Hace unos días me empezó a rondar un pensamiento. ¿Quién no tiene un personaje favoritos por el que se siente atraido más o menos secretamente? Creo que todos tenemos o hemos tenido una especie de amor platónico hacía algún actor, actriz, músico, deportista, etc... No es simple admiración, es algo más pero ¿qué es exactamente?
Considero que se trata de un fenómeno relativamente reciente, ya que cuando empezó a generalizarse fue a partir del siglo XVIII, y sobre todo a partir de la aparición del cine y posteriormente la televisión, cuando la gran mayoría de las personas empezamos a poder ser participes de esas vidas ficticias interpretadas con mayor o menor gracia por seres humanos bien parecidos (casi siempre) y con cierta afinidad con la cámara o a disfrutar con un talento musical o deportivo especial.
¿Por qué nos sentimos atraídos por un determinado actor, músico, deportista? ¿Es admiración, mera atracción física, amor, más o menos platónico, o es otra cosa? ¿Encarna acaso nuestro ideal de belleza? Además, curiosamente, creo constatar que mantenemos una cierta fidelidad hacia nuestro elegido, solemos seguir la trayectoria de nuestro favorito, haga lo que haga, y durante mucho tiempo. Tal vez podamos sentirnos algo avergonzados de aquel ídolo de juventud que tuvimos, pero estoy segura de que, a pesar de todo, no lo hemos olvidado, aunque haga mucho tiempo que nos deshicimos de los posters, revistas y demás parafernalia con la que cultivamos nuestra admiración.
No en pocas ocasiones, el fan no se conforma con ir a ver una película o coleccionar alguna foto, va más allá y busca un autógrafo. Algunos les escriben cartas con ardorosas declaraciones de admiración, o incluso de amor. Otros van más lejos y llegan a perseguirlos, meterse en su habitaciones, incluso su cama, son famosos algunos casos de las llamadas "groupies", chicas que seguían a su grupo musical favorito y conseguían liarse con alguno de los músicos. Y luego están aquellos (los menos, a Dios gracias, y generalmente afectados de algún desorden mental) que llegan a amenazar a novias o amigos por puros celos, su objeto de deseo llegar a ser su posesión única y exclusiva.
Luego se plantean otras cuestiones, cultivando esa admiración ¿estamos siendo infieles con ello a nuestros maridos, novios, etc...? ¿hasta que punto nos importa ese desconocido por el que nos sentimos atraídos?
Creo que en la mayoría de los casos, es un juego insignificante pero placentero, y no llegaría a considerarlo infidelidad, siempre y cuando no se convierta en una obsesión. Por natural curiosidad, tal vez investiguemos un poco de sus vidas, su edad, donde nacieron, donde se criaron, que estudiaron, si están casados... Ahora, en la era de internet, es fácil conseguir la información, ver cientos de fotos del objeto de nuestros deseos, buscar esa primera película dónde comenzó su carrera...
Yo he de confesar que soy fan de unos cuantos, y muy fiel a la mayoría de ellos. Mis gustos han ido evolucionando, y no suelo fijarme en los más famosos... bueno, vale, George Clooney...pero en general me van más los secundarios, de lujo eso sí. En general, responden a un tipo de hombre similar, aunque a veces me sorprendo a mi misma admirando al tipo opuesto, ya sea por un gesto o una mirada. Los ojos, y sobre todo las miradas me fascinan, y aunque no desdeño la belleza, los prefiero atractivos más de definitivamente guapos. No suelo fantasear con conocerlos y no creo que fuera capaz siquiera de acercarme a pedir un autógrafo de estar lo suficientemente cerca, simplemente me gusta disfrutar viéndolos en la pantalla, y no, nunca jamas he tenido celos de las novias, mujeres o "significant other", es más, creo que me alegra si están felizmente casados llevando vidas muy normales...
Por supuesto, también admiro mujeres, pero no por atractivo físico, más bien supongo que mi admiración se dirige a aquellas a las que me gustaría parecerme, por sus rasgos, por su estilo, su porte o simplemente por su dicción.
Otro día hablaremos de otra categoría de fan: los de equipos de fútbol, baloncesto, etc...
The Monkey house
domingo, 12 de enero de 2014
La ciudad y la convivencia.
Las dos últimas noches se han "celebrado" dos sonadas y sonoras manifestaciones en Burgos, al parecer para protestar por la transformación de una de las vías principales de la ciudad en un bulevar.
