Es extraño como funciona la mente humana. Las vueltas que da, como el mismo suceso relatado por personas distintas puede cambiar hasta el punto de parecer sucesos distintos. Nuestra mente elabora los recuerdos, las percepciones, de manera subjetiva: yo soy yo y mi circunstancia.
¿Somos absolutamente incapaces de ser objetivos? ¿es nuestro cerebro incapaz de almacenar los datos objetívamente?
La verdad es que nos pasamos la vida elucubrando, haciendo cabalas sobre el pasado, el presente y el futuro. Y, además, está el corazón, los sentimientos. ¿Son estos, acaso, los que impiden la objetividad? Me temo que, en gran medida, sí. No podemos escapar a su influencia, y nuestros recuerdos y percepciones están inevitablemente influenciados por lo que sentimos en un momento dado: amor, odio, dolor, pena, miedo, impaciencia, y así infinítamente.
No cabe duda, somos seres extraños, complicados. Siempre estamos formulando preguntas. En algunos casos las respuestas son obvias, en otros, nos dedicamos a elaborar diferentes situaciones, analizamos los datos, esos datos que hemos almacenado, pero que en ningún modo son objetivos, tratando de deducir la respuesta. ¡Y cuántas veces nos equivocamos!
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