora que muchos están muertos parece que hace menos calor. No quiere cerrar los ojos, tiene la intuición de que si lo hace ya no los abrirá más, pero le pesan, le pesan tanto...

viernes, 30 de octubre de 2009

Sobre el perdón

A menudo a los seres humanos nos cuesta mucho pedir perdón, reconocer que estamos equivocados. ¿Será por orgullo? ¿Será por vergüenza? ¿Será miedo? Pero el hecho está ahí. Por tanto, hemos de aprender a pedir perdón . Hay que pedir perdón con humildad, con vergüenza ¿por qué no? y honestamente, reconociendo nuestra falta.

No menos importante es saber perdonar, con magnanimidad y sin rencor, lo que no siempre resulta fácil. No todo el mundo puede o sabe o quiere perdonar, de manera que resulta igualmente necesario aprender a perdonar. Si nos dejamos llevar por los deseos de venganza, o esperamos ser resarcidos por el daño producido, es muy posible que nunca seamos capaces de perdonar.

También hay perdones y perdones. No es lo mismo pisar a alguien en el metro o en la calle que jugarle una mala pasada a alguien, o causarle un daño irreparable.  Otra veces molestas o hieres a alguien sin darte cuenta, o habiendote dado cuenta, no encuentras la manera de disculparte. A veces se trata simplemente de un malentendido, pero eso pertenece otro ámbito, el de los problemas de comunicación, y en eso ya entraré otro día.

A mí, particularmente, no me resulta difícil perdonar, pero tengo que reconocer que sí me resulta más difícil olvidar, lo que muy a menudo se traduce en que me cuesta más confiar en las personas.

Por otro lado, no recuerdo habérsela jugado nunca a nadie, al menos siendo consciente de ello, sin embargo sí recuerdo muy vivamente errores que cometí, errores de juicio, que no maldades, y en los que jamás me hubiera gustado caer. Sé que si ocurrieron fue porque en ese momento particular sentí, ojala hubiera pensado, que era lo mejor que podía hacer, aunque solo después, cuando mi cerebro logró impornerse a mi corazón, pude comprender y desear no haber hecho lo que hice o decir las cosas que dije.
Entonces, e incluso ahora, quisiera poder pedir perdón, poder deshacer lo hecho, sin embargo, las circunstancias o la distancia o el tiempo, o todo a la vez, lo convierten en una tarea imposible y ello hace que, a su vez, me resulte imposible perdonarme a mi misma. Puede que a veces sea indulgente con mis defectos, quién de nosotros no lo es, pero al mismo tiempo soy también mi más severo juez (habría mucho que hablar sobre mis complejos).
Es una cruz enorme tener una buena memoria, y más aún tener conciencia. Tengo muy presentes al menos cinco ocasiones en las que, con el tiempo y una reflexión más pausada, tengo que reconocer que, a pesar de mis, por lo general, buenas intenciones, cometí un error, ya fuera a causa de un cierto egoismo o falta de consideración  por mi parte, ya fuera por no haber sabido controlar mis impulsos y actuar con precipitación.
Al no poder pedir perdón por ello, mi castigo es recordarlo mientras tenga memoria. Bien es verdad que, por las mismas razones por las que me resulta imposible suplicar el perdón, tampoco me es posible conocer con exactitud el alcance que estas equivocaciones o errores tuvieron, o si resultaron tan importantes para estas personas como lo han sido para mí, y solo me cabe suponer que en algunos casos puede que sí y, en otros, tal vez no.
En todo caso, si me fuera posible desde aquí, mediantes estas líneas, redimir esta pena, con toda humildad me disculparía: perdón, perdón y mil veces perdón, a todos, desde el fondo de mi corazón, porque pedir perdón no me cuesta sino que, al contrario, sería una liberación.

Time management

Dear Erma,
I write to you because I feel that you could help me. You've been through this when you were in this world and I desperately need your advice. How did you manage to find time to write? I spend my days looking forward to writing a few lines and every day becomes harder and harder to find the time. The first few days when I took up writing it felt easy, you can always abandon the house chores for one or two days but then everything start piling up in front of you: the clothes, the dishes, the shopping, and all the other stuff that you cannot forsee but it`s there waiting for you, and though I carry a notebook around I just can't find the time to sit and write. I need some kind of device that could read my thoughts and save them all those times when I am not able to take the pen and write.
How did you manage to find the humour in it? I just feel frustrated and angry. My dear Erma, if only I had time to read your books and laugh again. Many a day I must choose between writing and reading. Definetely I need somebody to invent that machine. The only that's cheering me up is to see Stever McQueen on tv.
Your faithful reader,
A.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Contrastes

