lunes, 19 de abril de 2010

La conciencia de ser

La conciencia de ser es una consecuencia de la inteligencia y de nuestros sentidos. Aunque no es exactamente así como la definió Descartes, con su famosa locución "Pienso, luego existo", axioma en el que se basó para crear sus principios filosóficos y sus estudios sobre la percepción y los sentidos. Si soy capaz de pensar es porque soy algo, aunque no sepa que, por lo que soy consciente de ser y, por ende, de existir.
Pero mi reflexión va por otros derroteros. Estimo que la conciencia de ser puede constituir un doloroso castigo, por cuanto una vez que somos conscientes de ser, podemos llegar a discernir aspectos de nuestro propio ser, tanto positivos como negativos, estudiarnos, sopesarnos y juzgarnos hasta encontrarnos dignos o indignos de ser o existir.
Es desde este conocimiento de lo que se alimentará la auto-estima, influida, no obstante, por nuestras relaciones, percepciones y sensaciones, con el mundo exterior. Y en tanto que el resultado pueda no ser de nuestro agrado constituirá, pues, un doloroso castigo el llegar a adquirir este conocimiento.
¿Podemos ser sin ser conscientes de ello? Por supuesto que sí. Todos los animales son sin ser tener conciencia de ello.
¿Está en nuestra mano cambiar nuestro ser? Aquí podemos encontrar opiniones diversas y divergentes. Un determinista es probable que piense que no, mientras que los partidarios del libre albedrío pueden pensar que todos tenemos la capacidad de cambiar nuestro ser y de elegir lo que queremos ser y hacer.
La religión católica se inclina a favor del libre albedrío, y yo quiero creer que es posible, que yo puedo elegir hacer o no hacer en un determinado momento, aun cuando no pueda evitar estar influida por el mundo que me rodea, puedo elegir discrepar de la corriente dominante, o puedo tomar el camino más difícil en vez de el más fácil.
El hecho de creer en el libre albedrío implica también un sentido de la responsabilidad, mientras que los deterministas pueden creer que no importa lo que haga o elija el destino seguirá su curso y ello me libra del peso que puedan tener las consecuencias de mis actos, el hecho de elegir libremente supone cargar con la culpa del daño causado, y también, la satisfacción por la felicidad lograda. Pero como más a menudo se da lo primero que lo segundo, la carga puede llegar a ser muy pesada y lo más cómodo resulta escurrir el bulto, eludir la culpa de una decisión irresponsable, porque para poder elegir hay que pensar, o se debería pensar, aunque no siempre lo hagamos, y sopesar las consecuencias que nuestras acciones puedan tener en los demás. Es fácil dejarse llevar por los acontecimientos, todos lo hacemos en mayor o menor medida, es duro ser responsable, y sacrificado, y desinteresado, generoso, y así enlazo con mi reflexión sobre el amor verdadero.
Ser consciente de uno mismo, de nuestras limitaciones y a la vez quererse puede ser doloroso. Y ¿quién nos va a querer si no nos queremos nosotros?. ¿Cómo se puede amar al prójimo como a uno mismo si no podemos ver en nosotros mismos más que lo malo? Ser capaz de asumir todo esto puede ser duro. Ser responsable puede parecer una tarea infinita. Pero si podemos cambiar, si la auto-crítica no es demoledora sino constructiva, todo es posible, porque todos tenemos algo bueno. Me niego a creer que exista alguien en el mundo que sea 100% malo y que si quiere cambiar no pueda cambiar.
Ser feliz puede parecer una tarea imposible, pero si por un momento lo conseguimos puede ser el éxtasis.

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