viernes, 26 de febrero de 2010

Birmingham

Hace casi una eternidad desde que escribí por última vez, y es que, como ya he dicho más de una vez, el tiempo se pasa volando y hay demasiadas cosas que hacer.
Una de las que me ha ocupado en este periodo de silencio ha sido viajar a la ciudad de Birmingham, en el Reino Unido, especifico porque me dí cuenta de que hay otro Birmingham en Alabama, E.E.U.U.
Esta visita no tenía fines turísticos, aunque como viajera vocacional e impenitente que soy, no dejara pasar la oportunidad de conocer un poco el lugar.
La visita tenía como objeto hacer algo de compañía a la madre de un amigo de mi marido fallecido hace ya tres años. Ella es viuda desde hace 30 años, está sola, es de origen finlandés y, por tanto, su familia más cercana en Finlandia, y sus amigos también han ido falleciendo. La casa está llena de libros que dejó su hijo, y necesita reparaciones, para lo cual necesita ayuda para manejar tanto libro. En realidad, no le ayudamos mucho con los libros, tan solo rescatamos algunos que pertenecían a mi marido y fueron prestados en su día, y tomamos algunos otros que ella no estaba interesada en conservar. Sobre todo le hicimos compañía, de lo que, a juzgar por su reacción, estaba muy necesitada. Es triste ver tan sola a una persona de 80 años, aunque se valga bien por si misma. Al menos tiene la compañía de dos gatos.
Resultaba también muy curioso que después de haber vivido tantos años allí, casada con un irlandés y madre de un inglés, su inglés resulte tan elemental, a veces nos costaba trabajo entenderla y cometía muchos errores de sintaxis y pronunciación, aunque lo cierto es que a estas alturas, ya le dé lo mismo corregirlos que no.

En cuanto a la ciudad en si, creo que no he conocido un enclave menos orientado al turismo que Birmingham.
El primer problema era llegar allí desde Madrid. Sorprendentemente no existen vuelos directos desde la capital de España, pero sí desde Alicante o Lanzarote. Conectar dos vuelos también era un problema ya que, al parecer, de todos los aeropuertos de destino en Londres solo uno de ellos tiene vuelos a Birmingham. El resultado es que resultaba increiblemente caro o demasiado largo, en el caso de probar otras conexiones vía alguna otra ciudad europea. Desechado esto, optamos por volar a Londinium y tomar otro medio de transporte con destino al noroeste. Elegimos coger el metro hasta la estación de Euston y desde allí el tren. Dada la hora a la que llegamos resultó la opción más cara, ya que las tarifas van en función de la demanda y justo estábamos en hora punta. Eso sí, el tren era bastante cómodo y tardó poco más de una hora.
El transporte público está cubierto por autobuses y algunas lineas de ferrocarril. Los autobuses parecen ser frecuentes pero son muy caros y obligan además a llevar el importe del billete exacto, porque hay que introducirlo en una máquina que, para mayor complicación no da el cambio. Como eramos dos, el importe mínimo eran tres libras cincuenta en monedas, que no teníamos por ser recien llegados al lugar. Existía la posibilidad de sacar un billete válido para todo el día, al precio de tres libras y algunos peniques, también en monedas sueltas. Al final terminamos cogiendo taxis para ir a todas partes, o andando algunos tramos, ya que no disponiamos de tiempo para investigar posibles alternativas o aprender a utilizar el sistema de autobuses sin conocer la ciudad a fondo.
El hotel fue otra peculiar experiencia. Aparentemente era un sitio muy bonito, y de hecho el frente y el vestibulo lo eran. La habitación y el camino hacia esta no lo eran tanto. A favor hay que decir que era tranquilo, la cama era muy comoda, la habitación estaba caliente, la ducha funcionaba bien, y la comida del desayuno era buena. En contra que no había ascensor, había que recorrer un largo pasillo lleno de puestas hasta la habitación, algunos muebles se caían a pedazos, a alguna lampara le faltaba la bombilla, se echaban de menos algunos enchufes, el teléfono no funcionaba y las toallas eran un poco pequeñas. Puesto en la balanza creo que, a pesar de todo, de tener que volver repetiría en ese hotel.

El centro en sí, es más agradable, aunque lo "turístico" se reduce a una plaza muy grande y algunas calles y edificios aledaños. Hay muchas tiendas y centros comerciales. Visitamos el museo de arte que tiene un poco de todo, sin embargo, lo que más me impresionó fue el diseño del edificio.
Al lado del hotel está el Oratorio de San Felipe Neri, un edificio un tanto anodino por fuera pero con una preciosa iglesia dentro, y que fue hogar durante muchos años del Cardenal John Henry Newman que está a punto de ser beatificado.


La vuelta la realizamos en autobus de linea, tras averiguar que nos llevaba directos al aeropuerto y, además, resultaba mucho más barato y el horario nos venía bastante bien.
Una visita de lo más peculiar. Como remate, volviendo sobrevolamos Madrid y pude ver el estadio Vicente Calderón iluminado porque iban a jugar el Atletí con el Barça y quedaba muy bonito visto de noche y desde el aire.

Y lo mejor de todo es que no se nos perdió ninguna maleta.

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