miércoles, 30 de diciembre de 2009

Johnny Cash

No sé porque esta Navidad me inclinó a las canciones de Johnny Cash, pero hay dos o tres sobre las que me gustaría escribir. Pero antes es obligado hacer una breve reseña sobre Mr. Cash.
En mi mente está asociado siempre al blanco y al negro, sobre todo negro, su vida, sus canciones, están llenas de claroscuros.
Cantautor excelente, personalísimo, quintaesencia de norteamerica, era también un "devorador de canciones", aquellas que adaptó de otros autores, una vez oidas en su voz, se hacian suyas, de manera que al volver a escuchar el original, este se quedaba en apenas un apunte de canción, que con Mr. Cash había alcanzado su plenitud.
Su voz es, recalco es y no era, magnifica, aspera, varonil pero muy expresiva, voz de vida, voz lúcida.
Las tres canciones que me vienen a la cabeza ahora son "A boy named Sue", una increible historía de superviviencia, la tristísma "Hurt" que los de Nike tuvieron la desgraciada ocurrencia de utilizar en un anuncio de televisión, lo cual me pareció una terrible falta de respeto, pero el dinero manda, y otra que, por la definición que hace de autor, nos viene muy al pelo y que es "Man in black", de la cual Loquillo ha hecho una más que digna versión en Español, a la que me remito. Aquí está la letra, sin traducir.
"Man In Black"


Well, you wonder why I always dress in black,
Why you never see bright colors on my back,
And why does my appearance seem to have a somber tone.
Well, there's a reason for the things that I have on.

I wear the black for the poor and the beaten down,
Livin' in the hopeless, hungry side of town,
I wear it for the prisoner who has long paid for his crime,
But is there because he's a victim of the times.

I wear the black for those who never read,
Or listened to the words that Jesus said,
About the road to happiness through love and charity,
Why, you'd think He's talking straight to you and me.

Well, we're doin' mighty fine, I do suppose,
In our streak of lightnin' cars and fancy clothes,
But just so we're reminded of the ones who are held back,
Up front there ought 'a be a Man In Black.

I wear it for the sick and lonely old,
For the reckless ones whose bad trip left them cold,
I wear the black in mournin' for the lives that could have been,
Each week we lose a hundred fine young men.

And, I wear it for the thousands who have died,
Believen' that the Lord was on their side,
I wear it for another hundred thousand who have died,
Believen' that we all were on their side.

Well, there's things that never will be right I know,
And things need changin' everywhere you go,
But 'til we start to make a move to make a few things right,
You'll never see me wear a suit of white.

Ah, I'd love to wear a rainbow every day,
And tell the world that everything's OK,
But I'll try to carry off a little darkness on my back,
'Till things are brighter, I'm the Man In Black.



El mundo interior: crear y elaborar.

¿Hasta que punto escribir es crear?
La pregunta me surge así, de improviso. Continua mis reflexiones acerca de lo que supone escribir. Estoy leyendo/estudiando un libro sobre la escritura que me ha prestado mi buen amigo El Escritor (The Writer, para mis adentros). Su lectura provoca en mi preguntas y reflexiones sobre mi motivos para escribir y sobre qué es lo que quiero escribir.
Por ejemplo, la pregunta con la que se inicia esta reflexión. La creación, tal y como yo la entiendo, es novedad, invención, concepción. El artista que crea toma los ingredientes y produce algo que no existía antes, una forma de expresión distinta. Por otro lado, muchos de los escritores que me gustan "se limitan" a contar historias, muy bien contadas eso sí, elaborando sobre lo ya conocido. En cualquier caso, tanto si se crea como si se elabora lo que parece imprescindible para ambas es la existencia de un mundo interior rico, que proporcione material para crear y para elaborar. Si soy honesta conmigo misma, y por ende con los demás, mi "creación" es más un pálido intento de reflejar mi mundo interior que un acto de creación en si mismo, soy, por tanto, de los que elaboran.

Llegados a este punto, tengo que decir que, de acuerdo a mi experiencia, el creador nace y el narrador se hace. En este mundo hay gente creativa y estamos los que nos limitamos a observar, o leer, e intentamos, no siempre con éxito, remedar la vida misma.
Y si bien la creación, con todo su valor, viene dada como un regalo del cielo, no tiene menos merito el saber mantener los sentidos abiertos para percibir todo aquello que sucede a nuestro alrededor. Otra cosa es que sepamos recrearlo en una narración y podamos transmitir todo aquello que hemos asimilado al alimentar ese mundo interior. Yo, en una metáfora algo manida, lo asimilo a un hogar, donde echamos madera para alimentar el fuego, que se transformará en brasas, y esas brasas nos darán su calor y, además, podremos cocinar los alimentos que nos mantienen con vida. Así lo que percibimos con los sentidos alimenta nuestro fuego interior que emitirá su calor, su luz y nos permitirá "cocinar" las lecturas, las imágenes, los sonidos que ayudan a seguir vivos, a mantener ese mundo interior. Como si de un circulo vicioso se tratase.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Del arte culinario

Me regalaron un faisán. No había cocinado un faisán en mi vida, y no tenía ni idea de qué hacer con el pájaro. Al final resulto más fácil de lo que había previsto, y el resultado no solo era comestible sino sabroso, aunque no tan espectacular como la fama que le precedía de carne exquisita.
De acuerdo a la sabiduría culinaria, el truco del faisán consiste en no cocinarlo recién cazado, al contrario, hay que dejarlo "madurar" para que la carne se vuelva tierna. La cuestión está en saber cuánto tiempo. Eso es lo que a mí se escapaba y que ninguna de las recetas que consulté me decía. Es más, insistían en que la maduración ha de hacerse con el bicho todavía emplumado, colgado por la cabeza y en una habitación fresca y ventilada. El mío estaba eviscerado, desplumado y envuelto en papel de aluminio dentro de la nevera. No sabía cuanto llevaba muerto -se me escapó preguntar ese detalle- y además tenía dos días de comer fuera de por medio, y no precisamente comidas ligeras, sino las copiosas y enjundiosas cena de Nochebuena y comida de Navidad. Si hay que hacer honor a la verdad, ya son tan copiosas y enjundiosas como antes, pero siguen siendo mucho más ricas que lo que uno come normalmente.
Bueno, el caso es que estábamos en la disyuntiva de cuanto tiempo esperar para cocinar el pajarito, más días y que no estuviera demasiado duro, o menos para que no estuviera podrido. Todos los días lo sacaba de la nevera un momento y le echaba una olidita. Bien, no parecía estarse echando a perder. Al final, hoy fue el día elegido. Con poco aderezo y cruzando los dedos lo metí en el horno y lo asé más o menos como hubiera asado un pollo. El olor no es el de pollo y, como no las tenía todas conmigo, me pasé un buen rato mirando como giraba el bicho dentro del horno. Cuando me pareció que estaba hecho lo paré para que los jugos se asentaran antes de trincharlo, como recomiendan los expertos en esto de la cosa culinaría. Por si acaso tenía una pizza en la nevera. Por fin, lo probé. Corté una tajada de la pechuga y sí, estaba hecho, tierno y sabía bien. Pura casualidad. Un poco de instinto y otro poco de sentido común.
La cocina es un arte peculiar...y también una aventura.

martes, 22 de diciembre de 2009

Una de cal y otra de arena: 7%



(Holy Family Shrine, Nebraska)

Ayer me llegó por correo electrónico este mensaje. Dejo el inglés original e incluyo una traducción debajo. Como estamos en Navidad y es época de hacer propósitos nobles e intentar mantenerlos no solo en Navidad sino mucho más allá, me ha parecido muy apropiado incluirlo en mi blog a modo de felicitación. Con mis mejores deseos.

A Holy man was having a conversation with the Lord one day and said, 'Lord, I would like to know what Heaven and Hell are like.'
Un día un hombre piadoso mantenía una conversación con Dios y le decía "Señor, me gustaría saber cómo son el Cielo y el Infierno"

The Lord led the holy man to two doors.
El Señor le condujo hasta dos puertas.

He opened one of the doors and the holy man looked in.
Abrió una de las puertas y el hombre miró dentro.

In the middle of the room was a large round table.
En medio de la habitación había una gran mesa redonda.

In the middle of the table was a large pot of stew,
En mitad de la mesa había un gran perol lleno de estofado

Which smelled delicious and made the holy man's mouth water.
Olía tan bien que hizo que al hombre se le hiciera la boca agua.

The people sitting around the table were thin and sickly.
Las personas sentadas alrededor de la mesa estaban delgadas y enfermizas.

They appeared to be famished. They were holding spoons with very long handles that were strapped to their arms and each found it possible to reach into the pot of stew and take a spoonful.
Parecían famélicos. Tenían en las manos unas cucharas con largos mangos sujetos a sus brazos, y cada uno de ellos podía alcanzar dentro de la olla y coger una cucharada.