En mi idas y venidas en metro no puedo dejar de mirar a mi alrededor.
Si alguien ha viajado en alguno de los trenes nuevo, que recuerdan un gusano, se habrá dado cuenta que los vagones no están separados y uno puede transitar de principio a fin del tren. Normalmente hay tanta gente que no se pueden ver los extremos, sin embargo ayer si que era posible, y la sensación óptica resultaba, cuanto menos, curiosa. En todos los coches hay barras para sujetarse, de manera que, debido a la perspectiva, la distancia entre ellas parece menor cuanto más lejos están, y así daba la sensación de que la gente que iba en esos vagones estaba metida entre barrotes, como jaulitas. Era solo un efecto óptico, pero casi resultaba una metáfora de la vida.
Esta mañana, en cambio, lo que me llamó la atención fue una pareja. Ambos muy jovenes, muy enamorados, y él la cogia por la cintura, no agarrada ni sujeta, con una ternura, una levedad, como si fuera muy frágil y se fuera a romper. La cogía casi como se coge un ramo de flores. Era una imagen muy enternecedora para ver a las ocho de la mañana. Así se puede empezar bien el día.

martes, 27 de octubre de 2009

Sensibilidad y, quiza, algo de sentido

No sé porque, de un tiempo a esta parte, todo se me hace un mundo. Es como si tuviera la sensibilidad exacerbada, y todo me afecta de una manera que pareciera multiplicada por diez o cien o mil. Sin ir más lejos, el otro día tenía que reunirme con una profesora de mi hijo, me puse tan nerviosa como si fuera a pasar un examen y, a estas alturas, ya me he reunido con unos cuantos profesores, para lo bueno y para lo malo. Del mismo modo, me noto más irrritable, y tengo menos paciencia, hasta me cuesta poner buena cara cuando se me está acabando la paciencia. En este momento entiendo perfectamente que los escritores se encierren en lugares remotos y aislados del mundanal ruido, en busca de paz y tranquilidad.
También me noto una cierta falta de energía ¿apatía?¿cansancio?. Además de tomar vitaminas, tengo otra solución que me produce una cierta vergüenza, me "chuto" música vía reproductor mp3. No me gusta en demasia la idea de que todos vayamos por el mundo con los cascos puestos escuchando cada uno su música o su radio, aislados de los demás, sin embargo, yo también lo hago.
Desconozco cuales serán las razones de los demás, las mías son que la música me proporciona la energía que me hace falta para echar a andar por la mañana, o después de comer. No puede ser cualquier música, si escuchara clásica o blues o Sinatra creo que directamente me pondría a llorar, sino que tiene que tener marchita, aunque las letras sean tristes, de estilo pop/rock o rock (rock duro no, no me ha ido nunca) me levanta, camino siguiendo el ritmo y también, ahoga el exceso de ruido que producen mis pensamientos. Supongo que, como excusa para escuchar música, es un poco sui generis. Me encanta la música (siempre lamentaré no haber aprendido) y tengo un gusto muy amplio, que va cambiando según el humor que tenga. Así, en esos momentos en que mi ánimo está mas bajo, necesito marcha, mientras que en aquellos momentos de tranquilidad puedo disfrutar de una balada hasta la saciedad.
Ahora me va la marcha (pero solo en música, que conste).

"Una pena en observación" de C.S. Lewis

"Con un equipo de cinco sentidos, una inteligencia incurablemente abstracta, una memoria que selecciona al azar, una serie de prejuicios y asunciones tan numerosos que nunca logro examinar más que una pequeña parte si es que llego a ser consciente de ella ¿qué porcentaje de realidad total puede llegar a ser penetrado?"

Esto es una cita del libro "Una pena en observación" de C.S. Lewis, que me he permitido entresacar por su veracidad. Es un libro hermosísimo y muy honesto. Lewis lo escribió después de la muerte de su mujer, como una manera de superar su pena, analizando tanto esa pena como, al mismo tiempo, lo que supuso en su relación con Dios. Como creyente me admira su capacidad para hablar de Dios y de su fé, ya que a mí me resulta mucho más difícil.
Pero hay mucho más. Es un asombroso análisis de sus sentimientos, lúcido, pero también profundamente subjetivo, es su dolor, pero no por ello es triste, ni sensiblero. Al menos, yo no lo veo así.

