jueves, 28 de abril de 2011
Space Shuttle Endeavour
Una breve nota para anunciar el último vuelo de la nave Endeavour. Despegará, Dios mediante, mañana viernes a las 21:47, hora española, desde Cabo Cañaveral, y como es costumbre se podrá observar en directo a través de la página web de la Nasa, http://www.nasa.gov/. Sé que habrá mucha gente pendiente de la boda del heredero del heredero de la corona de Inglaterra, pero se pueden seguir ambos eventos perfectamente y, en cierto modo, ambos tienen un aura de romanticismo, a mi modo de ver.
domingo, 17 de abril de 2011
Mis queridos vencejos
Hace un par de días comencé a escuchar sus chillidos. Tímidos, apenas media docena de pájaros, el adelanto de los que suelen retornar todos los años a criar entre nuestros tejados. Es un símbolo inequívoco de la primavera. Su presencia anuncia días más largos, calor, la promesa de un nuevo comienzo. Todos esos pollos que nacerán y antes de acabar el verano regresaran con sus padres a las tierras donde pasarán el invierno.
Cuando llegan estos días no puedo dejar de buscar entre todos los sonidos ese chillido característico, y cuando por fin lo encuentro me inunda una alegría indefinible, dulce, inocente, y corro a la ventana a ver su silueta de avión hacer piruetas en el aire.
Tal vez sea el único evento realmente natural que queda en la ciudad, y quizá sea por eso que me resulta tan fascinante. Si algún día no vuelven no quiero, ni puedo, imaginar la tristeza que me produciría su ausencia. Este año han vuelto...
Cuando llegan estos días no puedo dejar de buscar entre todos los sonidos ese chillido característico, y cuando por fin lo encuentro me inunda una alegría indefinible, dulce, inocente, y corro a la ventana a ver su silueta de avión hacer piruetas en el aire.
Tal vez sea el único evento realmente natural que queda en la ciudad, y quizá sea por eso que me resulta tan fascinante. Si algún día no vuelven no quiero, ni puedo, imaginar la tristeza que me produciría su ausencia. Este año han vuelto...
domingo, 10 de abril de 2011
La oscuridad
Acabo de leer un artículo sobre las personas que están trabajando en la central nuclear de Fukushima tratando de controlar los escapes de agua y estabilizar el reactor. Lo que más miedo les daba era la oscuridad, no era la dificultad de trabajo en sí, tampoco el riesgo que están corriendo al estar expuestos a la radiación. No, lo que más le imponía era la oscuridad.
En otro artículo veo la foto de un bombero que ha estado apagando el fuego en un centro comercial en China. Está vestido de amarillo y destaca entre los restos ennegrecidos de lo que fue un luminoso centro comercial. Lo que más me llama la atención es la oscuridad.
Los niños suelen tener miedo a la oscuridad y algunos adultos nunca logran deshacerse de ese miedo nunca.
Hay oscuridades que parece que incluso absorven la luz, se la tragan como si fueran agujeros negros. La oscuridad después de un incendio tiene ese carácter. El hollín, las cenizas parecen ser esponjas que absorven la luz y convierten los restos en algo aún más lóbrego, ominoso, desgarrador. Parece el summún de la destrucción. Creo que no hay nada más desolador que el fuego. Ese fuego que cuando arde nos atrae como si fuéramos polillas, que nos fascina porque creemos poder controlarlo, pero que cuando se revela a ese supuesto sometimiento destruye con tanta furia, con tanta saña, que hasta acaba con la luz que antes derrochó. No deja más que oscuridad, una oscuridad muy oscura, una negrura infinita.
En otro artículo veo la foto de un bombero que ha estado apagando el fuego en un centro comercial en China. Está vestido de amarillo y destaca entre los restos ennegrecidos de lo que fue un luminoso centro comercial. Lo que más me llama la atención es la oscuridad.
Los niños suelen tener miedo a la oscuridad y algunos adultos nunca logran deshacerse de ese miedo nunca.
Hay oscuridades que parece que incluso absorven la luz, se la tragan como si fueran agujeros negros. La oscuridad después de un incendio tiene ese carácter. El hollín, las cenizas parecen ser esponjas que absorven la luz y convierten los restos en algo aún más lóbrego, ominoso, desgarrador. Parece el summún de la destrucción. Creo que no hay nada más desolador que el fuego. Ese fuego que cuando arde nos atrae como si fuéramos polillas, que nos fascina porque creemos poder controlarlo, pero que cuando se revela a ese supuesto sometimiento destruye con tanta furia, con tanta saña, que hasta acaba con la luz que antes derrochó. No deja más que oscuridad, una oscuridad muy oscura, una negrura infinita.
lunes, 4 de abril de 2011
¿Quién soy yo?
