miércoles, 24 de noviembre de 2010

Hogar ¿dulce? hogar

Hay días, y a veces semanas, en que la vida en familia puede ser un suplicio. Cuando todos los tópicos sobre la paz del hogar, el refugio, el descanso se tornan en guerra, desprotección e inquietud. Parece que las fuerzas y los humores se conjuran, se produce una sinergia (palabra de moda) de energías negativas y cada palabra es un dardo, todos tienen el rabo de paja y piensan que les arde y si te rozan pareciera que te han abierto en canal.
En esos momentos anhelo casi con angustia poder meterme en la cama y dormir, refugiarme en los acogedores brazos del sueño y así huir de mi "dulce" hogar. En mis sueños viviré las situaciones más extrañas y raras, juntaré a mis jefes con mis parientes, y a mis amigos con mis actores favoritos en un popurrí que cuando lo recuerde por la mañana me haga sonreír mientras preparo el desayuno, y aún siga sonriendo mientras me ducho, me seco y hasta mientras voy en un vagón de metro atestado hacia el trabajo, rodeada de personas concentradas en sus propios pensamientos. El último sueño que recuerdo fue francamente absurdo, y apenas lo recuerdo ya, sin embargo si recuerdo que, de tan absurdo (algo parecido a una pelicular de los Hermanos Marx pero todavía más original) me estuve sonriendo todo el día. Y este recuerdo también me hace sonreír.
La vida es sueño...

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