No es un libro que tuviera pensado leer, ya que lo descubrí por casualidad. Ayer me acerque a una biblioteca a buscar otro libro, que no encontré. No soy muy dada a leer traducciones de libros de autores que escriban en inglés, pues prefiero el original, pero como soy incapaz de salir y entrar de una biblioteca, librería o similar sin echar un vistazo, se me ocurrió mirar los libros que había de C.S. Lewis, por ver si encontraba uno que sí me interesara leer, y que, cosas del destino, tampoco encontré. El caso es que mi vista se topó con este libro finito, apenas cien páginas, y su título reclamó mi atención. Después de ojearlo decidí que por qué no, que iba a intentar leerlo. Y digo intentar porque tengo, al menos, cuatro libros empezados, y muchos más pendientes de leer, pero eso es otra historia.
Empecé a leerlo en el trayecto de vuelta a casa. Al principio leía muy deprisa, con la no muy sana intención de acabarlo ese mismo día, pero a medida que iba leyendo lo iba disfrutando cada vez más, a la vez que me invitaba a la reflexión.
Aún no lo he terminado pero, aunque lo acabe, me temo que este libro necesita más de una lectura para sacarle todo el jugo que lleva dentro.
Es de mencionar que, si bien no conozco el original, la traducción es excelente, como se puede esperar de Carmen Martín Gaite.

sábado, 24 de octubre de 2009

Sorpresas te da la vida, ¡ay! Dios.

La vida es extraña. Es sorprendente. Es inevitable.
Con el paso de los años vamos adquiriendo cierta estabilidad. Tenemos un trabajo, una familia, una rutina diaria, semanal, mensual...anual. Tenemos las preocupaciones habituales: más o menos trabajo en la oficina, las enfermedades de los niños, llegar a fin de mes... Algunos momentos de asueto, un ratito al día, quizá, una salida algún fin de semana, las vacaciones, gente que viene, gente que va y, con un poco de suerte, unas migajas de tiempo para dedicarnos a nosotros mismos. Todo discurre como si fuéramos por una autopista. La autopista de la vida.
Algunos intentamos, dentro de lo posible mirar más allá del horizonte, girar la cabeza y observar el paisaje, pero no es fácil, porque la vida no se para, todo discurre muy deprisa, tan deprisa que, a veces, no nos damos cuenta de las cosas.
Si alguien, hace apenas unos meses, me hubiera dicho que iba a estar haciendo lo que estoy haciendo ahora le hubiera dicho que estaba loco o loca, o que me estaba tomando el pelo.
Pero la vida te da sorpresas, como dice la canción de Rubén Blades.
No sé cómo, no sé cuando, pero algo cambió. Lo más asombroso fue, ha sido, que no me dí cuenta hasta que supe que lo perdía.
Ha sido uno de los descubrimientos más asombrosos de mi vida. Tanto más por lo inesperado. Cuando piensas que ya nada te puede sorprender, que todo lo que te va a suceder es más o menos previsible, sucede un pequeño milagro, pero estás tan ocupada viviendo para los demás una vida frenética que no percibes el milagro, que no le das importancia. Y cuando lo vas perder, te despiertas de repente, alertada por el dolor agudo, intenso, que produce la pérdida, como si todo lo anterior hubiera sido un sueño. Y te preguntas ¿cómo? ¿dónde? ¿cuándo? Y entonces, además del dolor, sientes confusión, tristeza, desesperación ¿y si me hubiera dado cuenta antes? ¿por qué solo apreciamos el valor de lo que tenemos cuando lo podemos perder?
Ahora doy gracias a Dios por ese pequeño milagro.

viernes, 23 de octubre de 2009

El caso Dan Brown

El Corte Inglés acaba de "recordarme" la próxima aparición del nuevo libro, por llamarle algo, de Dan Brown.

Me parece increible que este señor pueda vender tanto. Fue tal el fenómeno de "El código Da Vinci" que cedí a la tentación y lo leí. Hacía mucho tiempo que no ponía mis ojos sobre algo tan mal escrito, tan pueril. Ni siquiera la historia es original, se hacía eco de varias leyendas que circulan en torno a Jesús y a los templarios.