But because the handle was longer than their arms, they could not get the spoons back into their mouths.
Pero como el mango de la cuchara era más largo que sus brazos no podían meter la cuchara en su boca.

The holy man shuddered at the sight of their misery and suffering.
El hombre piadoso se extremeció por la visión de esa miseria y sufrimiento.

The Lord said, 'You have seen Hell. They went to the next room and opened the door. It was exactly the same as the first one.
El Señor dijo: "Acabas de ver el Infierno. Entonces, fueron a la habitacion de al lado y abríó la puerta. Era exactamente igual que la primera."

There was the large round table with the large pot of stew which made the holy man's mouth water.
Había una gran mesa redonda con una olla de potaje que hacía que al hombre se le hiciera la boca agua.

The people were equipped with the same long-handled spoons, but here the people were well nourished and plump, laughing and talking.
Las personas tenían las mismas cucharas largas, pero aquí estaban bien nutridas, rollizas, riendo y hablando.

The holy man said, 'I don't understand.
El hombre piadoso dijo: "No lo entiendo"

'It is simple,' said the Lord. 'It requires but one skill.
"Es muy sencillo", dijo el Señor. "Se requiere solo una virtud"

You see, they have learned to feed each other.
"Verás, han aprendido a alimentarse unos a otros"

The greedy think only of themselves.'
"Los codiciosos piensan solo en ellos mismos"

When Jesus died on the cross, he was thinking of you.
"Cuando Jesús murió en la cruz, pensaba en tí"

Its estimated 93% won't forward this.
Se estima que el 93% de las personas no reenviaran este correo.

If you are one of the 7% who will, forward this with the title '7%' .
Si eres uno del 7% restante, reenvialo con el título de 7%.

I'm in the 7%
Yo pertenezco a ese 7%

Remember that
Recuerda que...

I will always share my spoon with you.
Siempre compartiré mi cuchara contigo.

Un erizo nada elegante


¿Veis todos esos picos? Pues así es como me siento, como un erizo. Llevo varios días de mal humor, incapaz de comunicarme con los demás. Los silencios me alteran, los que no paran de hablar me alteran todavía más. Tengo la ansiedad por las nubes, aunque, gracias a Dios, escribir unas cuantas entradas en este blog ha conseguido que no la emprenda a bocados con todo lo que hay en la nevera, o gruñido a todo aquel que se atreva a pasar a mi lado. A lo mejor es el autocontrol el que hace que se me dispare la ansiedad, el no querer pasarme en ningún sentido, en no decir lo que pienso en todo momento y sobre todas las cosas como hacen otros. En resumen, soy cobarde ¿soy cobarde? ¿o solo sensata? Si presiento un enfrentamiento o una perdida me callo, sin embargo oigo opiniones de los demás muy a menudo con las que no estoy en absoluto de acuerdo y así expresarlo redundaría, probablemente, en una batalla, cuanto menos, dialéctica, y este es, me temo, uno de mis muchos puntos flacos ¿será por eso que prefiero escribir?. Me hubiera gustado estudiar en uno de esos colegios estadounidenses donde practican concursos de dialéctica, porque nunca he sido capaz de ganar una discusión, en parte porque mi razonamiento es lento y, generalmente, empapado de sentimientos, ya que cuando por fin me lanzo suele ser porque el tema me toca la fibra sensible, y ello nubla mi entendimiento y, en parte, porque me siento fácilmente herida, lo convierto en un asunto personal.
La verdad es que, salvo que tenga una confianza absoluta en el resultado, me cuesta mucho abrir mis pensamientos y sentimientos a los demás, no se trata tanto de no ser sociable, como de mi incapacidad de afrontar el fracaso y los daños directos y secundarios derivados de mis múltiples carencias. Es, pues, más fácil escudarse detrás de la escritura, el golpe siempre se atenúa con la distancia, y se evita que la reacción sea observada, lo cual también explica mi pasión por el teatro: actuar significa ponerse en la piel de otro, hablar por boca de otro, con las palabras justas y las réplicas exactas, todo calculado, sin sorpresas (salvo improvisaciones), lo que para nosotros los tímidos y cobardes es el mejor descubrimiento, sal al mundo y finge ser otro, preservate o como lo definen en inglés, con mucha más precisión, self-preservation.

