Una vez, hace ya años, sentí un amor muy fuerte, de una intensidad que no nunca hubiera podido imaginar, que no se parecía en nada a lo que había encontrado descrito en cualquiera de las novelas más o menos románticas que había leído, o a las películas que había visto. Sentirlo no tenía nada que ver con leerlo, verlo o siquiera imaginarlo. Tampoco estaba preparada para sentir algo así, primero porque no lo buscaba, y segundo porque no lo esperaba. Y tampoco se parecía a nada de lo que había sentido antes por otros chicos.
Era, fue, un amor puro, muy puro, altruista, no me importaba nada más que el objeto de mi amor, su bienestar, y desde luego no tenía en consideración el que sus sentimientos hacia pudieran ser recíprocos o no, me bastaba con supiera que yo le amaba con todo lo que mi corazón y mi cerebro, suponiendo que sean distintos órganos amatorios, podían dar de sí. Fue, sin duda, el amor de mi vida. Después de aquello ya no fui la misma, por muchas razones, de la cuales la menos importante fue el que él no me quisiera como yo a él. Fue un amor muy doloroso, y fue un aprendizaje provechoso. Por primera vez en mi vida desee de verdad a un hombre y desee entregarme a él sin contemplaciones. El sexo hasta entonces era algo de lo que todo el mundo hablaba pero carecía de sentido para mi, no me producía gran interés, ni excitación. Por esa misma razón no concibo el sexo sin amor. Habrá muchos que sean capaces de obtener satisfacción del sexo por el sexo, no lo dudo, pero para mí es un ejercicio vacuo, carente de sentido, salvo los segundos que pueda durar el éxtasis, que no merecen tanto esfuerzo.
Lloré mucho por ese amor. Y recé, recé por su felicidad, por su salud, por él. Le agradecí sus atenciones, su cariño, su sinceridad. Con el tiempo aprendí que había muchas razones por las que nunca hubiera funcionado bien esa relación, que el amor aun cuando sea igualmente fuerte por ambas partes no puede suplir o compensar la lucha de dos caracteres opuestos e igualmente fuertes. Menos aún cuando el amor es grande en un lado pero más leve en el otro. Aún le amo, le amaré siempre, por que sí y por alguna otra razón que solo me incumbe a mi. A pesar de los que han venido después nada podrá hacer que le olvide o le deje de amar, porque el amor que sentí por él fue tan grande, tan denso, tan fuerte, tan ingenuo, tan dulce, tan amargo, que algo así no se puede olvidar ni borrar, deja una huella, cicatriz, o como se le quiera llamar que es imposible. AMOR con mayúsculas. Desinteresado, fútil, torpe, ciego, pero genial, portentoso, delirante, loco, sincero, colosal, inconmensurable, total.
Solo espero que un día nos encontremos en el cielo, sin que nadie nos vea, y poder verle y hablar con él otra vez, y charlar, y discutir y oler su piel. Hasta eso me gustaba. Un amor primario.
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