En estas fechas echo mucho de menos la nieve. Aún recuerdo la última Navidad que pase en Michigan. Cayó una nevada inmensa, el gran manto blanco. Nevó tanto que hasta se fue la luz. Se pudo escuchar como el pobre transformador exhaló su último suspiro en la quietud de la nevada. Cuando nieva tanto hay mucho silencio, un silencio expectante, como el hechizo de un cuento de hadas, y la gente permanece en sus casas mientras todo queda inmaculadamente blanco, lenta pero inexoráblemente. De vez en cuando se oye como la nieve se cae de las copas de los arboles, incapaces sus ramas de sostener el falsamente liviano peso de los copos, esos copos grandes como plumas que caen cuando nieva de verdad. El sol trata en vano de iluminar el paisaje, pero solo consigue incrementar la blancura que borra caminos, iguala las casas y esconde la miseria. Cuando nieva todo parece perfecto...salvo que uno tenga que salir de casa, pero no vamos a estropear este panorama idílico hoy, dejemos eso para otro día.
La vida es sueño...
No hay comentarios:
Publicar un comentario