miércoles, 4 de noviembre de 2009

Y después nos quejamos

Hoy estaba cabreada con el mundo y la mezquindad de los seres humanos, pero dos noticias me han hecho recapacitar y no me resisto a hablar de ellos.
La primera noticia se refería a un enfermo de ELA  (Esclerosis lateral amiotrófica) que, con 30 años, tiene su cuerpo casi completamente paralizado. La otra trataba de una mujer de 40 años que padece el sindrome de Moebius, que produce falta de control de los musculos faciales, por lo que la cara se torna inexpresiva. Dentro de esos cuerpos hay cerebros perfectamente normales que piensan, sienten y padecen como todos los demás y que, además, se dan cuenta de todo lo que les está vedado en esta vida. Dependen de sus familias para que les hagan la vida más fácil, aunque en el primer caso, su vida depende literalmente de los cuidados de su familia, si bien hasta que la enfermedad se declaró pudo llevar una vida más o menos normal. En cambio, en el segundo caso, nunca ha llevado una vida verdaderamente normal, puesto que ha tenido que padecer no solo su enfermedad sino la crueldad de los que le rodeaban, las burlas de los niños en el colegio, el ser invisible para los chicos y hombres que se cruzaron en su vida. Si no fuera por su familia probablemente estaría completamente sola.
Ambos se agarran a la vida con todas sus fuerzas y siguen adelante. Y eso debiera ser una lección para los demás y también un baño de humildad, pero somos tan soberbios...

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