sábado, 7 de enero de 2012

El día después...

7 de enero. Ya pasaron las reuniones, las comilonas; hemos abierto los regalos de Reyes y nos vamos mentalizando para volver a la rutina.
No puedo decir que estas Navidades hayan sido especialmente alegres ya que mi madre no está en su mejor momento, la edad y ciertos achaques están minando su moral nunca demasiado alta. Para mi es difícil encontrar el punto justo de exigencia o permisividad, ya que en cierto modo se está volviendo como un niño, solo que es tu madre y no la puedes educar como lo harías con tus hijos. Sus razonamientos son, cada vez más a menudo, discutibles; su memoria comienza a fallar con inusitada frecuencia, lo que hace que tampoco me pueda fiar mucho de ella, de lo que hace o deja de hacer, además de que por un estúpido orgullo, o más probablemente, soberbia, se niega a reconocer errores o simplemente se esconde para hacer lo que sabe que no debería hacer creyendo que nadie se da cuenta, tal y como hacen los niños que ya tienen conciencia pero no conocen o ignoran las consecuencias de sus actos.
Reconozco que nunca he sido una persona muy paciente, y que ella está poniendo a prueba mi paciencia mucho más que mis propios hijos.
Por otro lado, ella necesita sentirse útil para que su depresión no suba de categoría, pero con sus mermadas capacidades de memoria y atención, es más difícil asignarle una tarea que pueda ser capaz de llevar a cabo sin contratiempos, y lo último que quiere ser es una  persona dependiente de los demás.
Por delante tenemos un montón de citas para pruebas médicas y visitas para ver los resultados de las mismas, con la deprimente perspectiva de que no albergamos muchas esperanzas de encontrar una solución duradera para sus problemas, y siendo ella como es poco amiga de ir al médico. He de decir que las visitas que he hecho con ella hasta ahora han sido muy decepcionantes por cuanto la mayoría de los médicos que la han visto han actuado de manera prepotente, sin escuchar, limitándose a su propia limitada valoración y con cortedad de miras a la hora de intentar buscar la causa de sus problemas. A esto hay que añadir que el trato del personal de las consultas puede ser francamente mejorable, pues dan por supuesto que los pacientes conocen perfectamente el funcionamiento de sus consultas y no dan las explicaciones necesarias, y cuando éstas son requeridas se ofrecen con cortante sequedad y, a veces, con malos modos.
No, ciertamente, no hemos empezado el año con una perspectiva optimista, parece, por contra, que este va a ser un año difícil, y no solo por la crisis y el sangrado a que nos va a someter el gobierno, sino porque además nos faltará salud y tranquilidad para afrontarlo.
Qué Dios nos ayude...

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