domingo, 20 de febrero de 2011

Sobre "El encantador de perros"

Los sábados y domingos por la mañana hay un programa de televisión del que disfruto enormemente. Se trata de "El encantador de perros". A mi siempre me han gustado los perros, a pesar de que nunca he llegado a tener uno, y de que en teoría me dan alergia. Lo que me gusta de ese programa es que se dedica a recordarnos lo que es puro sentido común, que los perros son animales, que hay que tratarlos como animales y que humanizarlos solo trae problemas. En el programa se ven casos verdaderamente difíciles, extremos los llama el encantador, el siempre sensato Cesar Millan, porque se intenta razonar con los perros como si fueran humanos, como si fueran niños, y no lo son. Desde que vivimos en la ciudad a los seres humanos se nos ha ido olvidando lo que es la naturaleza, lo que son los animales y tendemos a tratarlos, ya sean perros, gatos, hurones, pájaros, etc. como si fueran hijos nuestros -en muchos casos sustituyen sin ambages a los hijos que no se han podido o querido tener-, y ello tiene consecuencias en el comportamiento de los animales que se debaten entre su naturaleza animal y un humano que los tratan como iguales, cuando evidentemente no lo son. Cesar Millan se pasa el tiempo diciendo y repitiendo que son animales y que eso es algo que no se debe olvidar. Le fastidia profundamente, y no lo esconde, ver a perros vestidos -disfrazados- como si fueran personas. Y recalca que no es cuestión de fuerza física sino mental, no es el tamaño lo que cuenta, sino la fortaleza mental. Ello se puede observar claramente en los chihuahuas. Son poco más grandes que una rata, pero tan bravos que no les importa ladrarle las cuarenta a perros que les quintuplican el tamaño. Cuestión de convencimiento. En cambio el ser humano, más grande, más fuerte que cualquier perro, más inteligente, se deja arrastrar por la calle por su perro porque no es capaz de imponer su fuerza mental. No sabemos dejar claro quien manda, confundimos el amor con la indisciplina, y la disciplina con castigo. No se quiere menos al perro por someterlo a una disciplina y hacerle obedecer. Y Cesar Millan lo hace. Ama a sus perros, pero porque son perros no porque quiera hacer de ellos humanos en miniatura a cuatro patas. Puro sentido común.

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