Este es el último libro que acabo de leer completo (tengo unos cuantos empezados). Es una historia pequeñita. Casi diría que un cuento. Es entretenido pero superficial. Los personajes no están definidos en profundidad y uno no llega a entender del todo los motivos de sus comportamientos y echa en falta un mayor desarrollo de dos o tres personajes que podían haber añadido más interés a la historia. Se lee rápido y tiene un par de fallos en la descripción de sendas situaciones, ignoro si se deben a un fallo de traducción o son defecto del manuscrito, ya que no he podido hacerme con el libro en inglés, que era su idioma original.
En fin, no cabe decir mucho más de este libro. La curiosidad me impulsó a leerlo, primero porque fue una recomendación que oír por la radio, lo cual dice mucho de quién lo recomendó, y por otro lado por el parentesco que unía a la autora con un reputadísimo y muy admirado teólogo y sacerdote inglés católico, Ronald Knox.
Por cierto, Ronald Knox escribió este curioso decálogo para el novelista policiaco, una serie de normas que deben cumplir las novelas de misterio. Dichas normas, un total de 10, eran una versión resumida de 20 Leyes escritas anteriormente por Willard Huntington Wright (alias S.S. Van Dine):
1. El criminal debe ser alguien mencionado al principio de la historia, pero no debe ser nadie cuyos pensamientos el lector pudo seguir.
2. Todos los agentes sobrenaturales son descartados rutinariamente.
3. No está permitida la existencia de más de una habitación o pasaje oculto.
4. No pueden usarse venenos que no hayan sido descubiertos hasta la fecha, ni ningún aparato que necesitaría una larga explicación científica al final.
5. En la historia no debe figurar ningún "Chinaman" (Criminal loco que asesina sin ningún motivo, tiene su base en la novela del mismo nombre escrita por Stephen Leather)
6. Ningún accidente puede ayudar al detective, ni él puede tener una inexplicable intuición que resulte ser correcta.
7. El detective no puede cometer el crimen.
8. El detective no puede presentar pruebas que no se produzcan para la inspección del lector.
9. El amigo "estúpido" del detective, el Watson, no puede ocultar los pensamientos que pasan por su mente; su inteligencia debe ser un poco, pero muy poco, ligeramente por debajo del lector medio.
10. Los hermanos gemelos, y los dobles en general, no pueden aparecer a menos que hayamos sido preparados para ello.
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