Los libros y la evocación

Últimamente he leído muchos autores norteamericanos contemporáneos, y su lectura produce en mi curiosas sensaciones. En algunos de los libros se habla se lugares donde he estado, y en otros de lugares de los que he oído hablar y, por tanto, me son familiares. Son sitios que tienen muy poco que ver con la vieja Europa, con los lugares que hemos conocido desde pequeños, por lo que el contraste resulta más evidente, más llamativo. Mientras que cuando leo a escritores europeos, evoco lugares que he conocido que bien pudieran ser aquellos descritos por el autor, y me resulta muy fácil identificarme con los personajes y representarlos en mi memoria, las sensaciones son cercanas, familiares.
Sin embargo, al leer relatos americanos, que me traen a la memoria recuerdos de mi vida allí, muchos buenos, algunos no tanto, pero, aun cuando definitivamente no me dejan indiferente, precisamente por esa mezcla de cercanía y lejanía que se funden en su lectura, no siento la misma empatía.
Entonces,  me surgen una multitud de preguntas: ¿qué sentirán al leerlos aquellos que no han estado nunca allí? ¿qué sentirá un americano al leer a los autores europeos? ¿sentirán acaso esa misma mezcolanza de sentimientos? Es peculiar como conociendo ambos mundos, comprendiendo muchos de sus secretos, los veo, en cierto sentido, ajenos a mí, no sé si será porque cuanto más sé más consciente soy de las diferencias que nos separan a pesar de lo mucho que nos une ¿quién sabe?

lunes, 21 de diciembre de 2009

El veneno del teatro

Es curioso como ciertos libros, ciertas películas, cierta música, ciertos aromas evocan recuerdos, sensaciones que pueden incluso llevarnos a las lágrimas.
Yo soy una llorona imponente, para que negarlo, y hay ocasiones en que me cuesta mucho no terminar bañando en lágrimas a mis congéneres. Estos días en que, como madre, me veo en la "obligación" de asistir a representaciones musicales y representaciones teatrales me cuesta mucho contenerme, no solo por el orgullo maternal que me inunda, aunque no me ciega, y soy consciente de que, valorando en su justa medida el esfuerzo realizado, hay caminos por los que Dios no nos ha llamado, como solía decir mi padre. Pero lo que me emociona aún más es el ambiente, el trajín del teatro, los instrumentistas ensayando entre bastidores, los últimos toques al vestuario, los aplausos del público, la música y las voces que lo llenan todo. El veneno del teatro que corre por mis venas.
Son sensaciones primitivas, que yo atribuyo a mi genética particular, y que hacen resonar el arpa ociosa de mi sensibilidad, parafraseando a Proust, aunque últimamente no haya estado tan ociosa y haya resonado hasta casi romperse.

Leyendo a Proust: En busca del tiempo perdido

Así, entre nosotros, ese título parece un resumen de mi vida. Pero seamos serios, que no estamos hablando de cualquier novela.
La idea de esta entrada es comentar dos párrafos que han quedado grabados en mi memoria mientras avanzaba lentamente por los innumerables vericuetos que ofrece esta magnifica obra. Voy a intentar transcribirlos sin que pierdan su sentido.
El primero es el siguiente:
"Y no es que a veces no aspirara a un gran cambio, que su vida careciera de esas horas excepcionales en que sentimos sed de algo distinto de lo existente, cuando las personas, que por falta de energía o imaginación no saben sacar de sí mismas un principio de renovación, piden al minuto que llega, al cartero que está llamando, que les traigan algo nuevo, aunque sea malo, un dolor, una emoción; cuando la sensibilidad, que la dicha hizo callar como arpa ociosa, quiere una mano que la haga resonar, aunque sea brutal, aunque la rompa; cuando la voluntad, que tan difícilmente conquistó el derecho de entregarse libremente a sus deseos, y a sus penas, desea echar las riendas en manos de ocurrencias imperiosas, por crueles que sean."

El segundo es este:
"Parecía que aquellos matices celestes delataban a las deliciosas criaturas que se entretuvieran en metamorfosearse en verduras, y que, a través del disfraz de su firme carne comestible, transparentaban con sus colores de aurora naciente, sus intentos de arco iris y su languidez de noches azules, una esencia preciosa, perceptible para mi aun cuando, durante toda la noche que seguía a una comida donde hubo espárragos, se divertían en sus farsas poéticas y groseras, como fantasía shakespeariana en trocar mi vaso de noche en copa de perfume"

Y ¿qué tienen en común estos dos fragmentos? Para empezar están en la misma novela, después su plasticidad descriptiva y las curiosas comparaciones que establece para describir, por un lado, la pasión y, por otro, los espárragos y sus efectos. Cada uno de ellos está relacionado con personajes distintos, y de ahí su carácter tan distinto.
Del primero me resulta muy chocante la violencia implícita que se desprende del hecho de llegar a romper las cuerdas de un arpa o del galope desbocado de un caballo sin riendas. Dos símbolos de pasión extrema y, a menudo, de dolor extremo, lo que me hace pensar lo cerca que están el tormento del éxtasis.
El segundo tiene un tono juguetón, travieso, infantil, como un duende. No he leído nunca una descripción tan delicada de un hecho fisiológico tan poco poético.

Por supuesto queda mucho que decir sobre este libro, y más profundas que este pequeño comentario.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Contrapuntos


 El contrapunto a la polilla.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Belleza oculta

Soy una polilla. Mis alas no tienen el brillante colorido de las mariposas, antes bien su utilidad primaria es volar, y la segunda el camuflaje, fundirse con el paisaje y pasar desapercibidas, excepto para el ojo atento que es capaz de distinguir el intrincado dibujo de mis alas y la curva poblada de mis antenas mientras duermo.
Pero hay una cosa que me pierde: la luz. Me atrae de tal forma que no soy capaz de resistirme. Me arrastra como el iman al hierro, como mis amigas las moscas a la miel.
Me quema la llama, me topo con el cristal, una y otra vez, tratando de alcanzar lo inalcanzable, de aprender lo inaprensible. La luz es mi debilidad y mi perdición. Sé que me agotaré sin conseguir mi objetivo y moriré a sus pies, como un monumento a la futilidad.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Corrección

Mi hijo no cumple años el día 7 sino el día 8. ¡Qué detalle tan feo para una madre! No obstante, la disculpa es que escribí la entrada con la intención de publicarla el día del evento y con las prisas la publique el día en que la escribí.
Menos mal que, de momento, no le importa al aludido.

lunes, 7 de diciembre de 2009

E la nave va

Como habréis notado copio muchos títulos de películas o de libros que me gustan o me llaman la atención, pero no es solo por falta de originalidad, que algo de eso hay, sino también porque me gusta rendir pequeños homenajes de admiración.
La entrada de hoy es una reflexión sobre el pasado y el presente.
Para empezar diré que hoy mi hijo mayor cumple 15 años. Está ya más alto que yo, lo que para una madre supone a la vez orgullo y depresión. Orgullo de pensar que no le estarás haciendo tan mal ya que hace lo que tiene que hacer, que es crecer, pero resulta deprimente el día en que tus hijos te superan en altura física, que no mental todavía, porque sabes que tú no vas a crecer más.
Cuando nacen parece que no los vas a ver crecer nunca. Te preocupas cada vez que se ponen malos, cada vez que salen, si estudian, si no estudian, y mientras, sin darte cuenta, se va pasando el tiempo, un día tras otro, una semana, un mes, y así un día son quince años, y el angelito que un día cogiste por primera vez con manos temblorosas, sin saber que hacer con el, como si se te fuera a romper, se ha convertido en un bigardo que te aplasta cada vez que se te echa encima.
La maternidad/paternidad es algo de cuyas consecuencias uno es consciente hasta que se ha metido en ello hasta las cejas. No se trata solo de la "perdida" de libertad, sino también de la responsabilidad que se asume con esos hijos, a sabiendas de que se va a meter la pata una y mil veces, que perderemos los nervios, la compostura y que discutiremos con ellos por cualquier cosa. Pero también, lloraremos, se nos caerá la baba, trabajaremos aunque estemos cansados y sacrificaremos tiempo, sueño, y lo que sea necesario para que no les falte de nada (de lo que no les debe faltar). Y diremos que sí cuando el cuerpo nos pide decir que no y que no cuando el cuerpo nos pide decir que sí, simplemente porque queremos lo mejor para ellos.
Y miraremos esa colección de fotos, el millón que le hicimos cuando eran pequeñitos, que va disminuyendo a medida que crecen y se vuelven huraños y esquivos, y te riñen cada vez que intentas sacarles una foto y no están vestidos para la ocasión, y observaremos como han ido cambiando desde el bebé mofletudo hasta el adolescente espigado, y nos entrará una nostalgia de aquellos tiempos que apenas supimos disfrutar.
¡Qué extraños somos los humanos!