Dicho así, pudiera parecer que, efectivamente, la ciudadanía está expresando su desacuerdo con una decisión del ayuntamiento sobre la que previamente no ha sido consultada, y estaría en su derecho, no obstante, una cosa es expresar desacuerdo y otra muy distinta sendas batallas campales como las que en realidad se convirtieron las sonadas manifestaciones.
No veo razón alguna para destrozar mobiliario urbano y apedrear a la policía por el hecho de que, supuestamente, vaya empeorar la circulación y a haber menos plazas de aparcamiento libre, ya que de acuerdo a la información publicada, también se va a construir un aparcamiento, infiero que público pero de pago bajo el bulevar de la discordia.
Para quién no lo sepa, un bulevar es una calle en cuyo centro hay una o dos aceras con arboles, que ofrecen sombra al peatón y refugio a la maltrecha fauna urbana, como los gorriones y palomas... Son pequeños oasis en el desierto de coches que nos rodea y que, sin duda, hacen mucho más agradable el tránsito pedestre entre un punto y otro de la urbe.
Una cuestión que llama mi atención es que, por ejemplo, en mi querido Madrid, han ido desapareciendo los bulevares, en gran medida como cesión antes las crecientes necesidades de espacio para los vehículos, lo que nos va privando a los sufridos peatones de espacios más acogedores por los que transitar. Bien es cierto que en el centro algunas calles han sido cerradas al tráfico rodado, pero ello no las ha hecho más acogedoras, si cabe son aún más desoladoras, pues tienen pocos o ningún árbol y enseguida son invadidas por terrazas y multitudes, con una clara vocación comercial -sí, ya sé que estamos en crisis y que toda ayuda es poca...-. El hecho es que antes había varios bulevares en Madrid, y que yo recuerde, ahora mismo solo quedan dos, el de la calle Juan Bravo y los que flanquean el eje central que va desde Atocha hasta la Plaza de Castilla, y algunos trocitos por ahí desperdigados. Gracias hemos de dar porque a ningún malhadado alcalde se le haya ocurrido aún eliminarlos en pos de un tráfico más fluido.
Para los que ya tenemos una edad, el eje Alberto Aguilera, Carranza, Sagasta, Génova es todavía conocido como "los bulevares", aunque hace ya muchos años que estos desaparecieron. Y así otros muchos, Francisco Silvela, Velázquez, López de Hoyos...
Esta claro, pues, que en Madrid, manda el coche. Yo misma tengo uno que duerme en la calle y maldigo cuando no encuentro lugar donde aparcarlo las pocas veces que lo uso, pues también soy una inveterada peatona, y me niego a dejar de andar por Madrid o a utilizar el cada vez más caro y no siempre eficiente transporte público.
Por ello, a pesar de los trastornos circulatorios que pueda ocasionar, me alegraría mucho que hubiera más bulevares en Madrid, y más árboles, y algunos coches menos, porque entiendo que la ciudad es para las personas, y no para los coches, y que los bulevares contribuyen a humanizarla, un poquito, a hacerla más amable, a que el desierto de asfalto no sea tan agreste.
No entiendo porque la construcción de un bulevar despierta reacciones tan airadas, salvo que haya otros motivos que se me escapen, o que la ciudad haya dejado de ser para los ciudadanos, que solo aprecian la república independiente de su casa....
Dicho así, pudiera parecer que, efectivamente, la ciudadanía está expresando su desacuerdo con una decisión del ayuntamiento sobre la que previamente no ha sido consultada, y estaría en su derecho, no obstante, una cosa es expresar desacuerdo y otra muy distinta sendas batallas campales como las que en realidad se convirtieron las sonadas manifestaciones.
No veo razón alguna para destrozar mobiliario urbano y apedrear a la policía por el hecho de que, supuestamente, vaya empeorar la circulación y a haber menos plazas de aparcamiento libre, ya que de acuerdo a la información publicada, también se va a construir un aparcamiento, infiero que público pero de pago bajo el bulevar de la discordia.
Para quién no lo sepa, un bulevar es una calle en cuyo centro hay una o dos aceras con arboles, que ofrecen sombra al peatón y refugio a la maltrecha fauna urbana, como los gorriones y palomas... Son pequeños oasis en el desierto de coches que nos rodea y que, sin duda, hacen mucho más agradable el tránsito pedestre entre un punto y otro de la urbe.
