viernes, 7 de enero de 2011

El curioso incidente del autobús

Hoy he sido testigo de un curioso incidente. Iba en un autobús, no abarrotado, pero moderadamente lleno. Era más o menos mediodía, por tanto, la proporción de personas mayores era mayor que en otras horas del día. Un joven. Negro. Todavía no soy capaz de dilucidar si esta característica dermatológica ha tenido alguna influencia o no. El joven está sentado en la zona de asientos reservados y, en un momento dado un señor le señala el cartelito que recuerda este hecho con cierta inquina recriminatoria, el joven se levanta inmediatamente sin rechistar pero hete aquí que la señora que está sentada inmediatamente detrás le hace saber al recriminador que ese mismo joven le acaba de ceder el asiento a otra señora, que se suma inmediatamente a la contrarrecriminación. El señor se defiende, afirmando que se trata de asientos reservados, y las señoras contraatacan diciendo que, precisamente ese joven, era el que menos merecía que se lo recordaran. El señor afirma que no es por él, que no se va a sentar, sino por otro señor situado a su espalda. De inmediato, le recuerdan que a ese misma persona se le había ofrecido un asiento que rechazó. A falta de otros datos, creo que el buen señor se pasó de listo. En otras circunstancias es bueno que haya quién recuerde que estos asientos están reservados, pero si te has equivocado, por falta de información, precipitación o, no es descartable, racismo, hubiera sido mejor que reculara y reconociera su error en vez de enrocarse en defender lo que otros testigos le presentaban. El joven sonreía beatífico. No sé si porque no entendía nada o porque su buena educación había dado rendimientos inesperados.
Me alegró que hubiera personas dispuestas a dar la cara por aquel que estaba siendo injustamente acusado. Es una luz de esperanza en esta sociedad tan materialista e individualizada, en la que primero soy yo, después yo y, si sobra algo, tal vez los demás, dónde volvemos la cara cuando la vista nos disgusta y permitimos agresiones delante de nuestras mismas narices pero escurrimos el bulto para que no se altere nuestra comodidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario