viernes, 23 de julio de 2010

Una página web muy curiosa

Hoy me he encontrado una página web (lo siento está en inglés) muy peculiar. Se trata de aprender a escribir y una de sus herramientas para empezar te pide que introduzcas un texto tuyo, es decir, escrito por ti y después de analizarlo, supongo que sintáctica y gramaticalmente, te dice a qué escritor conocido se parece tu estilo. Por supuesto, tenía que probarlo e introduje dos textos, uno más corto y otro largo, ambos tomados de entradas que escribí en este blog, para ver los resultados. El texto corto dio como resultado David Foster Wallace. Bien. Vale. El segundo fue realmente sorprendente: James Joyce. No sé si es bueno o malo, porque Joyce genera tanto odios como amores pasionales y hay a quién le encanta y quien piensa que es sus textos son un ladrillo insoportable. Lo cierto es que jamás me hubiera podido imaginar que el resultado pudiera ser ese. ¿Quiere ello decir que tengo futuro como escritora? No. Pero resulta un tanto divertido para mi pequeño ego de escritora que, por lo menos, no me haya equiparado a Dan Brown, y me da cierta esperanza de que con paciencia, aunque no tenga éxito, tal vez pueda ver algo publicado.
Para los incrédulos copio el enlace con el resultado de Joyce:

http://iwl.me/s/d760c1b4

jueves, 8 de julio de 2010

Un poco de todo

Obviamente no puedo de dejar de comentar los aciertos del pulpo Paul que son realmente sorprendentes. Cuando se decantó por España en vez de Alemania como equipo vencedor de la semifinal parecía demasiado bonito para ser cierto, pero ahí está, ganamos, y el pulpo volvió a acertar. Es, sin duda, un caso digno de estudio. Por cierto, no quiero saber que es lo que predice para la final, aunque ya se equivocó una vez en la final de la Eurocopa que ganó España. Con todo prefiero no saberlo aunque va a ser difícil sustraerse al exceso de información que va a rodear ese partido.
Por supuesto estoy encantada con la victoria de España. Como futbolera y emigrante (durante un tiempo) me llena de orgullo ver que destacamos en algo y que somos noticia en todo el mundo por algo digno de encomienda, ya sea Rafa Nadal, Gasol o la selección Española de fútbol.

Otra cosa que me ha llamado la atención es la cara de resignación de los niños que van en carrito cuando sus madres van de compras a una tienda de ropa en rebajas. Si la tienda es grande y hay mucho que ver pasarán al menos una hora revisando estantes y precios, si hay suerte se probaran media docena de trapos y, por último, si deciden compra alguno tendrán que esperar una larga cola para pagar.
Los pobrecitos niños se aburren a más no poder de todo eso. Cierto que es una liberación para la madre y que no es fácil encontrar a alguien que te cuide del churumbel para que te vayas de compras, pero da una pena ver a los pobres con esa carita de resignación.
Mis hijos tienen suerte, yo he hecho poco de eso y ahora, aunque lo hiciera, ya son mayores para quedarse solos en casa un par de horas.

Por último, un toque de envidia, deporte nacional, aunque la de hoy sea más bien venial. Envidia la que me dio de ese gato, bien mirado creo que es gata, que pulula por los jardines de mi oficina. Ayer estaba dormida bajo una pérgola de flores a eso de las cuatro, y la ví mientras salía ya de trabajar y lo que menos me apetecía era salir al calorazo que estaba cayendo en ese momento para llegar hasta mi casa. Con que gusto me hubiera dormido una siestecita en el jardín.

