Puede parecer un asunto nimio, al fin y al cabo es solo un cacharro más que no ha afectado nuestras vidas en nada, el juguete, el capricho de un grupo de científicos, financiado por el dinero de los contribuyentes y que no ha resuelto ninguno de lo más graves problemas de la humanidad.
Todo ello es cierto, pero también lo es que la humanidad siempre ha tenido curiosidad por investigar todo lo que la rodea, primero la tierra, luego los océanos y, más tarde, el aire y su continuación natural, el espacio, la última frontera, como rezaba el monólogo de apertura de "Star Trek". También ha producido cada vez herramientas y útiles más complejos, y desde la invención, o debiera decir descubrimiento, de la rueda ha creado instrumentos más complejos que le permitieran investigar ese entorno. Así evolucionaron los sistemas de transporte terrestre, marítimo y aéreo. Máquinas más complicadas, pero que no solo evolucionaban en complejidad sino también en aspecto, adquiriendo lineas más depuradas, más dinámicas y menos abruptas.
De este modo hemos llegado a los coches de Fórmula 1, los aviones supersónicos, barcos más rápidos y, en la era de los viajes espaciales, las lanzaderas espaciales.
Estás máquinas tienen su propia belleza, una belleza distinta, pero no menos elegante, una belleza en su complejidad y en sus formas, una belleza en lo que suponen y en lo que alcanzan, una belleza que tal vez solo sea visible en los ojos de los que amamos la aventura, y nos apasiona el descubrimiento del más allá, pero belleza, no obstante, una belleza que nos mueve a las lágrimas, en este momento en particular, cuando por última vez, vemos sus formas desplazarse por última vez, cuando admiramos el extrañamente grácil descenso del pájaro apenas iluminado por un foco cuando culmina su descenso de los confines exteriores de la atmósfera terrestre.
Es el fin de una era. Tal vez un día, alguien diseñe una nave parecida, de la que un astronauta descienda como el capitán del barco pone pie a tierra sin ayuda para dar el parte del viaje realizado a su superior, vestido con su uniforme de gala, en completo estado de revista.
Ahora toca esperar.
jueves, 21 de julio de 2011
El último aterrizaje del Atlantis
A eso de las 12, hora española, acabó una era en la exploración espacial. El último vehículo orbital, la nave Atlantis aterrizó en el Centro Espacial Kennedy en Cabo Cañaveral.
A partir de ahora el transporte de bienes hasta la Estación Espacial Internacional se llevará a cabo mediante los cohetes soyuz de la Federación Rusa y, si alguna empresa aeroespacial se pone a ello, alguna otra nave comercial.
Los próximos objetivos de la Nasa se centran en cohetes de menor tamaño y en continuar investigando la posibilidad de volver a la Luna y llevar vuelos tripulados a Marte.
No puedo describir lo que siento, la emoción que me produce ver aterrizar ese elefante con la elegancia que lo hacía. Porque una de las cosas más bellas de esta nave, complicada, temperamental, cara, útil, pero increíble, es que permitía el regreso de los astronautas desde el espacio de una manera, no solo digna sino elegante. Si tener que ser recogidos en mitad del campo o del océano, aunque fuera más barato. Esta nave dotó a los viajes espaciales de una dignidad y una excelencia que casi los hacía parecer un evento rutinario, aunque en dos ocasiones, la perdida de la nave, desgraciadamente, de su tripulación nos devolviera a la realidad de la aventura incierta que siguen suponiendo los viajes espaciales.
Las lanzaderas, naves que en estos últimos treinta años han ido y han vuelto del espacio, han formado una parte muy importante de la historia de la exploración espacial. Una era que, si Dios, continuará en los años venideros, con la misma dignidad.
La aventura continua...
A partir de ahora el transporte de bienes hasta la Estación Espacial Internacional se llevará a cabo mediante los cohetes soyuz de la Federación Rusa y, si alguna empresa aeroespacial se pone a ello, alguna otra nave comercial.
Los próximos objetivos de la Nasa se centran en cohetes de menor tamaño y en continuar investigando la posibilidad de volver a la Luna y llevar vuelos tripulados a Marte.
No puedo describir lo que siento, la emoción que me produce ver aterrizar ese elefante con la elegancia que lo hacía. Porque una de las cosas más bellas de esta nave, complicada, temperamental, cara, útil, pero increíble, es que permitía el regreso de los astronautas desde el espacio de una manera, no solo digna sino elegante. Si tener que ser recogidos en mitad del campo o del océano, aunque fuera más barato. Esta nave dotó a los viajes espaciales de una dignidad y una excelencia que casi los hacía parecer un evento rutinario, aunque en dos ocasiones, la perdida de la nave, desgraciadamente, de su tripulación nos devolviera a la realidad de la aventura incierta que siguen suponiendo los viajes espaciales.
Las lanzaderas, naves que en estos últimos treinta años han ido y han vuelto del espacio, han formado una parte muy importante de la historia de la exploración espacial. Una era que, si Dios, continuará en los años venideros, con la misma dignidad.
La aventura continua...
martes, 12 de julio de 2011
Getting to know myself I
In regard for my beloved niece I am going to write in English again. Today's topic is: meee!!! Well, not exactly me, but it is about me, about how I am getting to know myself, about that painful, humilating and slow process of getting to know oneself.
For instance, I have notice recently that my sense of humour is acquiring a mischevous twisted turn, which makes it more difficult for other people to understand or appreciate it. Why is it so? Am I becoming bitter about something in particular or maybe about life in general? In some ways the answer to this question is yes. I am bitter about things that have happened recently and about people. I am bitter about injustice and I am bitter about bitterness. I am bitter when I feel I have been played with.
On the other hand I feel small and big at the same time. As we say in Spanish, when you don't have a grandmother to praise you you have to do it yourself, so I sometimes tell myself how good, clever and handsome I am only to find out that I am not, but that is something I can leave everyone else to care of that.
In my wildest dreams, and I do have some very wild and crazy dreams, believe me, I am a good writer, however the sad (for me) truth is that I am not. One thing I admire is imagination, something of which I lack enterely. I admire those who can write fantastic stories, full of beautiful and stranges images. I just cannot. I can only write about what I see and experience. In fact, I think I could be a journalist rather than a writer, though some journalists do have quite an imagination.
My ability to imagine seems to be confined to the world of the unconscious, where I do imagine strange stories that take place in the most weird locations, nonetheless I always dream about real people, friends and family usually, and put them in the most outrageous situations. Why my mind does this I cannot really tell, but I do know that I am utterly incapable of translating any of that to my writings. That makes me bitter too and makes me think that I might be too old and sensible to become a storyteller. What's the point of writing about something that anyone can see just looking out the window.
That's another issue. There might be a point to being a storyteller with no imagination if, at least, you have a wonderful style that makes you special, a way writing so characteristic and unfathomable that it makes anything worth reading even if he or she is just telling you about drops of rain on the window. That is what a writer is, and that is all that I am not.
Pathetic, isn't it? I just put words together just being careful that the grammatical structure is correct but as much as I try to put my soul into it I just don't achieve any effect. Maybe the problem is in my soul...
To be continued.
For instance, I have notice recently that my sense of humour is acquiring a mischevous twisted turn, which makes it more difficult for other people to understand or appreciate it. Why is it so? Am I becoming bitter about something in particular or maybe about life in general? In some ways the answer to this question is yes. I am bitter about things that have happened recently and about people. I am bitter about injustice and I am bitter about bitterness. I am bitter when I feel I have been played with.
On the other hand I feel small and big at the same time. As we say in Spanish, when you don't have a grandmother to praise you you have to do it yourself, so I sometimes tell myself how good, clever and handsome I am only to find out that I am not, but that is something I can leave everyone else to care of that.
In my wildest dreams, and I do have some very wild and crazy dreams, believe me, I am a good writer, however the sad (for me) truth is that I am not. One thing I admire is imagination, something of which I lack enterely. I admire those who can write fantastic stories, full of beautiful and stranges images. I just cannot. I can only write about what I see and experience. In fact, I think I could be a journalist rather than a writer, though some journalists do have quite an imagination.
My ability to imagine seems to be confined to the world of the unconscious, where I do imagine strange stories that take place in the most weird locations, nonetheless I always dream about real people, friends and family usually, and put them in the most outrageous situations. Why my mind does this I cannot really tell, but I do know that I am utterly incapable of translating any of that to my writings. That makes me bitter too and makes me think that I might be too old and sensible to become a storyteller. What's the point of writing about something that anyone can see just looking out the window.
That's another issue. There might be a point to being a storyteller with no imagination if, at least, you have a wonderful style that makes you special, a way writing so characteristic and unfathomable that it makes anything worth reading even if he or she is just telling you about drops of rain on the window. That is what a writer is, and that is all that I am not.
Pathetic, isn't it? I just put words together just being careful that the grammatical structure is correct but as much as I try to put my soul into it I just don't achieve any effect. Maybe the problem is in my soul...
