lunes, 9 de noviembre de 2009

Del significado de algunas palabras: ilusión

ILUSIÓN. (Del lat. illusĭo, -ōnis).

1. f. Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos.

2. f. Esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo.

3. f. Viva complacencia en una persona, una cosa, una tarea, etc.

4. f. Ret. Ironía viva y picante.

Esta es una palabra curiosa. Tiene cuatro acepciones que no tienen nada que ver entre sí. Es más, a mi modo de ver, la primera y la segunda acepción son claramente contradictorias. ¿Cómo se puede emplear la misma palabra para describir "tener esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo" y ser a la vez "una imagen o representación sin verdadera realidad sugerido por la imaginación o causado por engaño de los sentidos"? Suena como si uno se estuviera engañando a sí mismo.
¿Y que decir de la tercera y cuarta acepciones, igualmente contradictorias entre sí?
¿Cómo y cuándo llegó esta palabra a adquirir significados tan opuestos? ¿Por qué prima la acepción referida a la imagen o concepto sin verdadera realidad sobre la tercera que es la que más usamos el común de los mortales?
Pues nos hace ilusión un regalo o nos hace ilusión que sucediera tal o cual cosa. ¿O resulta que todo es una ironía viva y picante, como la cuarta acepción?
Es toda una paradoja y su origen, un verdadero enigma. ¿Fue resultado, acaso, de una traición? ¿Hubo alguien, en algún momento, que se sintiera "desilusionado"  y de ello se derivó el primer significado? Podríamos echar a volar la imaginación tratando de conjeturar cual fue el origen, aunque, probablemente, la explicación sea mucho más banal, sin embargo, no podemos dejar de considerar que, además, curiosamente, desilusionar significa reconocer el engaño o quitar la esperanza, ¿por qué se ha reconocido el engaño?, añadiría yo.
No obstante, hay que recordar que a los magos de hoy en día también se les llama ilusionistas, puesto que nos hacen creer que hacen magia, aunque no sean más que prestidigitadores, es decir que crean ilusión, y esa ilusión, a veces, nos da una viva complacencia.

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