Estamos en plena Navidad. El 25 ya pasó, cierto, pero aún nos quedan Año Viejo, Año Nuevo y los Reyes. Es, sin duda, una época especial. Para los niños, tiene el valor de las vacaciones y los regalos. Para los adultos, es más variada. Estamos los que primamos su carácter religioso, sin obviar lo material en forma de copiosas comidas y profusión de regalos. Otros solo ven la parte vacacional del asunto. Otros, sin ser religiosos, disfrutan de la excusa para organizar reuniones familiares.
Los que se toman en serio la actividad de regalar harán continuos y metódicos esfuerzos de empatía para tratar de encontrar el regalo perfecto, con o sin prevía consulta con algún gurú del regalo que nos proporcione ideas para regalar a alguien que ya tiene de todo y, muchas veces, más caro y de mejor calidad que aquello que le pudiéramos regalar. La búsqueda del regalo perfecto puede ser genuinamente frustrante. Hay personas que no tienen ninguna consideración y no se dejan de comprar todo lo que necesitan y se les antoja, dejando al pobre "regalador" huerfano de posibilidades, y luego hay que echarle mucha imaginación...
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