Estos días ando mucho por Facebook, tengo una cuenta y de vez en cuando "chateo" con amigos que he ido haciendo a través de un programa de radio y con los que tengo ciertas afinidades. Una de las cosas que más me sorprenden son las faltas de ortografía. A veces, a mi me pasa, es cuestión de ir deprisa y pulsar la tecla que no se debe, pero otras veces, vista su reiteración, son claramente faltas de conocimiento.
A mi me causa cierta pena el hecho de que personas más o menos informadas, con una formación que muy probablemente llega hasta el Bachillerato, no sean capaces de escribir sin faltas un texto de apenas tres o cuatro líneas.
La pena se torna, no obstante, en sonrisilla maliciosa cuando veo que confunden el significado de anglicismos porque, como se suele decir, han oído campanas pero no saben donde. Hoy he visto como se confundía geek con gadget. La gracia está en que el primero se refiere a una persona y el segundo a un objeto. El geek es una persona que gusta de utilizar todos los adelantos tecnológicos (gadgets) hasta casi la obsesión, y que además los suele entender y manejar, es decir, un friki (freak-anglicismo españolizado) de la tecnología. Son términos que se oyen y leen muy a menudo en la prensa, en la radio, la televisión y que, en esta era tan "tecnofílica", permítaseme acuñar el palabro, en la que los niños de 8 años ya tienen movil, que incluye cámara de fotos, reproductor de mp3 y radio fm, saben manejar el ordenador y tienen cuenta en twitter o tuenti.
El problema es que de tanto manejar aparatitos y oír hablar de ellos creemos saber más de lo que en realidad sabemos, o que, por no parecer tontos o ignorantes, porque ser fashion es estar a la última y estar al tanto del trending topic del día es conocer el último cotilleo del famoso de turno, hablamos sin saber de lo que hablamos y utilizamos términos de los cuales ignoramos su significado o lo confundimos con el de un término razonablemente parecido.
Dicen que el lenguaje está vivo cuando evoluciona e incorpora constantemente nuevos términos, ya sean creados ya sean adaptados de otro idioma, pero me temo que la adopción de tantos vocablos de origen anglosajón acabe por difuminar la personalidad de nuestra rica, riquísiiiima lengua española, a la que más amo cuantas más lenguas extranjeras aprendo.
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