A medida que voy adquiriendo experiencia de la vida me voy fiando más de mi intuición. Puede parecer un contrasentido, ya que con los años se supone que uno es más sabio, tiene más conocimientos y, por lo tanto, no necesitaría tanto de la intuición, pero es esa misma experiencia la que me ha enseñado a no desdeñar la intuición.
Mi intuición es especialmente fuerte cuando se refiere a las personas que voy conociendo, sobre todo para mal. Son varías ya las ocasiones en que he dejado de tener en cuenta una primera impresión desfavorable que se ha visto a la larga desafortunadamente confirmada por los hechos y las acciones. Esa misma intuición también me dice cosas buenas, que suelo poner aún más en cuarentena porque, cuando se refieren a mi temo dejarme llevar por mis propios sentimientos hacia esa persona y que ello me haga exagerar esa percepción. Otras veces esas intuiciones son más intangibles, no tienen, aparentemente, una base más allá de lo que puede entender como una mera interpretación de signos que solo yo soy capaz de ver.
La intuición es algo extraño, porque no acude cuando la llamas, solo cuando le apetece. Será porque no siempre tiene algo que decir y, entonces, prefiere permanecer retirada, hasta el momento en que tenga algo que ofrecer.
¿En qué se basa la intuición? ¿Qué es la intuición? ¿Un tercer ojo, acaso, como dicen en algunas culturas? ¿o es un simple análisis más detallado e inconsciente de todo aquello que nuestros ojos detectan pero nuestro cerebro consciente no ve?
Mi ser racional se inclina por lo segundo, aunque no sea capaz de explicarlo, pero tampoco se pueden dejar de lado los sentimientos, la química que nos acerca y aleja de las personas, la que no hace amarlas y la que nos hace sentir animadversión por ellas.
Yo solo sé que a veces tengo una intuición, o quizá sea mejor llamarlo presentimiento, y que cuando la primera impresión es mala se suele confirmar en el 90 % de los casos...y eso no se puede despreciar.
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