Son muchos los libros que tratan los supuestos enigmas relacionados con los caballeros templarios y este señor utilizó, entre otras, una de las leyendas más conocidas en Escocia, la que se refiere a Rosslyn. Creo que hasta le pusieron una querella por plagio, puesto que ya existían varios libros que recogían la supuesta historia de celos entre el maestro y el aprendiz y los tesoros escondidos.
Por cierto, Rosslyn es un pueblecito pequeño en las afueras de Edimburgo. (Sí, también he estado allí. Guardaos los pensamientos mordaces y la sonrisita, no estoy intentando parecer una snob). Y debe su fama a una capilla, que tiene el aspecto de una catedral gótica en miniatura, y, efectivamente, existe la columna del aprendiz, que se distingue del resto por que está mucho más elaborada, y encierra otros muchos misterios, por ejemplo, en algunas de las imagenes esculpidas en la piedra. Data de 1446, y la construyo un nobles escocés. La verdad es que merece la pena la visita. Es un lugar muy curioso.

La verdad es que me fastidió bastante que ese pseudoescritor se apropiara de esas historias. Si por lo menos hubiera estado bien escrito.

En resumen, no entiendo que ha podido ver "el público en general" en un libro tal mal escrito, pero yo, desde luego, no pienso caer en la tentación de perder mi valioso tiempo en leer ningún otra astracanada que escriba el susodicho Mr. Brown.





Un día... peculiar

El miercoles pasado fue uno de esos días en que uno no sabe si hubiera hecho mejor quedándose en la cama. Aunque bien mirado hubo momentos memorables.

El comienzo fue cercano a lo catastrófico. El comienzo una vez en la calle, quiero decir, porque el comienzo real se había producido un laaargo ratito antes.
Bueno, a lo nuestro, la primera en la frente, como dicen los castizos. Llegué al metro y me dí cuenta de que se me había olvidado el abono transporte. Ya entonces debiera haberme dado la vuelta. Sin tiempo para regresar a casa a buscarlo, compré a toda prisa un metrobus y seguí mi camino.
Que poco me podía imaginar que, al llegar a la oficina, me esperaba lo peor. Fui a buscar un café para llevármelo al despacho, como suelo hacer todos los días, cuando al salir de la cafetería me enganché la sisa del chaleco que llevaba con el picaporte de la puerta, el café volaba por los aires mientras escuchaba con horror como se desgarraba la tela. ¡Oh, cielos! ¡El chaleco! El dichoso chaleco, que le había pedido prestado a mi marido, y que él me había dejado, ¡con expresas instrucciones de cuidar!, porque era una reliquia. ¡Tierra trágame!
Además, la mayor parte del café había ido a parar a mi impoluta camisa blanca.
Pero eso no era todo. Para mayor escarnio, esa misma mañana tenia una reunión. Cuando las cosas van mal, todavía pueden ir peor.
Una vez superado el shock y las quemaduras de primer grado, recordé, con infinito alivio, que había guardado un jersey negro en mi despacho, fruto de las compras que realizo, por buena voluntad más que otra cosa, a una señora que vende ropa en la oficina. En ese momento, la bendije con todo mi corazón. Estaba salvada. Carrera al cuarto de baño y como si no hubiera pasado nada. Bueno, casi, porque aún me quedaba enfrentarme a la mirada acusadora de mi marido por el "pequeño" desperfecto en su chaleco.
La reunión fue bien y, aparte de un ligero aroma a café que me acompañó todo el día, no sucedió ninguna otra catástrofe de semejante magnitud.
La nubes no habían desaparecido del todo del horizonte. A la salida de la reunión me tuve que enfrentar a la rebeldía de los ordenadores, que se negaban a hacer lo que les pedía. No conseguí hacer nada de lo que me había propuesto hacer ese día. Pensé: ¿me habré vuelto tonta de repente?
Hacia la tarde empezó a escampar, metafóricamente hablando, porque ese día llovía.
En el metro (¡ay! el metro, que fuente de inspiración) tuve ocasión de observar una curiosa escena. Una mujer joven, entró en el vagón y se sentó. Al lado otro hombre, joven también. En un momento dado, ella sacó toda la artillería pesada de la condición femenina: el maquillaje, y empezó a arreglarse allí mismo. Estamos hablando de las tres y media de la tarde. Se puso maquillaje, polvos, rímel, vamos, de todo. Y el hombre que estaba a su lado la miraba de reojo, cada dos por tres, sin saber que cara poner. No hace tanto que esos gestos solo hubieran tenido lugar en la intimidad de la casa, y ninguna mujer hubiera querido rebelar los secretos de sus afeites, pero los tiempos van cambiando.
Después recogí a mi hijo pequeño del colegio.
Es un personaje. Estaba triste porque la profesora les había castigado, él creía que sin razón, a copiar unas frases durante el recreo del día siguiente. También me habló con pena de un compañero nuevo, que es de origen árabe y no habla bien el español, pero con quién la profesora no tenía paciencia. Después de contarme sus cuitas, remató: "La vida es injusta". Oír esto de un niño de nueve años no deja de ser sorprendente. Y yo pensé: "Si tu supieras...".
Epílogo:
Si estoy escribiendo estas líneas es porque mi marido me ha perdonado la vida, bajo la promesa de reparar los daños infligidos a su chaleco.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Sobre escribir