domingo, 4 de julio de 2010

El pulpo vidente

Como ya he confesado sigo el mundial de fútbol. Como en todo acontecimiento de dimensiones planetarias, se mezclan toda clase de ingredientes y todo se lleva más allá del mero espectáculo deportivo. Entre las cosas más curiosas que hay está el curioso caso de un pulpo, al que llaman Paul, en el zoo de Oberhausen en Alemania, al que se le ha ido preguntando por el ganador de los partidos que juega la selección nacional, a la que los periodistas hispanos gustan de llamar Mannschaft (¿será por presumir de idiomas?). La forma de efectuar la consulta se realiza mediante dos frascos con comida, en cada frasco se pone la bandera correspondiente, uno para Alemania y otro con la del equipo con el que se enfrenta. El susodicho animal ha ido acertando el vencedor de todos los partidos, incluyendo la sorprendente victoria de Serbia (que no se ha clasificado ni para octavos de final), por lo que no cabía suponer que siempre se decante por Alemania por resultarle más apetecible la comida del frasco con la enseña germana. De todo esto cabe deducir que o el pulpo tiene unas facultades extraordinarias, o tiene una suerte colosal y ha conseguido desafiar las leyes de la probabilidad.
¿Qué predecirá Paul para el partido de miércoles entre la mannschaft y la roja?
Pero lo qué más me llama la atención de todo esto es esa perentoria de tratar de ver lo que nos espera, de saber con antelación lo que nos va a suceder, de no vivir en ese permanente abismo que supone no saber lo que nos espera a la vuelta de la esquina. Los periódicos, las televisiones, las revistas están llenos de anuncios de videntes, tarotistas, etc. Hay hasta una feria, o varias, no llevo la cuenta, dedicadas al mundo mágico pero dónde predomina el tema adivinatorio.
Se mezcla en ello el miedo, la ambición, la inseguridad, pero también se pierde la capacidad de sorpresa, si pudiéramos saber en todo momento lo que va a ocurrir nunca más nos darían una sorpresa, y hay sorpresas verdaderamente bonitas. Bien es cierto que tampoco nos darían sustos, pero en ningún caso ello nos podría garantizar evitar lo inevitable, ya que cerrada una puerta se abren otras y las posibilidades son infinitas.
Son muchas las novelas, obras de teatro, películas que han tratado el tema (uno de mis autores favoritos en esto del tiempo es J.B. Priestley), y que pasaría si pudieramos conocer el futuro, cuál sería nuestra reacción y si en verdad podemos, o debemos, cambiar el futuro.
El tema es casi una obsesión. En este caso puede parecer puramente anecdótico, pero no deja de ser, una vez más, una muestra de esa necesidad que, en tanto que animales racionales y conscientes de nuestra propia existencia, tenemos las personas, más o menos humanas.

viernes, 2 de julio de 2010

"The heart is a lonely hunter" by Carson McCullers

Un novela diferente. Esta es, sin duda, una historia o debiera decir muchas historias corrientes que no se cuentan a menudo y menos aún todas juntas. Es un relato sobre la incomunicación, sobre el deseo de comunicar y la ineptitud para hacerlo, cada uno tiene su propia incapacidad pero todas confluyen en un personaje que, irónicamente, es sordo y mudo. Este personaje lo es por incapacidad física, el resto lo son de una manera u otra por imposibilidad psíquica, son incapaces de escuchar o de hablar y sus vidas se ven afectadas profundamente por esta incapacidad.
Son incapaces de relacionarse con aquellos que les rodean, de adaptarse a sus realidades, ni siquiera son capaces de verlas, y todo se sublima en el personaje del sordomudo, al que por no entenderle y porque no ofrece ninguna resistencia convierten en aquel amigo que les gustaría tener, cada uno en la medida de sus necesidades, cada uno sin importarle verdaderamente lo que siente el sordomudo quién, a su vez, vive su propia realidad al margen de todo lo que sucede a su alrededor.
Solo puedo decir que me ha encantado. No quería dejar de leer. No me ha emocionado especialmente porque el tono con que está escrita es desapasionado y no invita a la melancolía, es realista, es un trozo de la vida bajo el microscopio y se anota todo lo que va sucediendo, no significa que no quiera a sus personajes, pero no se permite sentimentalismos con ellos, la vida sigue, la vida es así.
Una novela excelente en mi opinión. Yo la he leído en inglés, y recomendaría que todo el que pueda lo haga porque el lenguaje que utiliza (que recoge), para mí, una parte muy importante de la historia. Yo no sabría como traducirlo para que tuviera el mismo efecto en español.
Definetely a must read book.