lunes, 31 de enero de 2011

Al pan, pan, y al vino, vino

Últimamente vengo oyendo en programas de radio y televisión, o leyendo artículos de prensa, e incluso libros unas formas de expresión que, de tan pedantes, resultan ininteligibles y, sin duda, absurdas. Son tan pretendidamente intelectualoides que carecen de todo sentido y resultan simplemente ridículas. La gota que ha colmado mi vaso ha sido un anuncio en radio de la representación de una obra teatral, de la que, aparentemente, se hace una nueva interpretación. El texto es para nota. No lo entiende ni el que lo ha escrito, pero resulta tan pedante que lo último que apetece es ir a ver esa obra que, por otro lado, ha sido representada infinitas veces por grandes actores de la escena española. Hay tanta ignorancia y vulgaridad alrededor ,que aquel sabe algo se empeña en que tiene que demostrarlo exagerando hasta lo absurdo su "sapiencia" mediante la utilización de vocablos juntados sin ton ni son.
Soy partidaria de la simplicidad, en todo. Una cosa es que se pueda utilizar un vocabulario rico y variado, lo que no es óbice para que las cosas de expliquen de manera clara y simple, diciendo lo que se tiene que decir sin rodeos, sin elevar el nivel como si se hablara en un lenguaje solo para iniciados.
Lo dicho, al pan, pan y al vino, vino.

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