jueves, 15 de octubre de 2009

Nunca es tarde

El portero no le quitaba ojo de encima. No es que estuviera haciendo algo malo ni que hubiera hordas de gente esperando, pero no le gustaba nada tenerla allí. Había un grupito al otro lado. Ella las miró con curiosidad, no le parecía que dieran el tipo, pero nunca se sabe, y como se suele decir, para gustos colores, y no iba a ser ella quién se lo echara en cara.
Le estaban empezando a doler los pies. Llevaba en pie desde las 6, delante del hotel desde las 8, y ya habían dado las 2. Pero no podía dejar pasar esta oportunidad. Nunca había tenido la oportunidad de ver a Sean Connery en persona, y mucho menos de pedirle un autógrafo. Por hache o por b, que si los niños, que si el trabajo…
Por un momento, dejándose llevar por la picardía, se imaginó mirando debajo del kilt, pero lo descarto enseguida, sería de mal gusto. Además, hoy no iba a acudir a esa clase de acto que requiere traje de gala. Pero hubiera estado bien poder verle en su traje de escocés.
El portero seguía mirando de reojo. Gracias a Dios no hacía frío, coger una pulmonía a estas alturas por pedirle un autógrafo a Sean Connery iba a hacer pensar a todo el mundo que no estaba bien de la cabeza.
Los pies le estaban pidiendo una tregua. Como este hombre se tardara mucho más en salir se iba a tener que dirigir a él de rodillas.
Se imaginó enseñando el autógrafo a sus amigas. Se imaginaba sus caras, especialmente la de Puri, que era del grupo, pero amiga, lo que se dice amiga, tampoco lo era tanto. Era la más envidiosa, y pensar en enseñárselo le producía un cierto placer malévolo.
Por fin, en la puerta se estaba formando un revuelo considerable. La prensa estaba presta como los buitres tras la matanza. Cámaras en alto. Micrófonos apuntando.
El otro grupo, al ver el revuelo, también se ha acercado. Tenía que estar lista o se le escaparía. Repaso mentalmente las frases cuidadosamente ensayadas. Incluso se grabó para perfeccionar la dicción, ¡con la rabia que le producía escuchar su propia voz!.
Ya le veía. Al ser tan alto su cabeza monda destacaba entre los demás.
¡Qué hombre! Con su edad y que atractivo tenía. Así, en directo, incluso más. Desde luego no perdía ni un ápice de su galanura.
Se acercó decidida. Tendría que pegarse con los de la prensa, pero no le importaba. Nadie le iba a quitar esta oportunidad y estaba dispuesta a pelear.Bolígrafo y cuaderno en mano, avanzó decidida.
Pero no hizo falta pelear. El actor, siempre amable con sus fans la detectó inmediatamente. Se abrió paso con el mismo porte que en sus películas, y le preguntó su nombre. Su sonrisa le desarmo por un momento y se le borraron de la memoria las frases. Entonces, pensó “Tengo que recuperar la compostura” . Con un hilo de voz alcanzó a decir: “Blanca”. Entonces, él tomando el bolígrafo y el cuaderno, escribió:“For Bianca, with kind regards, Sean Connery
Blanca estaba en el séptimo cielo. Pensar que a sus 60 años había conseguido el autógrafo de su actor favorito.
Y en su cabeza resonaba: “Nunca es tarde si la dicha es buena.”

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