El técnico llamó al portero automático que había en la verja.
-"¿Quién es? "
-"Soy el instalador de SOLINF, S.A.. Vengo a instalar el controlador. "
El farero pulso un botón y abrió la puerta de la verja. El técnico se subió al coche y arrancó. Recorrió los pocos metros que separaban la verja del faro y aparcó la furgoneta. Se bajó, y fue hacía la parte de atrás del vehículo. Saco una caja, no mayor que un diccionario.El farero abrió la puerta del faro y le miró con una mezcla de curiosidad y tristeza.El técnico se le acerco y preguntó, con tono muy profesional:
-"¿Dónde está la maquinaria? "
El farero contestó:-" Dentro."Para sus adentros añadió: “Donde iba a estar sino”
Se apartó y le dejó pasar. Acto seguido, tomó la delantera y le guió por los recovecos del faro hacía el cuarto donde estaba la maquinaría que daba vida al faro cada noche.
Unos días antes ya había venido otro técnico a instalar no se qué aparato en el motor y a traer un ordenador, que permanecía en su caja, a la espera del técnico que acababa de llegar. Éste empezó a deshacer los embalajes. En unos minutos había sacado ya el ordenador, y minuciosamente estaba montando todas sus partes: la pantalla, el teclado, el ratón, la torre que contenía la unidad de proceso.
En el suelo quedaron esparcidos los plásticos que lo habían protegido.El técnico buscó un enchufe y lo encendió. Silenciosamente se puso en marcha. La pantalla empezó a parpadear, y se iban sucediendo los logos del fabricante, del creador del sistema operativo (software) y toda esa retahila de imagenes con que nos entretienen mientras pacientemente tenemos que esperar a que despierte.
Mientras tanto, el técnico abría la otra caja. Su aspecto era parecido al de la torre, aunque algo más pequeño. Era negro, con varios orificios, a los que habría que conectar cables que salían del ordenador y otros que iban hasta la maquinaria del faro.
“Así que esto es lo que me va a sustituir”. Pensó el farero. “Este aparato va a hacer mi trabajo. Va encender el faro al anochecer. ¿Acaso va a comprobar si la maquinaría gira bien y no se atasca.?¿puede, si se da el caso, cambiar las bombillas cuando se fundan.?” “Esto es una locura. Sustituir un hombre por una máquina en un trabajo tan delicado como este, con tantas vidas en el alero.”
El técnico continuo su labor. Ahora, movía el ratón y escribía cosas con el teclado. En la caja negra se habían encendido varias luces que parpadeaban. La luz de faro se enciendió y empezó a girar.
-”No se preocupe. Es solo una prueba, para ver que funciona correctamente. Ahora lo voy a programar para que se encienda cuando el sensor que está fuera deje de recibir suficiente luz y se apague al amanecer. Son una maravilla estos sensores nuevos. Son precisos como un reloj suizo. Detectarían la luz de una cerilla”
El técnico parecía disfrutar enormemente de su trabajo. No parecía darse cuenta de las implicaciones de lo que estaba sucediendo.
-¡Ya está!- exclamó. “A partir de hoy ya no tendrá que preocuparse. Los días que le quedan para la jubilación va a vivir como un rey, sin dar ni golpe. No tiene ni que mirarlo. Está conectado con la central por ADSL y desde allí van a detectar cualquier anomalía que se produzca.”
-“Ya. Muchas gracias.” Dijo con pena.
¿Quién se ocuparía de sus plantas cuando se marchara? ¿Y de su faro? Su querido faro. Le había dedicado treinta y cinco años de su vida. Lo había mimado y cuidado como a un hijo, consciente de la importancia que tenía para todos esos barcos ver esa lucecita en la distancia. Y ellos iban y lo dejaban todo en manos de un centro de control a kilómetros de distancia y unas máquinas. ¡Bonito panorama!.
El técnico recogió todos los restos rápidamente. Sacó su móvil y llamó al centro de control para informar de que todo estaba en orden. Con un sencillo ¡hasta luego! se despidió, y salió zumbando para su furgoneta.
El farero volvió a pulsar el botón para abrir la puerta de la verja. Desde la puerta espero a que la furgoneta saliera y la verja se cerrara, y volvió al faro.
Lentamente subió las escaleras. Tenía que hacer su maleta.
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