Escribir es

Reir y llorar
decir y callar
morir y matar
gritar y susurrar

Escribir es

Libertad y esclavitud
Claro y oscuro
Dulce y amargo
Premio y castigo

Escribir es soledad

A veces

A veces no vemos
y nos engañamos
A veces vemos
pero no queremos ver

A veces vemos
pero no queremos creer
A veces creemos
lo que no queremos ver

A veces imaginamos
lo que queremos
A veces queremos
lo que imaginamos

A veces no vemos
A veces soñamos

martes, 20 de octubre de 2009

Sin título

Me gustan los días grises.
Me gusta la lluvia y la soledad
El aullido del viento
El rugido del mar

Me gusta escuchar
Me gusta sentir
me gusta perderme
En su inmensidad.

lunes, 19 de octubre de 2009

La vida sigue

Ayer escribí con cierta rabia, pero lo cierto es que, lentamente, voy poniendo orden en el caos. No es fácil, sobre todo cuando hay que volver necesariamente al lugar del "crimen", pero es necesario.
No estoy demasiado satisfecha de todo lo que he publicado, pero me ayuda a encauzar las emociones, los sentimientos. Ayuda a reflexionar sobre los porqués, los cómos, los cuándos...
Aunque sigue habiendo muchas preguntas y pocas respuestas.
La vida enseña, a palos muchas veces, que las personas vienen y van. Que nada es eterno y que todo tiene su ciclo.
He conocido a muchas personas a lo largo de la vida. La inmensa mayoría han sido relaciones más o menos superficiales, y con pocos o ningún interés en común. De algunos, que me perdonen, no recuerdo ni el nombre.
En unas pocas ocasiones he encontrado personas con las que esa relación trascendió lo superficial, el mero trato social, y adquirió profundidad. Cada una de ellas fue muy enriquecedora y, siempre, estaba basada en algún interés común: el cine, la música, los libros...
En la mayoría de esos casos, percibí de manera más o menos clara cuando el ciclo había llegado a su fin y acepté, aceptamos, no sin pena y resignación, que había que seguir caminos distintos. Nunca he sentido un afán de posesión.
Hay veces, y esta es una de ellas, en que, sin embargo, queda la sensación de que el ciclo se rompe, que no ha llegado a alcanzar su fin natural, que no era así como tenía que acabar y de quedan cosas por decir. Y no puedo evitar rebelarme. Luchar.
Eso no quiere decir que, a pesar de todo, no sea consciente de que la lucha puede ser inútil, pero si no se lucha por aquello que sentimos que vale la pena, ¿por qué íbamos a luchar sino?

domingo, 18 de octubre de 2009

Dolores

Hoy he tenido la suerte de ver un corto que me ha gustado mucho. Es difícil ver cortos, porque nadie les dedica espacios en televisión, pero zapeando encontré un canal en la tdt que daba un programa dedicado al cine español.
El corto se llama "Dolores". Está escrito, dirigido y protagonizado por una chica: Manuela Burló Moreno. Y es muy buena. Me encantó. No sé si influyó que trataba sobre la comunicación y las relaciones entre personas y le he dado muchas vueltas a eso estos días.

Nueva semana

Mañana es lunes. Hay que volver al trabajo. La semana pasada se me hizo muy, muy dura. El cambio ha sido radical. Ya nada es igual. Y yo echo de menos tantas cosas.
Muy posiblemente estarán ocupados todos los despachos. El nuevo subdirector adjunto se llama Nicolás, pero no tengo el menor interés en conocerlo. Tiene su propia tarea por delante. Por lo que sé no se parece en nada al anterior. En nada. Probablemente sea mejor así.
Más reuniones sobre las aplicaciones. Una ponencia. Discusiones de trabajo y conversación instrascendente.
El nuevo subdirector, Carlos, se esfuerza por crear buen ambiente. Parece muy buena gente, pero poco se puede imaginar lo que pasa por mi cabeza. Si a mi me hubieran dicho esto hace unos meses, hubiera pensado que deliraba.