To be continued.
lunes, 11 de julio de 2011
El viento del sur
El viento del sur quema Madrid. Desde la ventana me engaña, mueve las hojas de los arboles, el molinillo solitario en la maceta. Pero no refresca, va arrasando las calles, llenándolas de fuego que calienta las aceras y los muros.
Es el verano de Madrid. El calor seco, incesante, con el brillo de una llama reflejado en los cristales de los coches y en la ventanas de las casas.
Es el verano de Madrid. El calor seco, incesante, con el brillo de una llama reflejado en los cristales de los coches y en la ventanas de las casas.
¿Quién soy yo? II: La webcam
(Inciso: Hoy me he permitido una licencia al utilizar un anglicismo en el título por cuestiones de espacio, pero quiero dejar constancia que es una práctica que me disgusta)
Mi ordenador, que es un portátil, tiene una cámara instalada de serie. Es un aparatito muy bien disimulado situado encima de la pantalla del ordenador. Tiene, además una diminuta lucecita que se ve una vez que está activada. Se supone que su propósito es el uso en videoconferencia con Skype y similares, pero yo no la he utilizado nunca para eso. De hecho no la he utilizado nunca porque la imagen que me devuelve en las pocas pruebas que he hecho es ¡HORROROSA!
Si una de por si está más bien poco satisfecha de la imagen que le devuelve el espejo por la mañana, la imagen que devuelve la dichosa cámara es para agarrar una depresión de caballo. El ángulo es malo, la luz, aún peor, y el resultado patético. Sinceramente me pregunto si hay alguien que pueda aparecer medianamente pasable con esa cámara, porque yo no. Si tuviera algún rasgo potable desde luego se pierde en la desgraciada imagen que aparece en la pantalla que saca a relucir todos los posibles defectos de mis facciones, recalcándolos de manera grotesca. No he visto nunca una cosa igual, con tan mala idea.
Estos aparatitos debería venir con un filtro de fabrica que nos devolviera una imagen mejorada de nosotros mismos y ello nos impulsaría a utilizarlas, pero mientras todo lo que vea sea ese espantajo en que me convierte, me niego a que cualquier otro ser humano comparta esa visión que no se ajusta para nada a la imagen que yo tengo de mi misma. ¡Faltaría más!
Mi ordenador, que es un portátil, tiene una cámara instalada de serie. Es un aparatito muy bien disimulado situado encima de la pantalla del ordenador. Tiene, además una diminuta lucecita que se ve una vez que está activada. Se supone que su propósito es el uso en videoconferencia con Skype y similares, pero yo no la he utilizado nunca para eso. De hecho no la he utilizado nunca porque la imagen que me devuelve en las pocas pruebas que he hecho es ¡HORROROSA!
Si una de por si está más bien poco satisfecha de la imagen que le devuelve el espejo por la mañana, la imagen que devuelve la dichosa cámara es para agarrar una depresión de caballo. El ángulo es malo, la luz, aún peor, y el resultado patético. Sinceramente me pregunto si hay alguien que pueda aparecer medianamente pasable con esa cámara, porque yo no. Si tuviera algún rasgo potable desde luego se pierde en la desgraciada imagen que aparece en la pantalla que saca a relucir todos los posibles defectos de mis facciones, recalcándolos de manera grotesca. No he visto nunca una cosa igual, con tan mala idea.
Estos aparatitos debería venir con un filtro de fabrica que nos devolviera una imagen mejorada de nosotros mismos y ello nos impulsaría a utilizarlas, pero mientras todo lo que vea sea ese espantajo en que me convierte, me niego a que cualquier otro ser humano comparta esa visión que no se ajusta para nada a la imagen que yo tengo de mi misma. ¡Faltaría más!
Tensión sexual no resuelta
He aquí una frase que se utiliza muy a menudo hoy en día para vender series de televisión o películas.
La historia suele ser acerca de un hombre y una mujer que son amigos, pero cuyos sentimientos son demasiado profundos para ser considerados una simple amistad, y a quienes les gustaría dar un paso más allá pero no se atreven, porque no están seguros de la reacción de la otra parte que esconde sus sentimientos tan bien como ellos. Por supuesto, el espectador conoce perfectamente lo que sienten el uno por la otra y la otra por el uno y, a veces, siente ganas de gritarle a la pantalla un ¡díselo ya! o ¡a qué esperas! o ¡bésale de una vez!, y hasta parece que los personajes escuchan, cuando, por arte y ensalmo del guionista, sucede algo imprevisto y todo queda en nada, y se consigue mantener la tensión un capítulo más o media hora más de película.
