miércoles, 6 de enero de 2010

La promesa del envoltorio

Hoy ha sido el día de Reyes y como no hablar de ello. Bueno de ello, exactamente no. Mi reflexión va sobre el envoltorio de los paquetes y la promesa que supone o no. Hay paquetes que están minuciosamente envueltos, primorosos, impecables. Los hay llamativos, atrayentes. Otros son vulgares, insulsos. Los hay sencillos y los hay adornados hasta el extremo.
Todos tienen en común el hecho de que ninguno ha de corresponderse con su interior. La promesa de lo que pueden contener puede quedarse en eso, en una promesa o pueden llegar a realizarse en una sorpresa deliciosa e inesperada.
Entre ayer y hoy he envuelto muchos paquetes. A mí me gusta que, en la medida de mi habilidad, estén bonitos, bien presentados, con detalle pero sin excesos. También he comprado cosas que han sido envueltas en la tienda. Es muy interesante observar como te envuelven los paquetes, como unos lo hacen con sumo cuidado y como otros lo hacen de manera rutinaria. Como unos añaden todos los detalles y otros solo hacen lo imprescindible.
Tenemos el envoltorio estándar de El Corte Inglés. Es fascinante ver como hasta el paquete más extraño que uno se pueda imaginar se envuelve por esas manos expertas hábilmente entrenadas y siempre de la misma manera, colocando el papel en ángulo y con todos los dobleces en su sitio.
Tengo que destacar que el paquete más bonito que me han envuelto fue obra de un hombre. El paquete estaba tan bonito que casi valía más que el contenido y daba pena abrirlo. Y es que los hombres cuando se ponen pueden ser muy detallistas, el problema es no siempre se ponen.

1 comentario:

  1. Así es, y lo más curioso es que en muchas ocasiones lo único que te queda no es el regalo, son las flores que adornan el paquete, o las campanitas que ponen en Navidad.

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