viernes, 6 de noviembre de 2009

Sobre la comunicación

La teoría de la comunicación es muy simple: hay un emisor, un receptor y un mensaje. Así se lo explican a los niños en el colegio. La realidad es muy distinta, entre otras razones, porque hay muchas cosas que pueden interferir en la comunicación y distorsionar el mensaje.
Aun cuando el mensaje sea objetivo, es decir, que no sea ambiguo y esté expresado de forma clara, el mero hecho de que el receptor y el emisor estén condicionados por sus respectivas situaciones hace que el mensaje que uno cree emitir adquiera un significado distinto para el que lo recibe. Así, por poner un ejemplo, un simple "¡Está lloviendo!" puede significar para el que lo emite un aviso de que hay que coger un paraguas y, en cambio, para el que lo recibe puede tener como significado "¡qué bien, se me van a regar las plantas!".
Cuanto más, pues, si el mensaje es complicado o ambiguo y, por ello, sujeto a interpretación.
Hay un juego que se practica entre varios comensales sentados a una mesa, el juego consiste en que uno de ellos emite un mensaje que el siguiente ha de transmitir, sin que el resto lo conozca, hasta que el mensaje vuelve a su emisor primigenio. Por supuesto, cuantos más intermediarios intervengan tanto más divertido resulta. El propósito del juego es ver hasta que punto se ha distorsionado el mensaje durante la transmisión, siendo en la mayoría de los casos tal la distorsión que resulta hilarante.
Sin embargo, ya no resulta tan divertido este juego cuando se produce con efectos más o menos desastrosos en la vida real, constantemente, diariamente, minuto a minuto.
Muchas veces pecamos de ambigüedad o de falta de claridad en nuestros mensajes, a veces intencionadamente, otras veces por error, otras por incapacidad, algunas por miedo a la reacción que pueda producir el mensaje, otras porque nosotros mismos no sabemos lo que queremos decir con nuestro mensaje. Y sin duda, en multitud de ocasiones, el lenguaje, esa herramienta que nos hemos inventado los seres humanos, más que ser una ayuda a la comunicación, se antoja como un obstáculo insalvable.Cuantas veces una mirada parece decir más que las palabras, o un gruñido entre dos perros dejar las cosas más claras que un millón de palabras.
Porque el lenguaje, tanto hablado como escrito, puede resultar insuficiente u obscuro. Aun cuando dos personas hablen y, supuestamente, dominen una misma lengua, su percepción de los significados asociados a las palabras puede ser radicalmente distinta. Y en esto influirían tanto la edad, como el entorno social, la formación y educación recibidas, incluso el sexo. Si a esto añadimos que en el lenguaje verbal podemos introducir matices como el tono y el lenguaje corporal, la cuestión de la comunicación puede complicarse hasta el infinito, dando lugar a multiples combinaciones que pueden resultar en la emisión de mensajes contradictorios o, incluso cuando la intención es sincera, y el mensaje claro, que éste pueda ser malinterpretado, baste sino el ejemplo anterior sobre la lluvia.
El hecho de que, además, existan distintos idiomas supone una complicación más para la comunicación, pues cada idioma, además de las reglas gramaticales, tiene sus propios matices, además de los ya mencionados, derivados de la interacción social en ese area geográfica concreta, y que pueden resultar desconocidos para las personas que no han participado de la misma. No es lo mismo conocer un idioma y sus reglas que hablarlo día a día en un entorno social concreto.

Por si esto fuera poco, en toda comunicación se presupone también una interacción, es decir, no solo se trataría del acto de emisión del mensaje y que éste llegase al receptor sino que, a su vez, el receptor reconozca de alguna manera haber recibido el mensaje ya que, de otra manera, el emisor puede interpretar la ausencia de respuesta como una respuesta en si misma, casi siempre con un sentido negativo.
De ahí que, por ejemplo, los medios de comunicación, ya sean televisiones, radios o periódicos estén siempre tratando de evaluar cuantas personas siguen sus emisiones y de fomentar la participación de la audiencia.
Por otro lado, habría que valorar si la creación artística es una forma de comunicación o tan solo de expresión y, en consecuencia, no requeriría para su culminación el hecho de que exista un o varios receptores del mensaje que pudiera estar implícito en la misma. Pero creo que eso me va a dar tema para otro ensayo.

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