Por supuesto, esto de la tensión sexual no resuelta no es algo nuevo en el mundo. No la inventaron los guionistas, ni siquiera los novelistas, fue la naturaleza misma. Es muy posible que quién más y quién menos se haya sentido atraído por un amigo o amiga más allá de lo que se podría considerar sano para una relación de amistad. ¿O puede ser que lo sano de una relación de amistad sea una cierta tensión, una atracción indefinida pero latente?
¿Podría ser esta la razón por la cual la amistad entre hombre y mujer, mujer y hombre no suele durar? ¿Puede existir amistad entre ellos sin ese componente sexual? Salvo, claro está, que el otro no sea objeto sexual para el primero, no parece posible, ¿o sí? Cabría pensar que el hecho de compartir algún interés o propósito común bastaría para no hubiera necesidad de otros motivos para esa relación, pero no sé porque me da que la sospecha siempre está ahí...¿o no?
La historia suele ser acerca de un hombre y una mujer que son amigos, pero cuyos sentimientos son demasiado profundos para ser considerados una simple amistad, y a quienes les gustaría dar un paso más allá pero no se atreven, porque no están seguros de la reacción de la otra parte que esconde sus sentimientos tan bien como ellos. Por supuesto, el espectador conoce perfectamente lo que sienten el uno por la otra y la otra por el uno y, a veces, siente ganas de gritarle a la pantalla un ¡díselo ya! o ¡a qué esperas! o ¡bésale de una vez!, y hasta parece que los personajes escuchan, cuando, por arte y ensalmo del guionista, sucede algo imprevisto y todo queda en nada, y se consigue mantener la tensión un capítulo más o media hora más de película.
Por supuesto, esto de la tensión sexual no resuelta no es algo nuevo en el mundo. No la inventaron los guionistas, ni siquiera los novelistas, fue la naturaleza misma. Es muy posible que quién más y quién menos se haya sentido atraído por un amigo o amiga más allá de lo que se podría considerar sano para una relación de amistad. ¿O puede ser que lo sano de una relación de amistad sea una cierta tensión, una atracción indefinida pero latente?
¿Podría ser esta la razón por la cual la amistad entre hombre y mujer, mujer y hombre no suele durar? ¿Puede existir amistad entre ellos sin ese componente sexual? Salvo, claro está, que el otro no sea objeto sexual para el primero, no parece posible, ¿o sí? Cabría pensar que el hecho de compartir algún interés o propósito común bastaría para no hubiera necesidad de otros motivos para esa relación, pero no sé porque me da que la sospecha siempre está ahí...¿o no?
domingo, 10 de julio de 2011
"Nadie encendía las lámparas" de Felisberto Hernández
Hace unos días he vuelto a leer después de varios intentos infructuosos durante los últimos 5 o 6 meses. El "culpable" entre otros es Felisberto Hernández y su libro "Nadie encendía las lámparas", regalo que recibí de un buen amigo el año pasado.
Es un libro de cuentos, con un lenguaje particular, no solo por los vocablos que utiliza, propios del español que se habla en América del Sur, sino porque habitan mundos lejanos pero cercanos, oníricos; historias de personas corrientes a las que les suceden cosas muy poco corrientes, llenas de simbolismos que se pueden interpretando de distinta forma según sea el estado de ánimo del lector.
Esto es lo que hace que haya escogido releer estos relatos ahora, pues cuando los leí por primera vez mi estado de ánimo no era el mismo que en el que me encuentro ahora.
Soy muy susceptible a los cambios de estado anímico, no brúscamente he de decir en mi descargo (o no), pero aún cuando mis sentimientos no cambien mi forma de afrontarlos cambia y va pasando por distintas fases, no necesáriamente ordenadas, en función de los acontecimientos que me rodean y como siento que éstos me afectan en mayor o menor medida. Por esta razón tengo por costumbre releer algunos libros, en especial aquellos que más influyen o pueden estar influidos por mi estado de ánimo en el momento de la última lectura. Así, algunas veces me inspiran profundas reflexiones filosóficas, otras veces un sentimiento de intensa melancolía por aquellos que podría ser y no es, o lo que pudo ser y no fue.
No sé porque curiosa razón tengo la impresión de que Felisberto pensaba mucho en eso, elucubraba sobre lo que podía haber sido y no era, y por ello fantaseaba esas historias tan peculiares, tan poco ortodoxas, como esos sueños locos que tenemos a veces, esos sueños en los que procesamos los deseos más imposibles de nuestro corazón dándoles una apariencia de realidad, a veces absurda, otras engañosamente autentica.
