Ayer escribí con cierta rabia, pero lo cierto es que, lentamente, voy poniendo orden en el caos. No es fácil, sobre todo cuando hay que volver necesariamente al lugar del "crimen", pero es necesario.
No estoy demasiado satisfecha de todo lo que he publicado, pero me ayuda a encauzar las emociones, los sentimientos. Ayuda a reflexionar sobre los porqués, los cómos, los cuándos...
Aunque sigue habiendo muchas preguntas y pocas respuestas.
La vida enseña, a palos muchas veces, que las personas vienen y van. Que nada es eterno y que todo tiene su ciclo.
He conocido a muchas personas a lo largo de la vida. La inmensa mayoría han sido relaciones más o menos superficiales, y con pocos o ningún interés en común. De algunos, que me perdonen, no recuerdo ni el nombre.
En unas pocas ocasiones he encontrado personas con las que esa relación trascendió lo superficial, el mero trato social, y adquirió profundidad. Cada una de ellas fue muy enriquecedora y, siempre, estaba basada en algún interés común: el cine, la música, los libros...
En la mayoría de esos casos, percibí de manera más o menos clara cuando el ciclo había llegado a su fin y acepté, aceptamos, no sin pena y resignación, que había que seguir caminos distintos. Nunca he sentido un afán de posesión.
Hay veces, y esta es una de ellas, en que, sin embargo, queda la sensación de que el ciclo se rompe, que no ha llegado a alcanzar su fin natural, que no era así como tenía que acabar y de quedan cosas por decir. Y no puedo evitar rebelarme. Luchar.
Eso no quiere decir que, a pesar de todo, no sea consciente de que la lucha puede ser inútil, pero si no se lucha por aquello que sentimos que vale la pena, ¿por qué íbamos a luchar sino?
Me vas a crear complejo de ágrafo como sigas con esta verborrea.
ResponderEliminarA ver si retomo mi blog y también me pongo a publicar.
Que me has animado.
Te mando por correo un párrafo sobre esto mismo que hablas en la entrada, escrito por Richard Ford.
Es una maravilla.
Javi.
O, mejor, lo publico en el blog. Échale un vistazo.
ResponderEliminarEsa puñetera bitacora tuya no me deja publicar comentarios (¿me tiene manía?).
ResponderEliminarEl texto de Richard Ford es muy hermoso y puedo ver porque te vino a la memoria.
Lo cierto es que el texto sobre mi padre salió así, con ese aire de cuento. Supongo que es la distancia.
Me alegra que te piques. Lo mío llevaba mucho tiempo envasado, y ha sido como quitar el tapón de la gaseosa después de agitarla.