Una cuestión que llama mi atención es que, por ejemplo, en mi querido Madrid, han ido desapareciendo los bulevares, en gran medida como cesión antes las crecientes necesidades de espacio para los vehículos, lo que nos va privando a los sufridos peatones de espacios más acogedores por los que transitar. Bien es cierto que en el centro algunas calles han sido cerradas al tráfico rodado, pero ello no las ha hecho más acogedoras, si cabe son aún más desoladoras, pues tienen pocos o ningún árbol y enseguida son invadidas por terrazas y multitudes, con una clara vocación comercial -sí, ya sé que estamos en crisis y que toda ayuda es poca...-. El hecho es que antes había varios bulevares en Madrid, y que yo recuerde, ahora mismo solo quedan dos, el de la calle Juan Bravo y los que flanquean el eje central que va desde Atocha hasta la Plaza de Castilla, y algunos trocitos por ahí desperdigados. Gracias hemos de dar porque a ningún malhadado alcalde se le haya ocurrido aún eliminarlos en pos de un tráfico más fluido.
Para los que ya tenemos una edad, el eje Alberto Aguilera, Carranza, Sagasta, Génova es todavía conocido como "los bulevares", aunque hace ya muchos años que estos desaparecieron. Y así otros muchos, Francisco Silvela, Velázquez, López de Hoyos...
Esta claro, pues, que en Madrid, manda el coche. Yo misma tengo uno que duerme en la calle y maldigo cuando no encuentro lugar donde aparcarlo las pocas veces que lo uso, pues también soy una inveterada peatona, y me niego a dejar de andar por Madrid o a utilizar el cada vez más caro y no siempre eficiente transporte público.
Por ello, a pesar de los trastornos circulatorios que pueda ocasionar, me alegraría mucho que hubiera más bulevares en Madrid, y más árboles, y algunos coches menos, porque entiendo que la ciudad es para las personas, y no para los coches, y que los bulevares contribuyen a humanizarla, un poquito, a hacerla más amable, a que el desierto de asfalto no sea tan agreste.
No entiendo porque la construcción de un bulevar despierta reacciones tan airadas, salvo que haya otros motivos que se me escapen, o que la ciudad haya dejado de ser para los ciudadanos, que solo aprecian la república independiente de su casa....
jueves, 3 de enero de 2013
Ya vienen los Reyes...
Y no precisamente con el aguinaldo... A pesar de que los datos del paro han sido "aceptables", esto no está en vía de solución todavía. No obstante, hoy, que he estado recorriendo Madrid buscando los encargos reales, las colas para pagar y el barullo eran prácticamente comparables a los de otros años, lo que tienen dinero aún lo gastan en estas fechas, y puede que ello anime algo la decaída y decadente sociedad española. Aún así queda un largo año por delante, la cuesta de enero será más empinada, y seguir adelante costará ímprobos esfuerzos.
Después de esta tregua navideña, este oasis en mitad de la desértica travesía, volverán la dureza y la sobriedad. Vamos a necesitar todas nuestras fuerzas, nuestra paciencia y nuestro ingenio para alcanzar el próximo oasis...
Todo esto puede sonar deprimente, pero es más bien un intento de mentalizarme para lo que nos espera. Para que no se me olvide que esto solo ha sido un paréntesis, y que el próximo martes no solo hay que volver a la rutina de ir al trabajo y al colegio/instituto, también hay que volver a apretarse el cinturón porque a final de mes llegará la factura de la luz con nuevas subidas, y como además ha hecho frío, será más alta, y luego vendrá la del agua, el seguro del coche, etc, etc, etc...
La cruda realidad, y yo mientras tanto soñando con tener un perro...
Después de esta tregua navideña, este oasis en mitad de la desértica travesía, volverán la dureza y la sobriedad. Vamos a necesitar todas nuestras fuerzas, nuestra paciencia y nuestro ingenio para alcanzar el próximo oasis...
Todo esto puede sonar deprimente, pero es más bien un intento de mentalizarme para lo que nos espera. Para que no se me olvide que esto solo ha sido un paréntesis, y que el próximo martes no solo hay que volver a la rutina de ir al trabajo y al colegio/instituto, también hay que volver a apretarse el cinturón porque a final de mes llegará la factura de la luz con nuevas subidas, y como además ha hecho frío, será más alta, y luego vendrá la del agua, el seguro del coche, etc, etc, etc...
La cruda realidad, y yo mientras tanto soñando con tener un perro...
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