Es una pregunta recurrente. ¿Tengo, acaso, varios yos o son distintas caras de un único y mismo yo? ¿qué es el yo? ¿conocemos nuestro yo de verdad? ¿conocen los demás nuestro yo al completo o solo uno de ellos? ¿o solo una de sus caras?
¿Qué es el yo? Quiza esta debiera ser la pregunta de partida. El yo puede ser un conjunto de rasgos de carácter y personalidad que definen a una persona y que la diferencia de otros yos, de otras personas. Por otro lado, el yo puede tener un comportamiento particular diferenciado según en qué lugar se encuentre. Esto sería, pues, una de las caras del yo.
De la experiencia he deducido una respuesta como punto de partida. No nos comportamos igual en casa que en el trabajo, por ejemplo. ¿Quiere ello decir que tenemos un yo para casa y otro para el trabajo, o solo son facetas del mismo yo? Hete aquí el quid de la cuestión. Si nuestro comportamiento es lo suficientemente diferente de un lugar a otro, se podría deducir que nos encontraríamos frente a dos yos distintos, dos personalidades. Un yo puede ser, pongamos por caso, taciturno en casa y alegre y desenvuelto en el trabajo. ¿O este ejemplo serían dos yos? El yo taciturno y el yo desenvuelto. ¿Por qué? ¿A qué se debe esto?
¿Pueden, acaso, las circunstancias determinar un yo de varias caras o varios yos distintos? ¿Hasta que punto influyen los factores ajenos, externos en la formación y exhibición del yo? ¿Es el yo, como decía Ortega, el yo y su circunstancia?
Preguntas y más preguntas. ¿Y a qué venía todo esto?
¿Qué es el yo? Quiza esta debiera ser la pregunta de partida. El yo puede ser un conjunto de rasgos de carácter y personalidad que definen a una persona y que la diferencia de otros yos, de otras personas. Por otro lado, el yo puede tener un comportamiento particular diferenciado según en qué lugar se encuentre. Esto sería, pues, una de las caras del yo.
De la experiencia he deducido una respuesta como punto de partida. No nos comportamos igual en casa que en el trabajo, por ejemplo. ¿Quiere ello decir que tenemos un yo para casa y otro para el trabajo, o solo son facetas del mismo yo? Hete aquí el quid de la cuestión. Si nuestro comportamiento es lo suficientemente diferente de un lugar a otro, se podría deducir que nos encontraríamos frente a dos yos distintos, dos personalidades. Un yo puede ser, pongamos por caso, taciturno en casa y alegre y desenvuelto en el trabajo. ¿O este ejemplo serían dos yos? El yo taciturno y el yo desenvuelto. ¿Por qué? ¿A qué se debe esto?
¿Pueden, acaso, las circunstancias determinar un yo de varias caras o varios yos distintos? ¿Hasta que punto influyen los factores ajenos, externos en la formación y exhibición del yo? ¿Es el yo, como decía Ortega, el yo y su circunstancia?
Preguntas y más preguntas. ¿Y a qué venía todo esto?
domingo, 3 de abril de 2011
La lluvia en los cristales
Tarde de lluvia. Primero ha sido la luz blanca que se filtra a través de las nubes grises. Ese gris a que a algunos les parece tan ominoso. Esa luz y ese gris que me resulta tan difícil capturar en fotografía.
La lluvia cae suavemente ahora. Durante algunos momentos ha caído fuerte, atronadora, como un millón de dedos tamborileando en el techo y en los cristales. Llamando. Entonces bajo el sonido de la televisión y escucho. Me acurruco en el sofá. Miro mis plantas que sufren estoicamente el chaparrón. Por un lado les gusta, apaga su sed, por otro sufren, a veces sus hojas se tronchan, incapaces de sostener por más tiempo el empuje de las gotas, como pequeñas puñaladas. El viento empuja las gotas, las gira aquí y allá, caprichoso, tornadizo, ¿juguetón?...
Las gotas exhaustas se deslizan por el cristal, se van desmadejando dejando partes de sí según bajan, un rastro efímero.
Tarde de lluvia...
La lluvia cae suavemente ahora. Durante algunos momentos ha caído fuerte, atronadora, como un millón de dedos tamborileando en el techo y en los cristales. Llamando. Entonces bajo el sonido de la televisión y escucho. Me acurruco en el sofá. Miro mis plantas que sufren estoicamente el chaparrón. Por un lado les gusta, apaga su sed, por otro sufren, a veces sus hojas se tronchan, incapaces de sostener por más tiempo el empuje de las gotas, como pequeñas puñaladas. El viento empuja las gotas, las gira aquí y allá, caprichoso, tornadizo, ¿juguetón?...
Las gotas exhaustas se deslizan por el cristal, se van desmadejando dejando partes de sí según bajan, un rastro efímero.
Tarde de lluvia...
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