Normalmente soñamos, recordamos el sueño durante unas horas, tal vez unos días y después los relegamos al olvido, pero Felisberto los ponía negro sobre blanco, les daba un cierto orden haciendo que parecieran tener sentido todas sus metáforas, cuyo significado real solo tenía sentido para él, y a las que cada uno daremos un color diferente.
Es un libro de cuentos, con un lenguaje particular, no solo por los vocablos que utiliza, propios del español que se habla en América del Sur, sino porque habitan mundos lejanos pero cercanos, oníricos; historias de personas corrientes a las que les suceden cosas muy poco corrientes, llenas de simbolismos que se pueden interpretando de distinta forma según sea el estado de ánimo del lector.
Esto es lo que hace que haya escogido releer estos relatos ahora, pues cuando los leí por primera vez mi estado de ánimo no era el mismo que en el que me encuentro ahora.
Soy muy susceptible a los cambios de estado anímico, no brúscamente he de decir en mi descargo (o no), pero aún cuando mis sentimientos no cambien mi forma de afrontarlos cambia y va pasando por distintas fases, no necesáriamente ordenadas, en función de los acontecimientos que me rodean y como siento que éstos me afectan en mayor o menor medida. Por esta razón tengo por costumbre releer algunos libros, en especial aquellos que más influyen o pueden estar influidos por mi estado de ánimo en el momento de la última lectura. Así, algunas veces me inspiran profundas reflexiones filosóficas, otras veces un sentimiento de intensa melancolía por aquellos que podría ser y no es, o lo que pudo ser y no fue.
No sé porque curiosa razón tengo la impresión de que Felisberto pensaba mucho en eso, elucubraba sobre lo que podía haber sido y no era, y por ello fantaseaba esas historias tan peculiares, tan poco ortodoxas, como esos sueños locos que tenemos a veces, esos sueños en los que procesamos los deseos más imposibles de nuestro corazón dándoles una apariencia de realidad, a veces absurda, otras engañosamente autentica.
Normalmente soñamos, recordamos el sueño durante unas horas, tal vez unos días y después los relegamos al olvido, pero Felisberto los ponía negro sobre blanco, les daba un cierto orden haciendo que parecieran tener sentido todas sus metáforas, cuyo significado real solo tenía sentido para él, y a las que cada uno daremos un color diferente.
La sabiduría de Jane Austen
Estoy viendo por enésima vez "Sentido y sensibilidad" y no puedo dejar de maravillarme de la sabiduría, de la capacidad de definir y describir carácteres que tenía Jane Austen.
Quiza la relaciones sociales no sean tan envaradas como en esa sociedad inglesa en que vivió esta mujer, pero los carácteres son los mismos, el egoista, el generoso y desprendido, el gruñón, el glotón, la casquivana, la apasionada, la locuaz, la reservada, la cotilla... están todos presentes y primorosamente retratados en sus novelas, dónde el final feliz no es el final de cuento de hadas, sino uno más justo de acuerdo a los méritos de cada personaje.
Por supuesto no puedo negar mi predilección por la campiña inglesa, por sus paisajes, su nubes grises y su tiempo gris, aunque sus habitantes me saquen de quicio no pocas veces.
Quiza la relaciones sociales no sean tan envaradas como en esa sociedad inglesa en que vivió esta mujer, pero los carácteres son los mismos, el egoista, el generoso y desprendido, el gruñón, el glotón, la casquivana, la apasionada, la locuaz, la reservada, la cotilla... están todos presentes y primorosamente retratados en sus novelas, dónde el final feliz no es el final de cuento de hadas, sino uno más justo de acuerdo a los méritos de cada personaje.
Por supuesto no puedo negar mi predilección por la campiña inglesa, por sus paisajes, su nubes grises y su tiempo gris, aunque sus habitantes me saquen de quicio no pocas veces.
lunes, 4 de julio de 2011
La última misión
El próximo día 8 de julio, viernes, a las 17:26, hora española, despegará por última vez uno de las naves más interesantes de la era espacial, la lanzadera, conocida también como transbordador espacial, Space Shuttle, orbiter o Space Transport System, cuyas siglas son las que dan referencia a cada misión. La misión que pondrá fin a esta era es la STS-135. El propósito es entregar el módulo multiutilitario Raffaelo, así como suministros y repuestos a la Estación Espacial Internacional.
Fue bonito mientras duró.
Fue bonito mientras duró.
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