lunes, 11 de julio de 2011

¿Quién soy yo? II: La webcam

(Inciso: Hoy me he permitido una licencia al utilizar un anglicismo en el título por cuestiones de espacio, pero quiero dejar constancia que es una práctica que me disgusta)
Mi ordenador, que es un portátil, tiene una cámara instalada de serie. Es un aparatito muy bien disimulado situado encima de la pantalla del ordenador. Tiene, además una diminuta lucecita que se ve una vez que está activada. Se supone que su propósito es el uso en videoconferencia con Skype y similares, pero yo no la he utilizado nunca para eso. De hecho no la he utilizado nunca porque la imagen que me devuelve en las pocas pruebas que he hecho es ¡HORROROSA!
Si una de por si está más bien poco satisfecha de la imagen que le devuelve el espejo por la mañana, la imagen que devuelve la dichosa cámara es para agarrar una depresión de caballo. El ángulo es malo, la luz, aún peor, y el resultado patético. Sinceramente me pregunto si hay alguien que pueda aparecer medianamente pasable con esa cámara, porque yo no. Si tuviera algún rasgo potable desde luego se pierde en la desgraciada imagen que aparece en la pantalla que saca a relucir todos los posibles defectos de mis facciones, recalcándolos de manera grotesca. No he visto nunca una cosa igual, con tan mala idea.
Estos aparatitos debería venir con un filtro de fabrica que nos devolviera una imagen mejorada de nosotros mismos y ello nos impulsaría a utilizarlas, pero mientras todo lo que vea sea ese espantajo en que me convierte, me niego a que cualquier otro ser humano comparta esa visión que no se ajusta para nada a la imagen que yo tengo de mi misma. ¡Faltaría más!

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