viernes, 16 de octubre de 2009

Desde mi ventana

No soy una persona nocturna. Soy más bien diurna, pero tampoco me gusta en exceso madrugar. Sin embargo, sí me gusta observar las estrellas. La inmensa boveda celeste.
Una de las pocas compensaciones que tiene el levantarse a las seis de la mañana es poder ver las estrellas desde mi ventana. A esa hora, cuando todavía es de noche, y si el cielo está despejado, puedo ver las estrellas.
A esas horas pequeñas, como dicen los escoceses (the wee hours of the morning, que expresión tan bonita), la mayoría de las luces de las casas están apagadas, y aúnque las de la calle estén permanentemente encendidas, la oscuridad es mayor que a primera hora de la noche.
Además, a esa hora, precisamente, se para delante de mi ventana un cazador mítico: Orión. No sé mucho de constelaciones, pero Orión es bastante facil de reconocer por su elegante cinturón, y allí está todas las mañanas, parado en el cachito de cielo que veo desde mi ventana.
Y es que a veces está tan hermoso, brilla con tanta intensidad, que se me saltan las lagrimas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario