lunes, 20 de febrero de 2012

Diario de una enfermedad

Hace varios meses que empezó un calvario para mi madre, para mi familia y para mí. Mañana hará dos semanas que por fin tenemos un diagnóstico. No es un buen diagnóstico. ¿Por qué se tardó tanto??? No lo sé aunque tengo la indefinible sensación de que, en parte, fue por cobardía. No fue una sorpresa. Yo lo sospechaba desde diciembre, sin embargo, tuvo que transcurrir diciembre, todo enero y algunos días de febrero antes de que, desgraciadamente, se viera confirmado. Hemos pasado 9 días en el hospital. La situación actual, después de 4 días en casa es estable, no obstante la recuperación no será completa, lejos de ello, con el tiempo irá a peor. ¿Cuánto tiempo? Nadie lo puede decir a ciencia cierta.
Ciertamente, todos tenemos fecha de caducidad y, por regla general, no la conocemos, pero en la juventud asumimos su lejanía con despreocupación. Luego, ya sea por edad o como consecuencia de una enfermedad grave, esa fecha, aún incierta, se va materializando en algo tangible. Uno lo puede asumir o puede, consciente o inconscientemente, negarse a procesarlo. Yo me encuentro en la primera categoría y mi madre en la segunda.
¿Cúal de las dos es mejor?  Ninguna. Cada cual ha de vivir y afrontar la vida como crea y sienta que es mejor, de acuerdo a su sensibilidad y fortaleza.