Mi padre

Cuando pienso en mi padre, lo primero que se me viene a la cabeza es sibarita. Mi padre era un sibarita.
No sé como llegó a serlo, no nació con una cuchara de plata en la boca. Su padre, mi abuelo Enrique, era músico, de ascendencia murciana. Su madre, mi abuela Florencia, originaria de Navarra, fue un ama de casa que crió a siete hijos, tres hijas y cuatro hijos. Mi padre nació en Segovia, donde mi abuelo era director de la banda de la Academia de Infantería. Cuando tenía 8 o 9 años se marcharon a Turégano, un pueblo pequeñito no lejos de Segovia capital. Allí fundó una banda de música. De lo que a veces nos contaba, deduzco que no le debieron controlar mucho, y que pasaba bastante tiempo investigando el mundo por ahí. No tuvo estudios formales, pero aprendió a leer y escribir y tenía buena cabeza para las cuentas. Leyó mucho y con ello adquirió una cierta cultura.

A los cuatro hijos que tenía mi abuelo les enseño música, para que pudieran ganarse la vida. A dos les enseño a tocar la tuba, y a los otros dos el trombón. A las chicas no, cosa que mi querida tía Rosario siempre lamentó, porque le gustaba mucho la música. No creo que a todos los chicos les gustara especialmente la música. A mi padre sí, a su manera.

A él le tocó en suerte el trombón. Y lo tocaba muy bien. Nunca le faltó trabajo, y muchas veces tenía demasiado. Tocó hasta los 70 años. Hasta que lo jubilaron. Después no volvió a tocar nunca más.

Todos los hermanos entraron el Ejercito como músicos militares en cuanto tuvieron edad para ello. Además, trabajaban en orquestas y cualquier otro evento que precisara de su arte: opera, zarzuela, espectaculos de variedades, y cuando llegó la televisión, hasta en televisión. Cuando se retiro del Ejercito, llegó a formar parte de la Orquesta Nacional y de la Orquesta de RTVE.

El salario fijo lo proveía el ejercito, el resto llegaba de forma irregular.Y mi padre, que no tenía ningún espiritu ahorrativo, se gastaba esos extras en vivir como un rey. Se compraba ropa y zapatos de calidad, y comia todo lo bien que podía. En esto último, en comer, para mi fe el precursor de la "nouvell cuisine", le gustaba comer bien, pero en cantidades minúsculas.

Se casó joven, pero ese matrimonio no resultó y ella, despechada, se marchó a Barcelona con sus hijos. Y es que a mi padre le gustaban las faldas y, como era guapo, no le faltaban tentaciones.

Mucho tiempo después conocería a mi madre. Ya entrado en años y con más ganas de sentar la cabeza. Entonces nacimos mi hermano pequeño y yo.

Mi padre tenía muchas manías. Era muy supersticioso. Nada de tijeras abiertas, paraguas abiertos dentro de casa, etc, etc... Le daban miedo muchas cosas, entre ellas conducir. Fue incapaz de aprender. Una vez, cuando otro familiar nos traía a casa (siempre dependimos de otros o de los taxis para desplazarnos) le convenció para que cogiera el volante del coche y probara. Era cuesta abajo, una calle relativamente ancha. ¡Bajamos haciendo eses! Tenía tanto miedo que no podía ni sujetar el volante.
Una de las consecuencias más placenteras de esta fobia fue que en vacaciones nunca viajabamos en coche, siempre lo haciamos en tren. A él le debo mi amor por los trenes.

Le gustaba mucho el fútbol. Fan acérrimo del Real Madrid. Fue socio, aunque cada vez iba menos al campo (antes ir al fútbol era muy incómodo). Veía los partidos por la tele, pero bajaba el volumen y se enchufaba a la radio. Los vivía de tal manera que, a veces, se le escapaban los pies intentando marcar un gol.

También era muy generoso. Cuando hacía regalos, los hacía a lo grande. Al menos, mientras tuvo dinero para gastar. Ponía mucho interés en agradar. Y con su innato buen gusto rara vez hizo un regalo que no gustara.

Fue un hombre con mucho encanto. Incluso cuando envejeció mantuvo siempre una apostura y un saber estar que no se ven a menudo.

No llegó a conocer a mis hijos.
(Mi padre murió el 7 de diciembre de 1993)