miércoles, 26 de mayo de 2010
Luna llena
El foco de la luna me está apuntando. Es redondo y brilla solitario desde el fondo de la platea del cielo. Debería sentirme como la estrella de la representación, pero el foco me intimida, lo miro con aprensión, el foco saca todos mis defectos, esos que tanto me había esmerado en ocultar. Es un ojo inquisitivo que te desnuda y te expone a la mirada de los demás. Y te mueves, tratas de ocultarte y el foco te sigue, y sube, cada vez más alto, y va iluminando todo el escenario, lenta e inexorablemente, con su luz blanca, que no ciega pero que tampoco cesa. Y deseas que las piadosas nubes acudan a tu rescate y corran el velo, o mejor un grueso telón tras el que escabullirse para poder escondernos bajo las sabanas, huir al país de los sueños y perderse entre una multitud que hace cosas tan raras que nadie se fija en ti. Y así, llegar al día siguiente mientras que esperas que el foco disminuya su intensidad a medida que cambian sus fases.
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