lunes, 21 de febrero de 2011

De mis últimas entradas

Últimamente escribo cosas que parecen sacadas de revistas femeninas. Supongo que eso significa que en gran medida soy como el resto de, más o menos, la mitad de la humanidad y nos preocupan las mismas cosas. También hay otras cosas que me preocupan referidas a  amigos y relaciones, pero esas no son temas fáciles de tratar en un blog. Para ello debería hacer un ejercicio de honestidad sin precedentes y despojar mi alma de todos esos ropajes con los que la ido revistiendo durante todos estos años. Ahora que se aproxima el carnaval sería como quitarse el disfraz en medio de la fiesta. Hay días que me siento joven y mi cabeza se llena de planes para el futuro más o menos lejano. Otras veces, me sale la vena ¿realista?/¿pesimista? y  me da la sensación de que, por muchos planes que haga, para el mundo no soy otra cosa que un ama de casa  y madre de familia que no puede aspirar a otra cosa que retirarse en su casa.
Eso no va con mi espíritu. No con la parte brava, al menos. Pero también tengo una parte, digamos, cobarde. ¿Y si por querer hacer aquello que me gusta me doy un batacazo? ¿Estaré en condiciones de aguantarlo? ¿Sería capaz de soportar que mis últimos sueños quedaran hechos añicos?
A medida que he ido cumpliendo años he sido más consciente de mis limitaciones, pero también de mis capacidades, de lo que puedo conseguir y de lo que las circunstancias pueden influir en nuestros deseos y aspiraciones. Recuerdo los trenes que he dejado pasar, las oportunidades perdidas, y me pregunto como hubiera cambiado mi vida de haber seguido otros derroteros. No me arrepiento de lo que he hecho, y si de algunas cosas que debía haber hecho y no hice. También tengo miedo de proyectar mis ilusiones en mis hijos sin dejarles seguir su propio instinto (pero también me asusta que sigan su instinto y se estrellen).
El futuro, esa gran incógnita.

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