jueves, 25 de noviembre de 2010

La virtud de la paciencia

Soy de la opinión de que las nuevas tecnologías no fomentan la delicada virtud de la paciencia. Nos hemos acostumbrado a la inmediatez de los correos electrónicos o los sms con el conocimiento de que, en condiciones normales un mensaje tarda apenas unos segundo en alcanzar el buzón del destinatario, aunque también haya que contar con la regularidad con que nuestro recipiente consulte la recepción de sus mensajes. Pero a lo que iba, este conocimiento, nos hace impacientes a la hora de esperar la respuesta a nuestra misiva, y si la contestación no aparece pronta en nuestro buzón un asomo de impaciencia comienza a reconcomer nuestro humor. Esto, por otro lado, tiene como antídoto la madurez y la edad. A medida que uno madura y se hace mayor, aprende, o debiera aprender, que hay que dar tiempo al tiempo, y que una respuesta tarda lo que tiene que tardar, ni más ni menos.
Lo curioso del caso es que no hace demasiado tiempo todavía se escribían cartas, y con mucha frecuencia la respuesta podía tardar en llegar hasta semanas. Y uno esperaba pacientemente, resignadamente a veces, la dichosa respuesta.
Yo también he pasado por ello pero, de un tiempo a esta parte, me he ido dando cuenta que todo sucede cuando tiene que suceder, y que si una envía un mensaje, ya sea por carta o por correo electrónico, hay que saber esperar, que la respuesta siempre llega, y que, a veces, hasta llegan cartas que uno no esperaba, pero esa es otra historia.
La vida es sueño...

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